Nos deja un profundo análisis para los meses siguientes lo acontecido en esta jornada electoral en los entidades federativas de Coahuila y Estado de México. Por supuesto que hay muy distintas perspectivas para efectuar este ejercicio, pero en estas líneas trataré de efectuarlo con la mayor objetividad.
En principio, la mejor de las noticias es que los Organismos Constitucionales Autónomos (INE y los Institutos Locales Electorales) Sí Funcionan, -por tanto sería una locura mandarlos al diablo-; una vez más se demostró que los tres Institutos ciudadanos fueron capaces de procesar dos elecciones complejas, la ciudadanía capacitada estuvo a la altura, tanto en municipios urbanos como en rurales, la gente votó en paz, sin mayores sobresaltos.
Otra buena, es que las y los candidatos tuvieron un buen comportamiento, los vencedores con discursos moderados que llamaron a la unidad y no a la polarización, los vencidos reconocieron oportunamente que no les favoreció el voto, eso debe leerse como una señal muy positiva para nuestra incipiente democracia.
Por otra parte, muchos analistas afirman que no hubo sorpresas, de acuerdo con las encuestas previas, ganó quien debía ganar, sin embargo, considero que hay matices en esas afirmaciones, por una parte en el vecino Coahulia todo apunta a que la Alianza se llevará el denominado “carro completo” con un 56.70% de las preferencias, apuntalado por un candidato carismático, joven pero también muy preparado y con una sólida carrera política, lo cual cobra gran relevancia sobretodo para la oposición, considerando el contexto federal que prevalece desde el oficialismo.
Otro dato, digno de amplia reflexión es que, si bien es cierto el partido oficial se lleva la gubernatura del Estado de México, también lo es que no ocurrió el triunfo aplastante que se vaticinaba, es decir, la Alianza fue derrotada más no borrada del mapa mexiquense, los datos del PREP hasta antes de media noche, le daba triunfos en distritos urbanos donde es bien sabido se concentra un alto poder adquisitivo per cápita; pero sin duda lo que también es muy buena noticia es, que México tendrá otra mujer gobernadora.
De las aristas que también nos revelaron estas elecciones es que, tanto el partido oficial como la oposición tienen ambos un enemigo en común: el abstencionismo, pues por más que se dio una gran difusión a los dos procesos electivos, en ninguna de las entidades se venció al fantasma de la apatía que se refleja en el llamado “voto negativo”, donde con el no voto, la gente dijo, no me gustó ninguna de las ofertas.
Finalmente, las dos últimas de las reflexiones, por un lado el replanteamiento de la alianza opositora, las dirigencias tienen frente a si la gran interrogante: ¿será capaz de conservarse?, y si esto es así, hoy queda claro la imperante necesidad de sumar más aliados. Por otra parte, es que las mal llamadas “corcholatas” conjuntamente con su dirigencia formal y la moral, definirán por fin los tiempos y el método de selección, que no estará excento de controversia, aunque la verdadera interrogante para el oficialismo es, si será capaz de procesar la designación de quien reciba la estafeta de la auto llamada transformación y más aún, si esa decisión romperá o no la “unidad”, que desde afuera se mira un tanto endeble.
Decía Jhon F. Kennedy en sus memorias, que siempre es bueno vivir tiempos interesantes, estos tiempos, los que vive México claro que lo son.
Sea Usted bienvenido a 2024 estimado lector, ahora sí, a un año de distancia de las elecciones más grandes de la historia de este hermoso país.
Profundo pesar por la partida física del gran periodista Ricardo Rocha.
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