Fraudulentos y nugatorios

A mediados del mes de noviembre el gobernador hizo del conocimiento público que se había descubierto lo que desde su perspectiva podría ser considerado “el fraude del siglo”; claro es que no se refería a las triangulaciones entre el Ayuntamiento de Soledad de Graciano Sánchez y la Clínica Wong, tampoco a la compra ilegal de medicamentos  realizada entre el Ayuntamiento de la capital, dirigido entonces por su padre Ricardo Gallardo Juárez, y Sandra Sánchez Ruiz. Y allí Xavier no rompió el silencio. 

Las sensacionalistas declaraciones del gobernador se encauzaban hacia las administraciones estatales de sus tres antecesores; al menos, según lo dijo, así que no sería nada extraño que en breve rectificara y las acusaciones alcancen al divino profesor o, mejor aún, hasta a don Francisco Martínez de la Vega. Hago mención a este último por haber sido el creador de la Dirección estatal de pensiones, hacia la que según el mismo gobernador apunta el muy mentado fraude; ya su perro de presa el auditor y su matarife el fiscal salieron a respaldarlo.

De momento, dicen, son seis los involucrados pero es seguro que buscarán  encapillar a cuanto funcionario vinculado en esos años con la dirección de pensiones y su Junta de gobierno les sea posible. No es para menos “vaciaron los fondos”, según los resultados obtenidos a través de las auditorías aplicadas por la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación, mismas que según Sergio Arturo Aguiñaga Muñiz, contralor general del estado, “emitieron una serie de recomendaciones”.

Vámonos por partes porque el señor contralor es mentiroso e imbécil o piensa que los potosinos son imbéciles e ignorantes. Nada de lo que dice puede sostenerse  partiendo de las siguientes preguntas: ¿cómo es que si se vació el fondo de Pensiones, éstas se continuaron entregando?, ¿por qué en su momento y durante doce (entonces no son tres sexenios) años no fueron observadas por la misma Contraloría?, ¿por qué no hace públicas las auditorías que realizó la dependencia que dirige a la dirección de Pensiones? y, finalmente ¿sabrán la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación que el contralor Aguiñaga Muñiz las utiliza para hacerle el caldo gordo al gobernador y recrear sus patéticas mentiras?

Cualquier persona con mínimo entendimiento en administración pública sabe que las referidas dependencias no auditarían jamás a la dirección de Pensiones porque ésta no recibió ni recibe recursos federales. Queda claro que al igual que el gobernador ni sabe ni conoce sobre lo que está diciendo y demuestra también que al igual que el titular del Instituto de Fiscalización, es un improvisado sin experiencia alguna. 

Pero esta última no es necesaria; en esta administración, ya quedó más que demostrado y sólo no lo ven los que no quieren, tampoco son necesarios el conocimiento, la probidad, la buena imagen, mucho menos la solvencia moral, todo se logra gracias a los méritos de quienes le han hecho la chamba sucia, como tapar y destapar cloacas y letrinas, a los Gallardo. Habrá quienes piensen que se exagera, pero este asunto es una muestra perfecta: todos son fraudulentos y nugatorios.  

Otra muestra podría ser la notaría con la que se piensa recompensar a quien fuera el abogado de la ya referida Sandra Sánchez Ruiz; prebenda frente a la cual, por cierto, el gremio de los notarios (incluidos los  más combativos y contestatarios o quienes andan de exhibicionistas y tienen parientes que lo son) ha guardado conveniente silencio y tienen razón, no vaya siendo que les tumben el fíat. Al menos en el intento Cándido puso la muestra. 

Y bueno, ya que andamos en ejemplos nada nos cuesta ejemplificar con otro, la salida del doctor Daniel Acosta de la secretaría de Salud, posibilitó que los doctores Jiménez y Negrete (socios de la clínica Wong, la misma de las triangulaciones en Soledad) asumieran el control total de la secretaría y sus dineros, por un lado a través de la hermana de uno de ellos como segunda en Planeación y, también, mediante una partera anodina (sobra decir que sin experiencia)  involucrada sentimentalmente con el otro, a la que pusieron de titular. ¡Cena de negros!