Himno de la victoria (en ciertas circunstancias)

Juan Gelman, en su poema “Himno de la victoria, (en ciertas circunstancias)” recuerda con ironía que el estado real de las cosas dista mucho de lo que debería de ser. En México resulta evidente que la llamada “decepción por la democracia” se relaciona con la ausencia de resultados que los gobiernos electos ofrecen para las atender a las expectativas que los ciudadanos tienen sobre los mismos. Parte de este problema se explica en gran medida por la asimetría que existe entre el funcionamiento de un sistema de organización de elecciones competitivas y la expectativa que los ciudadanos tienen de que a través de las elecciones se obtendrán mejores gobiernos que a la postre, propiciarán mayores beneficios para la población. Mesuradas o no, realizables o no, las expectativas de los ciudadanos viajan en la boleta electoral y se convierten en un escaño, en un puesto público, en un representante popular.

Acudimos a una etapa interesante. La política es forma y fondo (Jesús Reyes Heroles sigue teniendo razón), y candidaturas no es lo mismo que gobiernos. Algunos han asumido ya la función pública, otros están por descubrir la realidad de la administración pública (administrar no es lo mismo que gobernar). Mientras la ciudadanía espera y atestigua las primeras señales de los gobiernos que vienen, subsiste una preocupación de fondo. ¿Es éste, por fin, el gobierno que necesitamos?.

Cada gobierno ajusta sus propias prioridades. Todo urge, todo importa y falta muy poco tiempo para todo. San Luis Potosí vive la enorme paradoja del crecimiento económico con desigualdad regional. Las demandas sociales han superado desde hace mucho las barreras presupuestales y se corre el riesgo que sean atendidas con discurso. México perdió años de oportunidades para diversificar la actividad comercial internacional y ahora parece verse sometido en un acuerdo trilateral que nos permite seguir en un juego que según Donald Trump íbamos ganando pero en realidad y de casualidad, sacábamos empate; cada vez somos más viejos y hay menos jóvenes que soporten el sistema de pensiones; falta poco tiempo para que miles de personas pertenecientes a la generación del llamado bono demográfico transiten de ser ninis a ser una realidad desaprovechada; falta poco para la consolidación de un muro fronterizo que refleja en endurecimiento de una política migratoria con inminentes efectos económicos y sociales; falta poco para que el tema de medio ambiente se fusione con el tema de energía, agua y sustentabilidad en una agenda que hemos visto desarticulada por décadas; falta poco para el crack del financiamiento del país por los ingresos petroleros. ¿Y la responsabilidad de los que toman decisiones?.

Lo importante de ganar elecciones no es el canto de victoria, sino el ejercicio real del poder público. Es tiempo de preguntarse sobre los asuntos pendientes para los gobiernos que inician, con poderes divididos y con la terrible con urgencia de trabajar en lo que no se ha hecho ni resuelto en los últimos 25 años. Las encuestas de cultura política siguen demostrando nuestra crisis de legitimidad y eficiacia, ni actores ni instituciones parecen representar ni cohesionan al sistema político: no conectan sino fragmentan.

Juan Gelman recuerda con ironía:

“¡Hurra! por fin ninguno es inocente.

Caballeros, brindemos. Las vírgenes no virgan,

los obispos no obispos, los funcionarios no funcionan.

Todo lo que se pudre en ternura dará.

Miro mi corazón hinchado de desgracias

tanto lugar como tendría para las bellas aventuras”.