“Conmigo pa’ lo único que
te vas a ensuciar las manos,
es pa’ contar plata”.
Pablo Escobar.
O, el consentimiento y dosificación de la inseguridad y la violencia. Me llegó al correo hace unos días un “mapa criminal”, o sea, la composición de las organizaciones criminales en las treinta y dos entidades federativas de nuestro territorio. He visto varios mapas en relación a la ocupación criminal en el territorio mexicano, pero éste en particular, es elaborado por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y de acuerdo a su análisis, diecinueve organizaciones criminales tienen actividades de lavado de dinero, cuatro de ellas en más de trece entidades.
En San Luis Potosí, según el informe de la Evaluación Nacional de Riesgos de Lavado de Dinero y Financiamiento al Terrorismo (ENR), elaborada por la Unidad de Inteligencia Financiera, estarían operando el Cartel del Golfo, Cartel del Noreste, Cartel Jalisco Nueva Generación y los Zetas.
Desde la nueva criminología moderna, se analiza ya una forma de Gobernanza Criminal. Ni es tan pura, ni es tan democrática, ni se ajusta a la capacidad meramente semántica de ser gobernable. La expansión de gobernabilidad está evolucionando o involucionando, según se quiera ver, sobre todo en América Latina. El ejercicio del poder político ha quedado reducido, porque no tiene ya equilibrios de respuesta ante las múltiples llamadas de demandas sociales y su capacidad de respuesta expedita, vigorosa y sobre todo legítima, es muy débil.
Me cuenta un amigo arquitecto, que un Gobernador quería construir cinco mil viviendas de bajo costo ante la demanda de un sector poblacional meramente industrial y suburbano. Pues, la constructora edificadora ganadora del concurso, resultó ser una de las más poderosas de la región y que se les vinculaba a personajes y socios de antecedentes inciertos. Y algo más, hicieron llegar luz, agua y servicios básicos a las comunidades adyacentes al complejo habitacional y en menos de un año estaban construidas.
Para el politólogo colombiano Javier Duque, define que la Gobernanza Criminal, “se refiere al conjunto de acciones y decisiones tomadas en forma conjunta entre autoridades legalmente constituidas y una organización criminal que ejerce un amplio dominio sobre un territorio y una fuerte influencia sobre la sociedad local”.
Dos apuntes de su definición: Primero, en el supuesto que la autoridad haya sido legalmente constituida -tendríamos que reconocer que varias organizaciones políticas están ya infiltradas por grupos y personajes criminales-. Segundo, no es una organización criminal hegemónica la que controla o tiene presencia, son varias.
Se comenta abiertamente en México, ya, de una coordinación estratégica de gobernanza entre perfiles y figuras locales o cacicazgos y personajes delincuenciales.
TAPANCO: Me platica un conocido polaco (político), “El problema es que llegan muy deslegitimados al poder, encuentran descontenta y muy dividida a la sociedad, llegan con mucha presión social, aparte que llegan con expectativas muy grandes y a los 100 días la gente sabe que no se van a poder cumplir y se acaba la luna de miel, viene una sobrecarga de demandas sociales, añádele factores como homicidios violentos, feminicidios, desempleo y pobreza, es la tormenta perfecta para la ingobernabilidad”.
O, el andamiaje de la gobernanza moderna local que no queremos ver.
Francisco.soni@uaslp.mx
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