¡Gulp!

El día que regresó a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para que se emitiera una notificación formal a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que su país se retiraba de esa agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta semana se cumplió el plazo y ya no estará en la organización fundada en 1948.

Ayer hubo otro asesinato a tiros de parte de la Migra (ICE, por sus siglas en inglés). Otro ciudadano baleado porque sí, el video no miente. El dictador ahora está por su cuenta, y con su propósito de formar su Consejo de Seguridad alterno a la ONU, al que ya “desinvitó” a Canadá y podría dirigir “de por vida”. Ya “bromea” con si será necesario un tercer periodo para llevar a cabo sus planes. 

Trump acusa a la OMS de mal manejo de la pandemia de Covid-19, de que su país ha pagado la cuarta parte del presupuesto y de que a pesar de esto la OMS nunca ha tenido un director estadunidense. Esta nueva incertidumbre sobre salud se da cuando el mismo Trump ha aparecido con moretones en las manos y ha dado algunos de los discursos más inconexos y caóticos (de por sí) en sus apariciones recientes, lo que ha motivado que cada vez más voces pidan que le hagan un examen integral para ver si no es peligroso para él mismo y, sobre todo, para el mundo. Una cosa es divagar o elidir y otra la combinación de amenazas y ambiciones megalómanas.

Cuando un político presume algo tenemos motivos para dudar, sobre todo cuando hasta paga publicidad para presumirlo. El trabajo real no necesita presunción, se hace y ya, sin importar el qué dirán. Preocupa el mapa que estaba en una foto oficial de Trump, donde la bandera de las barras y las estrellas cubre no solo su país sino Canadá, Groenlandia, Venezuela y Cuba. Preocupa la foto de Trump con un pingüino (generada con IA), no solo porque los pingüinos viven en el Polo Sur, sino por la egolatría. ¿Golfo de Trump o de América? ¿Dijo “tierra de hielo” o tuvo un lapsus al decir islandia para referirse a Groenlandia (o quizá, gulp, quiso decir la tierra del ICE)?

Este lunes, en una carta privada —confirmada por el destinatario—, Trump le advirtió al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre: «Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido ocho guerras más, ya no siento la obligación de pensar puramente en la Paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para los Estados Unidos de América» (gulp, otra vez).

El discurso de Trump con motivo de su primer año de este nuevo periodo merece todo un tratado psicolingüístico. Dice que el trabajo de los agentes de la Migra (ICE, por sus siglas en inglés) es “peligroso, pero necesario”, que quienes protestan son “agitadores profesionales” y presumió un crecimiento económico nunca antes visto: «Las plantas de Canadá están cerrando y se vienen aquí. Lo mismo pasa con las de Alemania, Japón..., es lo que hacen los países inteligentes. Bajo mi liderazgo, se están construyendo fábricas como en ningún otro momento en la historia de nuestro país». Ah, ya dijo cómo se llama el arma secreta usada para irrumpir en los dominios de Nicolás Maduro: el descombobulador. 

Su imagen solitaria en el Foro Económico Mundial en Suiza habla de cómo lo ve el mundo. «Normalmente dicen “es un dictador horrible”. Yo soy un dictador, pero a veces se necesita a un dictador», reconoció ante empresarios en esa cumbre internacional. Luego, escribió en su red social: “El problema con la OTAN es que estaremos allí para ellos al 100 %, pero no estoy seguro de que ellos estarían allí para nosotros si los llamáramos”.

Sentido común es lo que parece hacer más falta en estos tiempos. En las cercanías y al otro lado del mundo parecen imponerse el espectáculo, la desmemoria y la violencia del más fuerte. 

Enric Ros (enricross1964) escribió en Twitter (bueno, X; lo siento, yo le sigo diciendo Diagonal Sur a la avenida Salvador Nava): «La tiranía pudre todo el ecosistema que le rodea. Genera enjambres de aduladores dispuestos a vender su dignidad por un minuto de calor cerca del Tirano […] Obliga a la gente con principios a practicar el triste arte del silencio estratégico y, lo que es peor, nos anestesia a todos. […] La brutalidad deja de ser noticia. La línea roja se ha movido tantas veces de sitio que ya nadie recuerda dónde diantres estaba pintada al principio».

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