Dentro de los aspectos de enseñanza integral que familias y escuelas desarrollan, uno de los más complicados de mostrar y asimilar en la práctica, sin duda es el concerniente a los límites.
El hablar de “límite”, se hace con referencia a una división, bien sea real o imaginaria entre dos o más partes, territorios o aspectos, los cuales están separados por una frontera.
Es el caso entre la separación de un país, ciudad o municipio de otros; una ciencia o disciplina académica de otra; formas de actuar de alguna familia comparada con otras; conductas consideradas adecuadas contra otras que no lo son y muchos ejemplos más.
Como se puede apreciar, estamos ubicando una referencia con la cual establecemos una separación, que no por fuerza es siempre entre positivo y negativo o entre lo posible y lo imposible; es simplemente hacer patente hasta dónde se extiende alguna parte para dar cabida a la otra.
Sin embargo, de manera generalizada, el hablar de un “límite” se ha entendido tradicionalmente como un obstáculo, un problema, una negativa o prohibición; como un elemento que marca un lindero que no es posible sobrepasar.
Es en este momento en que el límite pasa de ser solo un referente a una acción; es decir, cuando una persona al momento de ubicarlo lo transforma en una limitación para su desarrollo, que actúa como una restricción, que de forma incapacitante no permite su avance.
Taxista, 29 años: “…yo hubiera sido muy buen ingeniero, siempre me gustaron las matemáticas y me gustaba mucho esa carrera, pero la verdad, en mi familia no habían los recursos económicos y desde muy chico, apenas aprendí a manejar, me metí a ruletear…”
Es verdaderamente importante el formar a alumnos e hijos hacia la detección de los diversos límites que nos rodean, porque únicamente al reconocerlos podemos darnos cuenta si de manera pertinente nos conviene respetarlos o rebasarlos.
Esta parte de un proceso educativo para la vida es fundamental, al mismo tiempo que es difícil de establecer dado que, por un lado, se debe considerar la pertinencia de enseñar a reconocer qué límites debo de ubicar para regularme y mantenerme distante.
Alumno de universidad, 23 años: “…a tiempo me di cuenta que seguir con esos amigos, era tomar cerveza casi todos los días …varios de ellos, ya dejaron la escuela”
Por otro lado, precisamente el reconocer los límites nos brinda la posibilidad de proyectarnos, avanzando más allá de lo que esas fronteras establecen; tener como referencia las circunstancias sociales y culturales que están determinando a muchas personas, para que sea nuestra plataforma de lanzamiento e ir a reconocer otros límites, cada vez más lejanos.
Diseñador gráfico con discapacidad motriz, 27 años: “… ese día que llegué en mi silla de ruedas a la entrevista de trabajo, me di cuenta que para llegar a esa oficina, había que subir unas escaleras metálicas, cuando hice el intento por subirlas, el dueño me miró desde arriba y su primer gesto fue el mover la cabeza con señal de desaprobación …a la otra entrevista, ya no había escaleras, pero al momento de querer ingresar a la oficina, mi silla no cupo debido a lo reducido de la puerta de acceso …actualmente, dirigo mi propio taller de diseño y empleo a personas con y sin silla de ruedas”
Muchas personas tienen ya “implantado un chip en su mente”, en donde se establece a priori que un límite es automáticamente una limitación y, en consecuencia, una negativa y prohibición, cuando, como hemos visto, no necesariamente lo es.
La clave educativa para familias y maestros, está en conducirlos hacia un ejercicio constante de detección de sus propios límites, analizarlos y determinar de manera pertinente, si el detenerme es en mi beneficio o si lo establecido está para romperlo y rebasarlo.
El enseñar a detectar los límites en la vida, por supuesto que no es nada sencillo, dado que se conforma todo un proceso dialéctico, en donde la confrontación es una constante y siempre resulta más cómodo vivir en la “paz” y “tranquilidad” que ofrece el estar aceptando las limitaciones, sin el riesgo y la incertidumbre de ir más allá de lo establecido.
Enseñar a detectar los límites es brindar la oportunidad de la libertad, de ejercer ese libre albedrío que nos lleva a decidir si queremos, antes de intentarlo, transformarlos en limitaciones y seguir en el mismo lugar todo el tiempo o bien, transformar el límite en el motor impulsor de mi vida
Padre y madre de familia, maestro y maestra: ¿tienes ya detectados tus límites? ¿decidiste si los conviertes en limitaciones? o bien, ¿son tus referencias y marcas a romper?.
Solamente recuerda: nadie puede ofrecer y enseñar lo que verdaderamente no practica.
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