Familia y escuela Capítulo 333: Uso del teléfono celular en aulas de clase

No cabe duda de que cuando una ola de mar va paulatinamente creciendo y, a pesar de ser observada con anterioridad no hubo la prevención necesaria, para cuando ésta llega a la costa convertida en un verdadero tsunami, no sería prudente colocar apresuradamente una barrera para contenerla, porque con la fuerza que llega arrasaría con todo a su paso o encontraría otros canales para seguir su curso.

Toda proporción guardada y como un ejemplo paralelo, esto está sucediendo precisamente con el uso de aparatos electrónicos y cibernéticos, aquellos a los que les hemos dado todos los beneficios y características de ser nombrados como “inteligentes”, particularmente los teléfonos celulares.

Esta gran “oleada digital” se venía advirtiendo desde principios de siglo, cuando de manera vertiginosa e inesperada fue tomando lenta e irremediablemente el control de la comunicación, difusión y transmisión de datos, mediante el crecimiento, mejora y avances tecnológicos cada vez más sofisticados, hasta llegar a ser hoy en día un aparato indispensable para todos los procesos que individual y socialmente se llevan a cabo.

Se ha transformado en algo tan importante que tiene usos de oficina, trabajo, conexión con los miembros de un grupo, lugar de recreación, reforzamiento de la autoestima al obtener “likes” con la foto de portada o para indicar a todo el público que te encuentras en algún lugar importante o preferido y con ellos ser reconocido, porque de otra manera se pasaría simplemente inadvertido por siempre.

Esta oleada digital se convirtió en tsunami precisamente con la irrupción a escala mundial del COVID 19, con el SARS Cov 2; a partir de ese momento, con la reclusión que se hizo obligatoria, confinando a estar cautivos en los hogares de todas las personas, tuvo un repunte inimaginable el uso de aparatos electrónicos y el consumo de datos que proporcionaran el internet necesario para, no solo navegar por todos los canales y rutas infinitas que el ciberespacio proporciona, sino para estar comunicado con el mundo exterior: amigos, familiares, parejas y con todo lo que se quedó necesariamente aislado.

Después de que pasó la emergencia y que paulatinamente se fueron reestableciendo los espacios sociales físicos, ya para entonces el tamaño del oleaje cibernético y la presencia de aparatos celulares en la mayoría de las personas de todas las edades, conformó un verdadero tsunami tan imponente que resulta materialmente imposible de detener.

Para el 2025, el uso del celular, como este fenómeno digital de proporciones mayúsculas presentó las siguientes características: Se consolidó como el principal punto de acceso a la red, utilizado por el 97.3% de las personas usuarias de internet; un récord de 161.6 millones de líneas celulares activas; el 80.2% de los mexicanos cuenta con un teléfono celular para uso personal, se contabilizaron 21.1 millones de niñas, niños y adolescentes (de 6 a 17 años) que usan un smartphone de manera habitual, lo que representa a 4 de cada 5 menores en ese rango de edad; en cuanto al uso que se le destina tenemos que: para enviar y recibir mensajes (94.7%), redes sociales (91.1%), tomar fotos (85%), escuchar música (65.4%), jugar (45.2%) (IA).

Es un hecho, casi de manera inadvertida estamos ante la presencia de un verdadero fenómeno que ha venido a ocupar la plana principal dada su magnitud, importancia para el desarrollo de la vida social y la ocupación relevante en actividades comerciales, administrativas, laborales y todas las funciones que se desarrollan personales y su vínculo con la comunidad; a grado tal es su avance que prácticamente sería imposible imaginar un proceso social sin su uso.

Sin embargo, ante la irrupción de este aparato en las actividades cotidianas y, de manera particular en los procesos de enseñanza y aprendizaje en hogares y escuelas, se ha optado por colocar una barrera que logre detener esta oleada gigantesca, con el argumento que obstaculiza el desarrollo psicomotriz fino, la observación hacia fenómenos vitales del contexto, al centrar todo el tiempo la vista sobre una pequeña ventana de cristal que, al mismo tiempo, obliga a modificar la postura corporal al estar encorvado por lapsos prolongados y, de manera muy importante, el modificar el comportamiento conductual al acceder a información que, no siempre es positiva y en muchos casos es falsa o motivando a realizar actos fuera de toda lógica proactiva.

En los salones de clase, aparte de algunas razones anteriormente anotadas, el argumento para negar el ingreso de celulares a estos espacios, tiene que ver con la distracción que provoca su uso en el transcurso de las sesiones, provocando que al estar usándolos para actividades que no tiene  que ver con los contenidos que se están revisando, sino para otras actividades de “chateo” con otros compañeros, revisión e interacción de redes sociales y otras actividades, no se adquiere el aprendizaje planeado.

Ya en algunos países se han impuesto normas y leyes que han prohibido el uso e interacción en redes sociales a menores de 18 años; en otros, se ha evitado el uso del celular en escuelas, por la distracción provocada y por regresar a la escritura y lectura tradicional, prescindiendo de teclados y pantallas digitales, regresando a libros impresos y al uso del lápiz para expresar ideas escritas.

No obstante, el “tsunami digital” sigue ahí; con la fuerza que ha adquirido en el transcurso de los años.

Existe la postura del uso efectivo del celular como apoyo didáctico en el transcurso de las clases, utilizado para distribuir materiales y documentos, imágenes y lecturas, ligas de consulta e ingreso a plataformas para el desarrollo de actividades que se necesitan, evaluaciones y creación de productos audiovisuales educativos como historias, reels, entrevistas y más.

Como quiera que sea, el “tsunami virtual” con la ola gigantesca representada por el uso de celulares, prohibidos o no, es tan fuerte y poderosa que un simple muro legal o normativo será insuficiente para detenerla, porque todos los consumidores y propietarios de telefonía celular encontrarán la manera de hacerlo, recién salgan de una escuela o escondidos en algún rincón del hogar, incluidos padres y maestros.

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