La sociedad mexicana, hasta mediados y todavía finales del siglo XX; tenía claramente establecido un patrón en donde los roles que se asignaban tradicionalmente a las mujeres, consistían en hacerse cargo exclusivamente de las labores del hogar y de la crianza de los hijos; y por su parte, los hombres eran los proveedores económicos de toda la familia.
Recordemos que todavía hasta antes de 1970, México se encontraba en una estabilidad económica, llamada por algunos teóricos como: “El milagro mexicano”; sin embargo, a partir de ese momento y teniendo como eventos de ruptura social, los ocurridos en 1968 y 1971,entre otros, se comienza un declive, caracterizado por periodos de crisis a finales de sexenio, endeudamientos y la pérdida del valor de nuestra moneda en comparación con el Dólar Estadounidense, intensos periodos inflacionarios, fuga de divisas y una larga lista de evidencias de la desestabilización que enfrentaba nuestra sociedad.
Era inevitable, ante la cada vez más complicada situación económica familiar, se necesitaba romper con el molde establecido tradicionalmente hacia el proveedor de cada hogar, era necesario contar con otra figura que aportara y sumara esfuerzos para sufragar las diversas necesidades que no se podían postergar.
Es de esta forma que la figura enorme e importante de la mujer hace su aparición en este panorama, hasta ese entonces asignado solo a los hombres; pero, además, era un paso que ellas ya lo venían ejerciendo, planeando y hasta deseando, sobre todo ante la posibilidad de ejercer plenamente la profesión para las que fueron formadas y la necesidad de hacerse valer como personas que se pueden desarrollar con las mismas capacidades y habilidades de los hombres, con la convicción que pueden ocupar y desempeñarse en puestos directivos y de otros niveles, como ha ocurrido hasta estos tiempos.
Por supuesto que el sector femenil que decide quedarse en labores hogareñas y que se sienten cómodas y en total sincronía con el ambiente de tranquilidad y seguridad que refleja su casa, están en todo su derecho de ejercerlo; pero estoy seguro que aún ellas, llegado el momento y la necesidad de generar recursos, lo hacen perfectamente desde su trinchera.
Algunos datos que corroboran el empuje que ambos sexos aportan para el sostenimiento familiar, los brinda la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, manifestando que, para el primer trimestre del 2020, la Población Económicamente Activa era de 34.6 millones de hombres y 22.6 millones de mujeres, teniendo ocupación el 60.5 % de los primeros y el 39.5 % de ellas.
Queda entonces, establecida la forma general en que las mujeres irrumpen y aportan a la economía del país, pero de manera más importante a su micro contexto, a sus familias.
Lejos se estaba de advertir, que estas acciones iban a impulsar el surgimiento de un tipo de familia, conocido como: Multiparental
Ante la necesidad de obtener y aportar recursos para atender las diversas necesidades que la vida cotidiana exige, tanto papá, como mamá, participan laboralmente y se ven forzados a dejar a sus hijos en manos de otras personas.
Estas familias tienen como característica principal el que diversos personajes toman el papel de padres de familia, sin serlo biológicamente; es decir, colaboran con el acompañamiento y crianza de los hijos, en apoyo a los papás reales.
“…la rutina es la siguiente: mis padres llegan a la casa muy temprano porque tenemos que salir a los trabajos, ellos comienzan a hacerse cargo de los niños, los levantan, los visten, les dan de almorzar y los llevan a la escuela; a la salida los recoge mi hermano, el tío de los niños, quien se los lleva a su casa y ahí comen; más tarde paso por ellos y los llevo con sus abuelos, en donde hacen sus tareas, en lo que regreso al trabajo; al salir, mi esposa pasa a casa de los abuelos y se lleva finalmente a los niños a la casa, para que se bañen y se aseen… a veces, todavía los encuentro despiertos”
Los roles que con los niños cumplen todas las personas que apoyan a esta familia, son los que, en condiciones “normales” deberían desarrollar sus padres; es por ello, que se desarrolla esa multi parentalidad; Por su parte, los pequeños reciben en cada espacio, diferentes enseñanzas y costumbres, formas de comportamiento y habilidades, entre otras muchas cosas.
“…nosotros lo hacemos para darles las mejores condiciones de vida a nuestros hijos” “…yo como mamá que trabajo y tengo que dejar en la guardería a mi hijo, siempre procuro darle tiempo de calidad” “…es de gran ayuda mi mamá, quien cuida a mis hijos en lo que estoy en el trabajo, no sé qué haría sin su apoyo” “…mis niños saben perfectamente que todo este movimiento es por ellos y se adaptan sin problema”
En la dinámica de roles parentales que se presentan en este tipo de familias, entran desde parientes directos: abuelos, tíos, hermanos mayores y otros; pasando por trabajadores de guarderías y estancias infantiles, incluso hasta vecinos; en otros casos, en donde la economía es de mayor nivel, estas funciones las cumplen los choferes, personal de seguridad asignado al cuidado de la familia, “nanas” y hasta el personal del servicio doméstico.
Los maestros no están exentos de cumplir, en determinadas circunstancias, estas funciones, sobre todo cuando tienen que esperar a que los familiares o encargados de recoger de la escuela a sus niños lo hagan, aunque en ocasiones demoren en exceso; o cuando coincide la vivienda del docente con la zona en donde está la escuela en donde labora; en este último caso, es la confianza que se genera al tener a padres de familia de sus alumnos, como vecinos.
Desde un punto de vista integral educativo y rescatando elementos propositivos, podemos observar que los niños de estas familias, muestran un alto grado de adaptación a las circunstancias en las que les toca interactuar, como enseñanza de y para la vida.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx