Fracturas y traiciones

Si bien, extraño con cierta frecuencia los viajes en ferrocarril, también me resulta nostálgico el recordar, cada que abordo un autobús a cualquier destino, cómo se detenían en algunos pueblos o ciudades en los que se podía, al tiempo que uno se ventilaba, consumir algún alimento o gollería locales. Hoy sin embargo agradecemos la rapidez y comodidades en los trayectos. Compensaciones entre el pasado y el presente.

El comentario no es gratuito, deriva de comentarios camineros esbozados el día de ayer durante un viaje a la Ciudad de México; mi interlocutor –el famoso Jesús Chito Espinosa Díaz de León– al igual que yo, sonreía al recordar. Ignoro si fue generosa condescendencia o necesidad de plática durante el viaje, lo cierto es que recordamos juntos; al poco, él volvió su atención al hoy inseparable celular, y yo –al tiempo que lo miraba con desprecio y prometiendo reciprocar el cortón– me concentraba en un libro.

Nada como un libro para matizar el tedio producido durante un viaje; no pensemos en alguno bueno, porque queda claro que la selección meticulosa parte de los gustos e intereses acordes al lector. Los libros son buenos cuando son buenos, sentencia una frase; por tanto, todo libro elegido por nosotros y para nosotros, lo será.

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El presidente colgó el teléfono y se volvió a mí: –El ministro de Guerra me informa que Escobar, jefe del Regimiento de Ametralladoras, enviado este medio día a combatir a los rebeldes, se pasó con armas y bagajes al enemigo.

El presidente hablaba con voz pausada, neutra y carente de inflexiones a que nos tenía acostumbrados. No advertí el menos signo de alteración en su persona debido tal vez al hecho singular de que a él no le estaba emitido alterarse nunca. Su mano, grande y manchada, ordenó los papeles dispersos en l mesa y se reclinó pesadamente en el respaldo del sillón.

–Es la tercera defección ocurrida el día de hoy– añadió–. En la mañana, un regimiento entero, el Regimiento de Lanceros de Supremos Poderes, antes de disparar un tiro, se pasó también al enemigo.

La gravedad de la situación se me reveló de golpe. Escobar, como Riojas, eran el orgullo de nuestro ejército. Aun en épocas de estrecheces, nada se había escatimado para dotar a sus regimientos de los mejores pertrechos y el Viejo, no obstante sus naturales recelos, había depositado en ellos una confianza que no vacilaría en calificar de ilimitada.

–¿Me creerá usted, Enrique– dijo cerrando los ojos –, si le confieso que personalmente no me afectan las

traiciones?

Yo sabía que en el fondo lo había herido la traición de Escobar y de Riojas, pero el viejo se mantuvo impasible, según era ya en él una segunda naturaleza, y preferí callar sabiendo que tan inútil resultaba penetrar en sus verdaderos sentimientos como cargar el momento de un sentimentalismo inoportuno.

–Lo que me afecta –prosiguió–, es no poder confiar ya en el resto del ejército. Los jefes que hemos enviado para sofocar esa rebelión cuartelera han venido a este mismo despacho, me han jurado derramar hasta la última gota de sangre por la causa de la legalidad, me han abrazado llorando… aún tengo las huellas de sus lágrimas en el hombro; y apenas salen de aquí se apresuran a buscar al enemigo y a combatirnos con las armas y el dinero que debían emplear en nuestra defensa.

Fragmento casi inicial de El rey viejo, de Fernado Benítez, publicado por primera vez en 1959, dentro de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica; otro compañero de viaje al que le prodigué todas mis atenciones.

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Las deslealtades y traiciones facciosas han sido unos de los constantes lastres de la política mexicana; inútil sería acotar que también ocurre en la potosina, de sobra todos lo sabemos. Así, lo ocurrido a Venustiano Carranza –el rey viejo– en la novela de Benítez, no es exclusivo de aquellas temporalidades, se sigue arrastrando.

Preguntémonos por ejemplo por qué motivos se dice que existen grabaciones de diálogos sostenidos entre dos diputadas electas, una de Morena y otra del PAN, para decidir quién y cómo se repartirá pan y queso en el Congreso. No es de extrañarnos, las grabaciones existen como arma política desde hace tiempo; viene a la memoria aquella anécdota de un secretario general de Gobierno, cacheando a alguno que luego lo sería, para evitar la aparición de incómodos audios.

La respuesta es obvia, las grabaciones surgen dentro de casa, son fuego amigo; se obtienen al amparo de la confianza, para después evidenciar lo putrefacto entre iguales. No sería de extrañar, entonces, que estas grabaciones referidas entre mujeres, fueran pedidas por un o una morenista, o panista, para exhibir después a la compañera desleal.

En la misma sintonía, pero en diferente cloaca, afirma don Sergio Desffasiux, que existen unas que lo incriminan. Escoria, puercos y asqueantes son, según sus dichos desde tribuna, las organizaciones no gubernamentales que lo incriminan, y bueno, es que el león piensa que todos son de su condición. A propósito, y ya que andamos en el tema, es asqueante escuchar cómo agradece a Ricardo Gallardo que lo hubiera hecho diputado.

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Mientras unos quisieran que no se les diera tanta atención, otros se engolosinan con los reflectores. Ya no se trata sólo de Mijis quien se ha convertido en un influyente líder de opinión a nivel nacional, que lo mismo invita a la superación a chavos banda de Tepito, que se estremece ante los carros que pasan junto a él; su compañero de partido y próximo delegado federal en el estado, se otorga más importancia de la que su personita genera; si bien no es insignificante, tampoco merece todos los reflectores que busca. La realidad es que genera un poco de morbo la manera en que él considera que se le ataca por el cargo que asumirá.

Resulta que don Gabino Morales, al tiempo que se lamenta por ser cuestionado, cuando todavía ni comienza oficialmente sus labores, a través de redes sociales pide “al menos tres meses” para que inicien los cuestionamientos sobre su gestión; sin embargo hay quienes –avezados en la asqueante política potosina– no le dan ni un mes en el cargo, dados los ataques que ha recibido dentro de su propio partido. Recordemos que a fines de la semana pasada Joaquín Muñoz Mendoza, ex candidato a la alcaldía para las antepasadas elecciones, tundió a Gabino y a Sergio Serrano, a quienes acusó de apropiarse del partido. ¿Serán?

Por cierto, alguien debería obsequiarle al referido Morales un despertador de buró, para que despierte en tiempo y momento, al menos a las 03:45 horas; no está por demás recordarle que tanto las fuerzas castrenses como Andrés Manuel, inician labores al alba, y a ningunos les gusta esperar.

Quien otro despertador necesita es nuestro gober, no despierta de su aletargamiento; entre él y su secretario general, paulatinamente sumergen en una entropía irreversible al orden de las cosas. Cuánta razón tenía don Ricardo B. Anaya al referirse a un par de presbíteros –párroco y vicario– de la parroquia de San Miguelito, como a un primero sin segundo, y un segundo sin primero (otro día contaré la anécdota y quizá revele nombres). El problema sería en el actual gobierno, saber quién es cuál.

Aprovechando las andanzas por la Ciudad de México, es conveniente abastecerse de información, que si bien hasta ahora no es mucha, en algunos conciliábulos se menciona de manera cada vez más insistente que un ex gobernador potosino será llamado por su carnal Marcelo a una embajada. Ignoro si sea cierto, pero comento lo que se escucha; la fuente es seria.

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Antes de concluir, agradezco a Juan Pablo Licona Porcayo, compañero de andanzas y amigo en aficiones, el obsequio del libro El monarca de las sombras; nada que ver con el futuro ex alcalde potosino, es la última novela del escritor Javier Cercas.

Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.