Imitación extra-lógica

Se acerca el 2024 y los aceleres de aspirantes a la Presidencia de México se hacen presentes, sobre todo de la oposición al gobierno actual porque parecen cojear de la misma pata que los tiene noqueados por adelantado, esto es, ayunos de una visión de política estatal que sea apreciada, por la mayoría de la población, como posible alternativa a la Cuarta Transformación que, hoy mismo, sigue su marcha, sin mayores sobresaltos que no sean los muy propios de su proceso de consolidación. Ante la carencia de mejores argumentos que convenzan de un giro radical y que, además, vayan encaminados a lograr una abrumadora como contundente participación en la urnas en dos años más, tenemos que personajes de esa oposición, que saltan ya a la palestra de la sucesión, sorprenden más por sus ocurrencias que por una clara definición de lo que harían por el país en el remoto caso de aterrizar su personal ambición. Y, como luego se dice, para muestra basta un botón. Es así que un conspicuo panista, como Santiago Creel, se abre de capa para ostentarse como “el Biden mexicano” que, alega, podría ganar en 2024, dizque porque encarnaría el estilo de gobernar del presidente gringo… pero aplicado a los paisanos de este lado. 

Como puede verse, ya no se trata de apelar a los demonios propios que nos ha tocado padecer, como el tan llevado y traído Luis Echeverría que, por cierto, parece la excepción de aquélla regla que reza “no hay mal que dure cien años”, porque ahora resulta que ese prototipo de político “populista” que tanto ha gustado a la oposición ofrecer como el mal que ensombrece los destinos de la nación, hay que dejarlo de lado porque, para Creel, habría que ir más lejos y, por eso, al presentarse como “el Biden mexicano”, dice que ya se apresta a impedir una eventual llegada de un mandatario en 2024 con las características de un Donald Trump que ya padecieron del otro lado. Y como se trata de mostrar que, ante ese riesgo de que se aparezca un chamuco nuestro, similar al ya mentado gringo atrabiliario, el político panista se planta como “moderado, serio y hasta aburrido” porque, según su leal saber y entender, esas son las prendas que exigiría un electorado como el mexicano para, presuntamente, frenar los excesos de políticos radicales que andan reivindicando los derechos de los más pobres y excluidos por tantos gobiernos que han pasado y en los que, nomás como anecdotario… también participaron.

El problema de Creel es que, lo que en otra parte se tiene como comportamiento moderado, en nuestra sociedad se ha apreciado, históricamente, como más conservador que lo conservador mismo. Es una suerte de imitación extra-lógica la que pretende el panista porque, obviamente, las circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales son muy distintas con respecto a los vecinos del norte. Más aún, ciertamente, el Biden gringo anda caído en términos de popularidad, no tanto porque sea aburrido, sino por la conducta errática mostrada frente a problemas graves que aquejan  a la sociedad estadounidense. Como moda muy socorrida entre los panistas, puede ser explicable ese lance de Creel para no quedarse atrás de una Margarita Zavala que hasta llegó a insinuar que sería la Hillary mexicana, pero como estrategia para ofertarse como una alternativa viable para el 2024, más bien mueve a ejercitar el “sospechosismo” (diría el propio Creel) de que buena parte de la caballada opositora está aún muy flaca.