¿Ideologías… arpías?

Nos damos cuenta cuando algo se ve contrario a la lógica o el sentido común: una paradoja, pues, … que invita a echarle una pensada y profundizar más. Hay muy diversas incoherencias aparentes: desde paradojas científicas o filosóficas, hasta psicológicas y matemáticas.

Algunas son más conocidas, como “menos es más” o “sólo sé que no sé nada” o “¿qué fue primero, el huevo o la gallina?” y, propongo yo, “quien insiste en que se preocupa por los pobres, acaba perjudicándolos”.

A un populista no le conviene que se reduzca el número de pobres, porque sus promesas electorales perderían sentido. Sin ellos ya no sería necesario que políticos oportunistas “se sacrificaran” por el pueblo; además, se quejan de que cuando los pobres pasan a la clase media ni siquiera lo agradecen.

Los demagogos prometen ayudarlos a superar la pobreza. Sin embargo, si así lo hicieran, sin tantos pobres tampoco se justificarían los populistas de izquierda (supuestos socialistas). Esto lo murmuran ellos mismos en Venezuela o México.

Claro, se vale —incluso aconsejan— tener posiciones ideológicas ante la vida y el mundo. Pero, oigan, los extremos y los fanatismos o las simulaciones suelen hacer mucho daño.

Desde la derecha (empresarial, religiosa, académica…) consideran muy tontos a los de la izquierda (social, intelectual, anti-religiosa…), y desde ésta ven muy tontos a los de la derecha. Son guerras que empeoran cuando las posiciones son ultras.

Hoy no existe ya el comunismo soviético o el fascismo italiano; de hecho, tras 67 años se ha extinguido la revolución cubana… Acaso quedan unos cuantos necios cuyas mentes están ancladas a esos fantasmas, tanto a favor como en contra.

Y los anticomunistas o antifascistas no sólo confunden con sus ataques, también radicalizan a sus contrarios… que se ofenden y se corren a los extremos con posiciones más destructivas.

Las etiquetas se vuelven insultos o descalificaciones de los contrarios a quienes les dedican todo tipo de apodos: zurdos de mierda (importado de Argentina), fachos (de España), rojos, soviéticos, nazis, derechangos, comunistas, capitalistas, neoliberales…

Tenemos populistas de derecha o de izquierda, y estos últimos sólo simulan ayudar a los pobres; en realidad, más que políticos, son vividores de la política que se aprovechan de la ignorancia de multitudes a las que llaman pueblo. Todos conocemos demasiados ejemplos.

Y, ojo, a los populistas que dicen amar a “el pueblo” les viene bien que los llamen izquierdistas o hasta “comunistas” enemigos de los ricos. Eso porque, además de distraer de sus intenciones reales, se sienten justificados como luchadores sociales con ideas e ideologías, en lugar de que los evalúen o juzguen simplemente por ineptos y corruptos.

Los hace populares que aparenten dar la vida por el pueblo, contra quienes no quieren a los desposeídos. Mala cosa.

Los chairos quisieran que todo sea ideológico. Así, cuando uno no coincide con ellos incluso en cuestiones técnicas, lo llaman “conservador”. Y si haces mejores propuestas económicas, te las rechazan por considerarlas de “ideología neoliberal”. Pero en China, para sus reformas económicas, decidieron que “si un gato come ratones, no importa que sea negro o blanco”.

Vimos que las ideologías pueden ser coartadas perversas y, al desgastarse, fortalecen a los extremos opuestos. Entonces, la polarización se acentúa en contra del crecimiento económico y los verdaderos avances sociales.

Con todo, un punto medio (hacia el centro) tendería a lo mejor de ambos lados y podría combinar la eficacia económica (¿derecha?) con la preocupación social (izquierda). Creo yo.

* EL GRAN FILÓSOFO JURGEN Habermas, lúcido crítico del nazismo y cercano a la izquierda alemana, advirtió hace tiempo sobre el peligro de lo que llamó “fascismo de izquierda”. Aunque es evidente el origen derechista y anticomunista del Fascismo en la Italia de Mussolini, hay movimientos que hoy se dicen de izquierda y contienen demasiados elementos clásicos del fascismo: militarización, poder centralizado, deterioro de contrapesos, control de la economía, narrativas falsas…

* MIENTRAS TANTO, LA PRESIDENTA exhibe cada día un mayor descontrol en sus actitudes, declaraciones y decisiones (o falta de ellas). Miren, resulta crucial que la economía, la sociedad civil, la democracia y su mismo gobierno se ven ya afectados por las duras presiones de Trump y, sobre todo, por la evidente subordinación a quien le dejó un pésimo legado.

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