Sin duda Piero Calamandrei es uno de los juristas italianos más importantes del siglo XX y su influencia se percibe claramente en la doctrina del proceso civil de muchos países de Latinoamérica y Europa. Sin embargo, no solo el Derecho formaba parte de su actividad intelectual, también la política estaba entre sus intereses.
Llegó a mis manos el libro de Calamandrei “El fascismo como régimen de la mentira”, con una magnífica introducción de Jacobo López Barja de Quiroga, Magistrado del Tribunal Supremo español. Pocas obras nos ayudan tanto a entender a López y los suyos en el gobierno de México.
En la introducción a la obra, Barja de Quiroga dice que hablar de mentira y fascismo es difícil, dado que esta concepción política es de una extrema simpleza. Señala que lo importante no es que algo sea verdadero o falso, sino que lo importante es que se hable del hecho, pues los fascistas consideran que “…el hecho falso pero repetido llega a ser verdad”; lo importante es el beneficio que se puede extraer del hecho incierto.
Barja de Quiroga da tres notas esenciales del fascismo: el desmantelamiento del Estado de Derecho, el establecimiento de un partido único (el Estado mismo) y la concentración del poder en una sola persona, a quien se le rinde culto. Así fue con Mussolini, así fue con Adolfo Hitler.
Ya en el texto de Calamandrei, podemos leer que la moral es una creación del Estado, es voluntad del “Estado Ético”, por lo que moral y derecho se igualan, ya que el régimen plantea como derecho lo que es voluntad moral del Estado.
Sin duda uno de las capítulos de la obra de Calamandrei más interesante e ilustrativo es el que lleva por título “La ficción del consenso”, en el que cita a Étienne de La Boétie, jurista del siglo XVI, quien escribió un magnífico texto, “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, en el que plantea que la tiranía se afianza siempre en un interés activo de una pequeña minoría de ventajosos aprovechados y una gran mayoría de cobardes que prefieren la resignación. El temor es uno de los pilares que sostienen al fascismo.
Otro soporte de esta concepción del Estado es la propaganda, mediante la cual se da a conocer la “verdad desde el Poder”, que se aprovecha de la indefensión cultural de las mayorías para implantar ideas y concepciones tergiversadas de las cosas, solo para aprovechar en su beneficio estas ficciones que sortean la anemia crítica de sus seguidores, convencidos más por la falta de información veraz y las falsas esperanzas, que por la razón.
Al hablar de los discursos de Mussolini, dice el autor que lo que se buscaba era “…generar confiadas esperanzas, provocar ingenuos sentimientos, mantener la opinión pública, interior e internacional, dudosa de sus verdaderas intenciones y por lo tanto del juicio definitivo a propósito de su política y sobre todo perpetuar en el país el estado de agitada expectación mesiánica, especialmente accesible a las trampas de la propaganda…”.
Calamandrei también refiere la forma como, en la Italia fascista, no era necesario profundizar demasiado para… “…como en este sistema (donde el ejercicio de la función legislativa, que en los Estados libres es la más alta expresión de la soberanía, se convertía en accesorio trivial de otros cargos de tipo administrativo) representaba la completa y definitiva absorción de la función legislativa en el poder ejecutivo”. ¿Le suena conocido?
Podríamos abundar más, pero el espacio de esta columna sería insuficiente, sobre los fragmentos del libro de Piero Calamandrei que nos dan cuenta de actitudes y conductas del fascismo italiano que podemos, sin problema alguno, trasladar al momento actual de nuestro país, a nuestra cotidianidad.
Termino diciendo que hoy esta columna tiene dedicatoria: vaya mi solidaridad con la más reciente, que de seguro no la última, víctima de la censura de los transformistas de cuarta, la revista “Nexos”, quien con Héctor Aguilar Camín a la cabeza, ha dado y dará pelea en contra de la servidumbre intelectual y la ignorancia popular que tanto gusta a López y sus vasallos.
@jchessal