Familia y escuela Capítulo 338: Educación circular y espiral

Todos los procesos sociales, como el educativo, tienen distintas alternativas y rumbos por los cuales encaminan sus acciones; de manera casi natural se tiene un inicio, un desarrollo y una culminación y al término, de manera totalmente circular, vuelta a empezar desde el mismo lugar en donde siempre se ha iniciado, sin la posibilidad de que exista “algo nuevo bajo el sol”.

Desde luego que, después de varios comienzos y finales, todos ellos se han sucedido de la misma manera, condiciones, circunstancias, contenidos, experiencias de aprendizaje y siempre con los mismos puntos de coincidencia, incluido la llegada de todo el conglomerado al mismo punto de partida, en los tiempos y las formas establecidas, hasta que llega un momento en que, producto de todas esas vueltas se obtienen los resultados esperados:

En las familias, la repetición en tiempo, forma y condiciones, de los mismos patrones de conducta; actividades repetitivas y efectuadas siempre de la misma manera que, desde luego, sirven para implementar costumbres y acciones que de manera circular se llevan a cabo y que dentro de cada grupo son indispensables para mantener un equilibrio y orden entre sus miembros.

De esta manera, la formación y educación circular que en muchos hogares se desarrolla, implanta lo que para cada familia es necesario conocer, aplicar conductualmente y las formas en que se piensa, se resuelven situaciones, seguimiento de reglas, aplicación de castigos y sanciones, límites permitidos; hasta la religión y profesión, oficio y empleo que se pueda efectuar; al llevarse a cabo de esta manera, se cierra un ciclo que se repetirá en las subsiguientes generaciones.

Desde luego que el educar de esta manera no es necesariamente negativo o nocivo; pero llega el momento en que estas formas se vuelven tan cotidianas y tan fáciles de predecir que se produce un acomodamiento y para algunos representa una seguridad y cobijo al permanecer en el hogar, pero para otros ya los advierten tediosos, asimilados y superados, por lo que buscan nuevos horizontes y los encuentran en las distintas redes sociales o fuera del hogar, lejos de todas las reglas y normas impuestas.

Para el caso escolar, educar circularmente, tal parece que se ha vuelto “pan de todos los días” al repetir incesantemente las mismas rutinas, acciones y prácticas; además de tener muy en claro que el alumno no es el centro de este proceso, sino los contenidos de un plan de estudios, los cuales están planteados en tiempo y forma, bajo supervisión de personal que verifica que éstos se lleven a cabo de acuerdo con lo previsto; en tanto que el grupo se debe adaptar a ello y los docentes, con tecnología o sin ella, también.

Se busca cerrar el círculo perfecto: ellos llegan se sientan, escuchan y registran lo que el docente tiene que decirles, proyectarles o seguir las instrucciones para llevar a cabo alguna actividad; es bien sabido que para cerrarlo adecuada y exitosamente se debe obtener una calificación que enuncie si se aprueba o no, lo que determina si se continúa en el proceso educativo o se abandona.

Por su parte, los docentes, presionados por terminar de transferir todos los conocimientos que están contenidos en el programa de estudios del grado que se les encomendó en los plazos establecidos, se les hace sentir que su única labor es llevar a efecto dicha transferencia de la manera profesional y técnica para lo que fueron formados, colaborando perfectamente con su misión al terminar cerrando el círculo a lo largo del ciclo escolar, llegando hasta el final y vuelta a empezar, ahora con otro grupo de alumnos.

En otro extremo, educar en espiral implica ir más allá que simplemente cerrar un círculo o un ciclo formativo en familias y escuelas, consiste en llegar al final hasta el punto de partida inicial, pero ahora en un nivel superior, es decir, completar esa vuelta, pero al hacerlo, estar encima del punto original de partida, para volver a iniciar y en forma de resorte o bucle terminar siempre un nivel más arriba.

Desde luego que una educación con este formato implica el no repetir incesantemente las mismas acciones y formatos durante todos los trayectos formativos, el no volver una figura decorativa a los alumnos o un simple grupo de receptores de conocimientos y convertirlos en “parte del juego”, incluso motivarlos a adquirir el conocimiento por cuenta propia e impulsarlos a crear sus propios proyectos; sorprenderlos con retos y dinámicas que los modifiquen de su postura relajada y fija en una banca hacia la movilidad física y mental que les otorgue el lugar de seres pensantes y creativos, descubriendo sus potencialidades y habilidades.

Esta forma espiral convierte al docente en promotor y gestor de los diversos aprendizajes y de las múltiples maneras de llegar a adquirirlos; generador de nuevas formas de enseñar y de mantener siempre motivados a sus pupilos, provocando en ellos el que clase con clase se pregunten: ¿ahora qué sorpresa nos va a presentar? ¿Ahora qué reto nos va a proponer? Y así estar siempre alertas.

En lo que respecta a los padres de familia, la formación espiral con sus hijos comienza por entender y actuar, no con un grupo de autómatas que se encuentran solamente a disposición de las órdenes que se encomienden, más bien, es entender al hogar como un lugar de aprendizajes constantes y que, cada acción, cada palabra, cada alimento o consumo de alguna sustancia, así como cada solución que se da a las diversas situaciones que de manera normal suceden en su interior, cada encomienda o labor que se pide sea ejecutada y en general todo lo que necesariamente ocurra en una vivienda, se les otorgue una parte activa y, sobre todo, argumentada y justificada.

El mantener una educación espiral tendría como principal referente el no solo aumentar conocimientos, representados en un crecimiento y dominio de contenidos, técnicas y habilidades; más bien tiene que ver con un desarrollo integral de la persona, con elementos tan intrínsecos como la autoestima, la seguridad en sí mismo y la práctica de valores; representando una verdadera educación para la vida y, definitivamente, cada que culmine un ciclo, estar en una etapa superior en cada vuelta de esa espiral.

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