Naufragó el barco en que iban de pasajeros Carelino y su novia Dulcibella, y quedaron los dos flotando en medio del océano, asidos precariamente a un madero. “¡Dios mío! -clamó desesperado Carelino-. ¡Si nos salvas te prometo que no beberé más, que no volveré a apostar en el póquer, que me abstendré de hacer el amor durante...”. “Suspende las promesas -lo interrumpió en ese punto Dulcibella-. Tierra a la vista”... Si una dama dice “no”, es que no. Si dice “quizá” es que sí. Y si dice “sí” eso significa que no es una dama. Si un diplomático dice “sí” es que quizá. Si dice “quizá” es que no. Y si dice “no” eso significa que no es un diplomático. El espectro de las relaciones de México con Estados Unidos se ha vuelto sumamente espectral. La Presidenta Sheinbaum declaró que el gobierno federal -o sea ella- desconocía por completo la actuación en Chihuahua de los dos agentes norteamericanos que perdieron la vida en un accidente carretero. Siempre se ha supuesto que quien ocupa la presidencia de la República es la persona mejor informada del país. En los tiempos de la dominación priista los agentes de la secretaría de Gobernación se encargaban de que el señor Presidente estuviera enterado hasta de cómo se estaban moviendo las hojas de los árboles. Los disidentes y críticos del régimen eran objeto de especial vigilancia; se sabía hasta el número de los zapatos -y de los calzones- que usaban. Igual riguroso control llevaba a cabo la embajada americana. En la época de la llamada Guerra Fría no podíamos ver las excelentes películas que producía el cine soviético, pues todas las salas cinematográficas exhibían sólo películas estadounidenses y mexicanas. Si alguna se atrevía a presentar un film soviético perdía la distribución de todos los demás filmes. Así, la embajada rusa se vio obligada a alquilar en exclusiva un cine en la Ciudad de México, el “Versalles”, a fin de presentar las maravillosas producciones del cine llamado socialista: “La balada del soldado”; “Cuando pasan las cigüeñas”, etcétera. Quienes asistíamos fielmente a esas exhibiciones no gritábamos “¡Cácaro!” cuando se cortaba la película: gritábamos “¡Cacaróff!”. Al salir de la función éramos retratados por fotógrafos puestos ahí por la embajada de Estados Unidos para grabar los rostros de los presuntos simpatizantes de la URSS. Tomábamos a broma aquello, y adoptábamos poses ridículas o románticas, según la compañía en que íbamos, ante las cámaras de los agentes yanquis. Con el episodio de Chihuahua se evidencia ahora la desinformación que existe en el gobierno federal, y la falta de orden en las relaciones de colaboración con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico. Lo dicho: crimen organizado contra gobierno desorganizado... El galán le hizo a la linda chica una proposición indecorosa. Respondió ella: “No, no, no y mil veces no”. Dijo el tipo: “Te haré la propuesta en otra ocasión. Hoy te noto algo indecisa”... Babalucas le pidió matrimonio a Florilí. Le dijo la muchacha: “No me casaría contigo ni aunque fueras el último hombre del mundo”. Arriesgó tímidamente el badulaque: “¿Y si fuera el penúltimo?”... En el caso que narraré en seguida el resultado fue muy diferente. Después de mucho insistir el joven Cotillo logró por fin que Wendolina, su guapa compañera de trabajo, accediera a ir con él al Motel Kamawa. En la habitación 210 del establecimiento, en el lecho los dos dispuestos ya a la acción erótica, ella le dijo a él: “Una cosa te voy a pedir: que nadie nunca se vaya a enterar de esto”. “Ah, no -rechazó Cotillo-. Entonces vístete y vámonos. A mí me gusta más el chisme que esta otra chingadera”... FIN.