En la icónica escena al inicio de la película “Breakfast at Tiffany’s”, o “Desayuno con diamantes” en México, Hollie Golightly –Audrey Hepburn–, vestida de negro y con un collar de perlas y diamantes, se baja de un taxi a las cinco de la mañana en la Quinta Avenida en Nueva York, para desayunar un “croissant” y un vaso de café parada enfrente de un aparador de la joyería Tiffany. Hollie está obsesionada con la riqueza y los lujos simbolizados por Tiffany y sus diamantes, y en una escena de la película declara: “No quiero ser dueña de nada hasta que encuentre un lugar donde yo y las cosas encajemos. No estoy muy segura de dónde es ese lugar, pero sé cómo es. Es como Tiffany´s”. Para enseguida agregar: “Tiffany´s me vuelve loca”.
¿Qué es lo que hace tan valiosos a los diamantes? Los diamantes están hechos de carbono, que no es, ciertamente, un elemento químico caracterizado por un alto valor. El secreto de su valor está en la distribución los átomos de carbono en su interior, los cuales se coordinan entre ellos para formar una estructura regularmente espaciada en tres dimensiones, lo que le da al material una dureza extremadamente alta y lo hace transparente a la luz. Lograr que los átomos de carbono se ordenen por un proceso natural para formar un cristal no es sencillo y esto, en último término, es lo que les da un alto valor a los diamantes como piedra preciosa.
Por otro lado, el diamante no es el único ejemplo de cristal natural. Otros ejemplos son el cristal de roca, o cuarzo, y la calcita que son más comunes y generalmente de mayor tamaño que los diamantes. Los cristales, por lo demás, no son los materiales más abundantes en la naturaleza, y en ese sentido los materiales más comunes son los amorfos, cuyos átomos no guardan un ordenamiento regular.
Los cristales pueden hacer evidente su naturaleza cristalina por las caras planas que muestran frecuentemente y que son una evidencia de la disposición de sus átomos en el interior. Esto es particularmente notable en los cristales de cuarzo y de calcita y de otros muchos materiales cristalinos que ocurren de manera natural –por ejemplo, la sal común, particularmente la sal en grano. Así, los cristales naturales son materiales singulares que se distinguen claramente de los materiales amorfos que no muestran caras planas, y que podríamos suponer habrían fascinado a nuestros antecesores desde tiempos remotos.
Con relación a esto último, es interesante un artículo aparecido esta semana en la revista “Frontiers in Psychology”, publicado por un grupo de investigadores encabezado por Juan Manuel García-Ruiz, de “Donostia International Physics Center”, San Sebastián, España. En dicho artículo, García-Ruiz y colaboradores señalan que ya hace 780,000 años nuestros antecesores recolectaban cristales y escriben: “Los cristales son estructuras fascinantes de materia sólida o líquida donde los átomos, moléculas y/o iones se disponen, en promedio, en una red altamente ordenada. Está bien documentado que algunos de los primeros objetos recolectados por nuestros antepasados homininos, sin un propósito práctico evidente, fueron pequeños cristales de cuarzo y calcita. Estos cristales, de unos pocos centímetros, no tenían ninguna utilidad conocida como armas, herramientas u ornamentos. Sin embargo, los homínidos parecen haber apreciado estas piedras, recolectándolas y transportándolas desde el lugar de su descubrimiento hasta sus refugios”.
Dado que no hay ya manera de investigar directamente a los homininos que habrían recolectado estos cristales, García-Ruiz y colaboradores llevaron a cabo un estudio con chimpancés en cautiverio, nuestros parientes no humanos más cercanos, para averiguar su atracción por los materiales cristalinos. En un primer experimento, se colocaron en el hábitat de los chimpancés en sendos pedestales, un cristal de cuarzo de gran tamaño y transparencia, y una piedra amorfa de tamaño similar. En un segundo experimento, a los chimpancés se les presentaron pilas de alrededor de 20 objetos de diferentes formas, colores y texturas, que incluían al menos dos cristales de calcita y de cuarzo.
Encuentran García-Ruiz y colaboradores que los chimpancés se vieron atraídos más por los cristales que por las piedras amorfas, y al respecto concluyen: “Nuestros resultados sugieren que los chimpancés aculturados pueden identificar y distinguir los cristales de otros tipos de piedras. Descubrimos que la transparencia y la forma geométrica eran los dos factores que guiaban a los chimpancés. Estas propiedades son especialmente relevantes en los entornos naturales tanto de chimpancés como de homininos. Además, los cristales provocaron conductas exploratorias en los chimpancés, quienes realizaron acciones voluntarias e intencionales para investigar la transparencia cristalina y comparar la forma”.
Así, habría evidencia que hace un millón de años los cristales fascinaron a nuestros antecesores, tanto como los diamantes fascinaron a Hollie Golightly.