En la última semana del mes de septiembre, los 58 municipios y el poder ejecutivo de San Luis Potosí rindieron su primer informe de gobierno, los cuales se han convertido en todo un ritual, al cual asisten invitados de diferentes sectores, se organizan eventos culturales y de música popular para llamar la atención de la sociedad, se gastan grandes cantidades de recursos para su promoción; son eventos en donde todo importa, menos el contenido y la esencia de la actividad gubernamental, lo relevante es aclamar a quienes son los actores centrales.
En estos eventos se anuncian como grandes logros acciones gubernamentales como la pavimentación y repavimentación de calles, iluminación de vialidades, adquisición de patrullas, rehabilitación de calles, limpieza de caminos, eventos culturales, deportivos y de esparcimiento; así como programas de atención a los espacios públicos, a la seguridad pública, de apoyo a las mujeres y juventudes, de reforestación, infraestructura vial, apoyo a la economía local, impulso al empleo, cultura y participación ciudadana.
Estas acciones presentadas como números aislados y mediante y discurso político retórico parecen ser grandes logros, que en verdad contribuyen al desarrollo de la sociedad local; sin embargo, cuando se compara con el total de la población de los municipios y/o del estado sus resultados son mínimos; en estos informes no es posible identificar de manera empírica una relación causal entre acciones de gobierno y las necesidades de la población, lo cual es más evidente porque no se gobierna definiendo y solucionando problemas públicos.
El ciudadano común, ese que es ignorado en las invitaciones a estos eventos, no se identifica con estos informes, sus resultados son mínimos comparados con la magnitud de las necesidades del espacio público en donde habita de manera cotidiana; las acciones se concentran en espacios y beneficiarios muy limitados y seleccionados con criterios políticos, donde importan los votos; esta situación y este tipo de eventos políticos ha contribuido a la apatía racional de la sociedad local, lo cual se ve reflejado en los bajos niveles de credibilidad de los gobiernos locales.
Estos informes y su publicidad que es muy común en este tiempo no tienen un alto impacto social; en tiempos de redes sociales, en los eventos en vivo solo se conectan los seguidores fieles y amigos del político que rinde el informe, se publican mensajes como “es el mejor presidente municipal que hemos tenido”, “este gobernador si es diferente”, pero sin dar ningún argumento con evidencia empírica; en redes sociales, hasta una niña de 7 años dice “quita ese comercial”. La complejidad de los problemas de la sociedad local demanda un cambio radical en estos informes.
La transparencia y rendición de cuentas demanda información cuantitativa y cualitativa de la acción gubernamental, además que defina de manera clara que problemas públicos está resolviendo y que sector de la sociedad está beneficiando, cuál ha sido el impacto logrado; todo ello requiere una gobernanza experimental, con políticas públicas focalizadas, con sistemas de monitoreo y evaluación eficaces, con informes diversificados por sector social, en los cuales se utilice una narrativa acorde a cada contexto local.
En resumen, los informes de los gobiernos locales han dejado de ser eficaces, son más un ritual centrado en el político que informa, su contenido no genera credibilidad en la sociedad local, no son un instrumento que contribuya a la transparencia y rendición de cuentas; se requiere modificar no solo la forma de gobernar, sino también los instrumentos de interacción con la sociedad para transmitir avances y pendientes en la acción de gobierno; la información debe ser flexible y focalizada y con narrativas diferencias. Próxima colaboración: 19/10/22.
@jszslp