Inseguridad

La inseguridad se ha vuelto el problema público más importante para la sociedad, la economía y el gobierno en México, llevamos décadas sin encontrar la política pública adecuada para combatirla; mientras que las acciones y programas gubernamentales llevan a la nada, el fenómeno no solo continúa, sino se ha incrementado. Para la mayoría la solución es confrontar a los grupos criminales, para otros mejorar la calidad de la educación, una tercera opción es un mayor control político; la esencia es proteger a la población con un sistema de seguridad confiable.

La inseguridad tiene sus efectos económicos, sociales y gubernamentales; la ocde asegura que, en lo económico, ésta representa una importante desventaja competitiva; sus estimaciones muestran que los problemas de seguridad reducen el crecimiento anual en aproximadamente 1.2 puntos porcentuales; los empresarios no se sienten seguros en nuestro país, por lo que prefieren invertir en países con mayores índices de seguridad, con ello que la creación de empleos no crece según la demanda laboral.

En lo social, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública de inegi muestra que la percepción de inseguridad en la población mayor de 18 años se incrementó del 72.3 % en 2013 a 74.4 % en 2017; los mexicanos no nos sentimos seguros al acudir al cajero a retirar dinero, tampoco en el transporte público, caminando en la calles, viajando en carretera, en parques y centros recreativos, en el centro comercial; en general en aquellos sitios donde acude un gran número de personas.

Estas condiciones de inseguridad han sido una de las causas por el cual la sociedad no está satisfecha con la democracia como forma de gobierno para la solución de los problemas públicos; según un estudio del Pew Research Center sobre la percepción de la democracia en el mundo, México tiene el porcentaje más bajo de satisfacción, pues sólo 6% de los mexicanos la aprueba, la media mundial es del 46 %; en este mismo sentido, el 93% de la población en el país se expresó insatisfecho con la conducción de la democracia llevada por el gobierno.

En los últimos meses se ha vivido un incremento de la violencia, grandes organizaciones del crimen organizado pelean de manera violenta por espacios territoriales; los robos de automóviles, en casas y en la vía pública se han aumentado de manera considerable; los secuestros, las extorsiones, y la violencia contra las mujeres no solo persisten sino que se han extendido a todos los sectores sociales; prácticamente nadie esta exento de haber sufrido daños en su persona o a su patrimonio: el problema se ha normalizado.

La violencia que ha generado la inseguridad es un fenómeno social heterogéneo, sus actores, motivos y características varían en tiempo y lugar; aunque muchas veces las políticas públicas implementadas contribuyen al incremento de ésta, muchos actos de violencia se generan al margen de las mismas, son impulsados por rivalidades entre grupos antagónicos, por la condición de pobreza de la población e incluso por diferencias políticas, ideológicas, religiosas o étnicas: la violencia tiene múltiples causas y manifestaciones.

La sociedad es violenta por naturaleza, la causa es que está conformada por múltiples grupos sociales, con objetivos e intereses diversos y muchas veces confrontados entre sí; es una sociedad cuyos recursos están distribuidos de manera desigual, por lo que no siempre el acuerdo y la negoción son los instrumentos para una convivencia pacifica, sino que acuden a los actos de violencia como una manera de lograr sus objetivos, es por ello por lo que algunos grupos participan y son víctimas de violencia.

La política pública para hacer frente a la violencia ha sido focalizada a combatir al crimen organizado, pero el ejercito y la policía federal no han podido con el problema; dice la teoría de política pública que cuando el gobierno no puede resolver los problemas, la solución está en el mercado, esto significa que se deben cambiar las reglas que regulan la oferta y demanda de todos aquellos productos que hasta ahora han sido considerado como ilegales. El debate tiene tiempo, pero se ha retomado en los lugares de alto turismo, legalizar la mariguana.

Si analizamos algunas políticas publicas de seguridad exitosas en el mundo, por ejemplo las de los países europeos con bajos niveles de criminalidad, estas tiene un factor en común en su diseño e implementación: surgen de la organización de la sociedad, son las policías de comunidad, del barrio y de la colonia, son las policías organizadas y operadas por los gobiernos locales; son estos actores quienes tienen la capacidad de identificar las situaciones sociales de violencia e inseguridad, su nexos de vinculación con la sociedad local se lo permite.

Estas políticas públicas exitosas son diseñadas e implementadas a la inversa de lo que sucede en México, ya que en nuestro país la mayor responsabilidad es del gobierno federal; ejemplo de ellos es el mando único policial, el cual se diseñó y operó con el argumento de la “debilidad local”. Los resultados no son percibidos aún, la violencia va en aumento, al igual que la disminución de la autonomía local, pareciera que la seguridad no es el objetivo, sino el control político, dejando a la sociedad en el desamparo.

Ha llegado el momento de considerar a la violencia como un fenómeno social complejo, generado por múltiples causas, con lo cual se podrá superar el considerar a la sociedad como víctima sino como parte, esto permite impulsar un cambio en la orientación de las políticas públicas; predomina la creencia que la violencia está relacionada solo con la actividad de la delincuencia organizada, pero también tenemos un incremento en los homicidios intencionales no relacionados con ella; la violencia la sufren diversos grupos sociales.

La existencia de diversas “violencias” que no convergen entre sí no demanda soluciones generales y jerárquicas, sino que gobierno y sociedad analicen cada situación y discutir las políticas públicas caso por caso, considerando los diferentes actores y causas que la generan; además es necesario fortalecer el estado de derecho e impulsar una cultura de diálogo, tolerancia y acuerdo, como instrumento para superar las diferencias sociales que llevan a la violencia y reconocer que la verdadera causa es la desigualdad en México.

Fuente: Encuesta Nacional de Victimización y Percepción

sobre la Seguridad Pública (envipe) 2017

Twitter: @jszslp