Goles

Se van, se están yendo los días mundialistas, y ahora ya empiezan los de la polaca, de las campañas para las elecciones del año próximo. Es hora de recordar que al final todo puede ser distractor en términos de política real, y que está bien divertirnos y gozar de triunfos deportivos y de otros tipos, pero hay prioridades que deberíamos estar viendo.

Los intereses económicos son la superestructura de la sociedad, y por debajo está lo político, lo religioso y otros sistemas. Incluyendo al futbol. México ya no llegó al siguiente partido y está por darse el último capítulo de esta justa. O injusta, asegún. El final no es sorprendente, no tiene un giro de tuerca.

La llamada telefónica del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a su similar de la FIFA, Gianni Infantino, pidiéndole eliminar una tarjeta roja contra su jugador, fue una muestra descarada de que ya no les importa ser obvios. Ni en el Mundial ni en nada, porque no pasa nada. A esto se suman los “errores” arbitrales o la consulta a contentillo del VAR. Los enojos y las quejas oficiales van en aumento.

La semana pasada hablamos de la renuncia de varios directores técnicos: Corea del Sur, Ecuador, Alemania, Tunez, Uruguay. Esta semana le tocó despedirse a Javier el Vasco Aguirre, quien luego de estar al frente de México en tres mundiales (con siete triunfos, dos empates y cuatro derrotas) cedió la pizarra de estrategias a Rafael “Rafa” Márquez. 

Hay odios en las redes que se vuelven (casi) linchamiento. No es que no haya motivo, pero las redes todo lo crecen. En lugar de argumentos, ofensas. Y los medios le sueltan el micrófono a quien sea, aunque no tenga nada valioso qué decir. Un periodista argentino, Eduardo Feinmann, dijo que “la envidia que los mexicanos le tienen a los argentinos, no (es) solamente en el fútbol, sino en todo”. Luego del tsunami de respuestas salió a desdecirse de que su dicho sobre el “odio a los mexicanos” fue solo al seleccionado de futbol. La disculpa, como tantas, no sonó sincera, sino más como “control de daños”.

Cuando hay cierto humor, vale. Pero a veces no se nota nada de humor en comentarios y apodos en las redes. Odiar a una comunidad por uno de sus miembros o representantes no es lo más humano.

La senadora paraguaya Celeste Amarilla (curioso nombre el de la Lily Téllez de allá) publicó en redes que el jugador francés Kylian Mbappé es un “camerunés colonizado” y le aplicó epítetos como “resentido, rico nuevo, prepotente y feo”, además de insinuar que se había criado en la selva rodeado de simios. El delantero galo respondió: “Señora Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo. Usted no representa a Paraguay, ese país que ha derrochado pasión y honor a lo largo de toda la competencia”. Ella amagó con demandarlo por “violencia de género”, pero muchas voces se sumaron a la de Mbappe. El racismo, el sexismo y otros ismos deben ser eliminados. Va a costar tiempo, pero hay que ir hacia allá.

Otro que pasó a un sitio de honor entre los más odiados es el comentarista de espectáculos Pedro Sola, quien con toda su edad e ignorancia dijo que le daban ganas de envenenar a los perros callejeros que se cruzan en su camino o meterle un plomazo a quienes los defienden. Como si su opinión importara, pero llama la atención cómo actúa la gente ante ciertos estímulos. Muchos dijeron que el tal “tío Pedrito” incitó a matar mascotas y que debería ser cancelado. No, pero sí es preocupante la ligereza con que los “famosos” dicen cualquier “babosada”, nótese el eufemismo. Peor estuvo su jefa al tratar de defenderlo. En fin. Por eso dicen que mucho ojo con a quién hacemos famoso (a).

Y sí, el futbol tiene mucho de liberador y de festejo, pero hay otras áreas de ocio y de oportunidad de orgullo: el yucateco Víctor Méndez recién se convirtió en campeón del mundo sub 17 en levantamiento de pesas con 142 kilos.

Como ayer (hoy sábado, cuando escribo) no tuve taller y empecé la columna temprano, no tuve tiempo de ver todo el partido de Inglaterra versus Noruega, donde Noruega era el favorito de México, por la derrota ante Inglaterra y por la potencia del vikingo Haaland. Iba ganando Inglaterra por dos goles a uno en los tiempos extra.

Esta semana salen varios libros de Servicios Editoriales Debajo del Agua, y como otras veces espero que apoyen a las autoras y los autores de las obras. Por lo pronto, recomiendo el libro Enseñanzas del futbol, de mi mentor y amigo Tomás Calvillo Unna, que se presenta este miércoles en el centro cultural Palacio Municipal de San Luis Potosí. Tomo de ahí un fragmento para despedirme este domingo:

«Ver y jugar son dos cosas diferentes. No recuerdo un solo partido que haya jugado y que me haya aburrido; en cambio si he visto partidos muy aburridos. Estar jugando, ser parte de una alineación, aunque sea la de una cascarita, conlleva su propia dosis de emoción y logro, y además la posibilidad de que las cosas puedan cambiar».

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