“Prefiero la injusticia al desorden”. Johann Wolfang Goethe
La gobernabilidad según Antonio Camou, desde su sentido más amplio debe ser entendida como “un estado de equilibrio dinámico entre el nivel de las demandas societales y la capacidad del sistema político (estado/gobierno) para responderlas de manera legítima y eficaz”.
Dicho de otra manera, permite (la gobernabilidad) una “serie de ‘acuerdos’ básicos entre las élites dirigentes en torno a tres ámbitos principales: el nivel de la cultura política, el nivel de las reglas e instituciones del juego político, y los acuerdos en torno al papel del Estado y sus políticas públicas estratégicas”. Por tanto, se puede decir que gobernabilidad es la cualidad de que puede ser gobernado. El concepto también se utiliza como sinónimo de gobernanza (la manera de gobernar).
Ahora bien, desde la academia gobernanza se concibe como la manera de cómo mejorar la administración de los asuntos públicos; es decir, que las instituciones públicas cumplan con su mandato, (alcanzar sus objetivos y metas). Por tanto, se considera que existe gobernanza cuando, en un marco de legalidad, se generan resultados entregando servicios de calidad, o se cumple con la expectativa ciudadana. Así que, hablar de gobernanza, es hablar de instituciones transparentes, eficaces, eficientes y reconocidas por la sociedad a la que sirven.
Inicio con estas definiciones a manera de preámbulo para hacer en este inicio de año una pequeña reflexión sobre la gobernabilidad, el gobierno que queremos en nuestro país, los eventos que vivimos actualmente y que por momentos generan la sensación de falta de gobernabilidad y una consecuente falta de actuación.
Para explicar este fenómeno nacional, y seguramente también local, recurro rápidamente a la historia contemporánea mundial, en específico del esquema que se viene manejando con el inicio de la guerra fría en los años cincuenta, desde conceptos clave en la pugna política del sector occidental, tales como “sociedad abierta”, “mundo libre”, o “democracia”, y en la arena social, el referente clave sería la idea de la modernización, hasta su culmen a partir del 11 de septiembre de 2001, cuando bajo la confusión del atentado a las Torres Gemelas sirvió para reducir toda la discusión a un debate ideológico tan simple como el de amigo/enemigo.
Así pues, en estas casi primeras dos décadas del siglo XXI la articulación de las metas proclamadas por la sociedad occidental y los comportamientos colectivos muestran ciertas paradojas.
Por una parte, estamos ante un mundo globalizado como nunca antes en la historia de la humanidad, tanto en lo social, lo tecnológico y la generación de riqueza, asumiendo en la conciencia individual de manera generalizada que esto debe ser así.
Del mismo modo, son más elevadas que en ningún otro momento de la civilización la posibilidad de una comunicación alternativa, más allá de los medios tradicionales, lo que conduce a democratizar la información y fiscalizar el poder.
Sin embargo, y a pesar de las dos afirmaciones anteriores, hoy nos encontramos con que el discurso y la práctica siguen caminos diferentes. Así pues, estamos ante una paradoja ¿o no? Me explico con un par de ejemplos.
En 2004 una fractura del suelo marino en el sudeste asiático generó un tsunami (ola gigante) matando a miles de personas y devastando a varios países de la zona. Esta catástrofe pudo haberse evitado ya que la enorme ola tardó 4 horas en llegar a la costa. Una alerta 10 minutos antes de presentarse este fenómeno hubiese bastado para reducir dramáticamente los daños, al menos en vidas humanas. No fue así. Sin embargo, nadie dio aviso, pese a poseer la información. Los Estados Unidos evacuaron una base naval en el Océano Índico gracias a sus alertas sísmicas, pero no compartieron la información.
México, cierre de 2018 e inicio de 2019. Estaciones de servicio cerradas debido al desabasto de combustible derivado del plan del nuevo gobierno presidido por el Presidente López Obrador para combatir las redes de robo de combustible creadas las últimas décadas, y en las que, según el gobierno, además de tomas clandestinas abiertas por redes de delincuentes, también participan empleados de PEMEX. ¿Con la información y la tecnología existente se sabía de la existencia del problema? Claro que sí, pero ¿se enfrentaba? Por supuesto que no. Cuando por fin se decidió actuar, la sociedad descubre que la dimensión de la situación es bastante más grave de lo inicialmente expuesto.
Con estos dos ejemplos se ejemplifica las incongruencias entre las posibilidades y las realidades. Ambas situaciones generaron un gran ruido social. Los desarrollos tecnológicos y la información globalizada no ayudan por si solos a solucionar problemas, pero si forman grandes conflictos. Se usan diferentes raseros en el ámbito mundial y local para medir comportamientos, derechos, exigencias y abandonos.
Por lo anterior hay un desajuste tremendo entre las posibilidades y las realidades que rompe el anhelo de certidumbre. En muchas ocasiones la esperanza de la gente está por debajo de sus experiencias, por lo que cambiar, en muchos casos, es sinónimo de empeorar. Y para escapar de ello muchas veces recurrimos al sarcasmo, la broma o el chiste fácil (memes), para olvidar, o intentar olvidar.
Así pues, ante la tan deseada modernización iniciada en los años 50 como parte de la guerra fría, el modelo capitalista hoy sufre una seria crítica ideológica y fuertes reveses en forma de acción colectiva crítica (primavera árabe, nacimiento de movimientos que se creía desaparecidos, revitalización de los nacionalismos).
Hoy nos enfrentamos a esta otra paradoja: hay tanto “ruido en el ambiente”, que oculta la agenda de problemas graves y profundos, y nos distraemos en banalidades. Dicho de otra manera, estamos ante una crisis de lo político o en una crisis de la democracia. Prevalece el peligro de recuperar la tesis aristotélica del exceso de democracia, en el sentido de que la democracia degenera en un gobierno del populacho y genera ingobernabilidad.
Sin embargo, en este año que recién comienza, podemos retomar la luz de la esperanza y la idea de la vida en comunidad, recuperar lo social, la legitimidad del poder, y el interés general garantizado a través de un renovado contrato social entre el poder y la sociedad. En otras palabras, la gobernabilidad para actuar en favor del bien común.
¡Feliz y venturoso año!
jmanuelrmoreno@yahoo.es
juan manuel rosales moreno