Familia y escuela Capítulo 332: Micro espacios educativos físicos y virtuales

Tal parece que no nos hemos dado cuenta, pero el lugar y las dinámicas en donde se llevan a cabo todos los procesos educativos, bien sea físicos o virtuales, influyen decisivamente en la generación de un ambiente propicio para el desarrollo óptimo de todas las experiencias de enseñanza y aprendizaje.

De manera física y presencial, en todos estos espacios y las formas en que se desarrollan las actividades y experiencias educativas tienen un impacto directo en la manera en que los aprendizajes permanecen en la memoria de muchos hijos y estudiantes.

De igual manera, todas las experiencias que no necesariamente fueron parte de un plan educativo preestablecido, pero que se suscitaron en un hogar o en un aula de clases quedan grabadas como lecciones imborrables que, de manera positiva o no, agradables o desagradables, inevitablemente dejaron enseñanzas que marcaron nuestro trayecto educativo.

Por más que haya similitudes entre esos espacios físicos, todos ellos son diferentes en colores, texturas, enceres y mobiliario acomodado en cierto orden particular, los cuales hacen de ellos espacios únicos.

El ambiente que en esos lugares literalmente se llega a respirar, llegando a sentir distintos aromas y sensaciones, penetra los sentidos de quienes algún día o cotidianamente los ocupaban, observando todo lo que estaba alrededor desde la habitación o lugar preferido en una casa o desde el banco o silla en donde en aquella aula diariamente se estaba ubicado.

Todas las acciones que ocurrían y que forman parte de una dinámica real y “en vivo” con la interacción de todos los integrantes de esos grupos familiares y escolares, se constituyeron en verdaderas lecciones de vida, que al igual que todos los conocimientos adquiridos, complementaron nuestra formación, como partes de un rompecabezas que, al unir pieza por pieza, conforman nuestra forma de ser y actuar como personas.

Es cuestión de recordar y “hacer memoria” trayendo a nuestro presente todos los diálogos y las escenas de las que fuimos protagonistas rodeados de las cosas y objetos que se encontraban en hogares y salones de clase; cómo estaban distribuidos en los espacios en donde recibimos educación y formación, rememorar todas sus particularidades para recrear el espacio que sirvió de marco para tantos aprendizajes.

Todavía más importante, volver a aprender de todas las acciones, conductas, situaciones problemáticas y agradables, formas de relacionarnos, amistades y personas non gratas, maneras en que se resolvieron conflictos y rutas de proyectos que alcanzaron el éxito.

Reaprender de los comportamientos, miradas, diálogos y comentarios de quienes nos acompañaban y compartían el espacio con nosotros: familia, compañeros, amigos y hasta el recordar uno a uno los maestros y maestras que, lo mismo que nuestros padres, influyeron en la conformación de nuestra personalidad y que ahora al pasar el tiempo los volvemos a invocar para reaprender de todos ellos.

La educación, llevada a cabo en micro espacios físicos resulta verdaderamente importante, sin embargo, la modernidad y ahora los adelantos científicos, específicamente la comunicación, la virtualidad y todos los espacios alternos que la cibernética ha logrado generar y poner a disposición de todos los habitantes, ha colocado a éstos en una postura de aprendizaje constante y a ritmos vertiginosos, todo ello en micro espacios virtuales.

El mundo entero y todo lo que podemos conocer y aprender de él lo tenemos literalmente al alcance de nuestras manos; esta vez desde una pequeña ventana utilizando un micro aparato que interconecta con el resto de la humanidad: pasear por los pasillos del museo de Louvre, visualizar “en vivo” las distintas ciudades y lugares importantes del mundo mediante las cámaras que ofrecen dichas imágenes; ubicar y conocer al minuto de las tragedias causadas por un terremoto, ataque armado entre países o los resultados de una elección de estado al otro lado del mundo.

Es de tal magnitud el impacto social y cultural que este micro espacio virtual ha causado que, literalmente mantiene esclavizados a todos aquellos que son sus usuarios, al mantenerlos totalmente encorvados, rindiendo día y noche pleitesía, como reverencia obligada hacia esa pequeña pantalla, de forma tal que los espacios físicos, incluidos hogares y escuelas, se han visto rebasados en su misión educativa.

Estos grupos de esclavos los vemos pasar como “zombis” deambulando encorvados por las calles como sujetos que sin temor a ser atropellados pasan de un lugar a otro sin siquiera voltear a ver si vienen carros, otros zombis más o hasta chocar contra un poste. 

El poder de esa virtualidad ha dejado tirados en el camino a padres de familia y a profesores, al ser suplantados de sus funciones, puesto que todo lo ofrecido por un proceso educativo físico al enseñar y aprender cara a cara cabe ya en ese aparato celular; es más, ellos mismos han sido atrapados por ese micro espacio virtual y ahora vemos a docentes y familiares rindiendo la misma pleitesía.

Es un hecho, los micro espacios físicos están siendo olvidados y casi declarados como obsoletos por la irrupción de su versión virtual y, como intentos desesperados o de adaptación a éstos, se generaron ya formatos didácticos virtuales sincrónicos o autogestivos, para enseñar y aprender a distancia.

En otros casos y ante el uso indiscriminado y hasta en ocasiones morboso o de entretenimiento de estos espacios virtuales en hogares, existen ya familias que al momento de compartir los alimentos prohíben su uso y hasta llegan a colocar un recipiente para depositarlos y compartir así los alimentos. 

En los casos escolares, al aparecer para el uso no didáctico del micro espacio en aparatos celulares dentro de las aulas, existe la preocupación por la falta de atención y distracción de los alumnos hacia sus maestros y ya están en proceso algunas leyes y normas que los están prohibiendo totalmente, como si el aprendizaje solo se llevara a cabo en las escuelas.

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