Insomnes

Me lo encontré ahí, en medio del amontonado y mugrosiento pasillo de un Oxxo desordenado. A últimas fechas, el insomnio, amigo de la familia por generaciones, se ha empecinado en visitarme a mí, que soy mucho menos interesante que mis primos o mis tías. Me tomé un café temprano, pero hice una parada en la tienda roji-amarilla, porque a estas alturas, no me da pena confesar que me gusta la mezcla veracruzana del café Andatti. Afortunadamente ya llegué a la edad en donde decidí quitar lo culposo a cualquier cosa placentera, aunque sea barata y corrientona. 

En medio del pasillo del Oxxo más desordenado del mundo y frente a la cafetera, estaba ese tipo redondito de aspecto desaliñado: pantalón arrugado, camisa blanca de manga corta, desfajada, que me recordó el uniforme de cualquier escuela primaria. Hacía juego con el ambiente. Me saludó sonriente: “-¡Yolanda, qué gusto!, mira dónde nos venimos a encontrar-“. Me costó trabajo reconocerlo, pero en medio de esos cachetes sonrojados, estaba un ex compañero de la universidad. No recordé su nombre. Lo saludé con más pena que gusto, por no poder contestar algo sí, como “¡Qué gusto Luis!”.   “-¿Qué te sirvo? ¿veracruzano?”- Le dije que justamente ese buscaba. “-Fíjate que yo también lo tomo. Soy insomne. Hoy no debo de haber dormido más de dos horas. Me canso, caigo a la cama rendido, pero en el segundo que pongo la cabeza en la almohada, me invaden los pensamientos. Comienzo a contestar demandas, a recordar acuerdos que no han salido en lista, pienso en las citas que tengo que hacer al día siguiente, recuerdo que no compré esponjas para lavar los platos, que no debo olvidar depositarle la pensión a la mamá de mis hijos, porque sí, me divorcié. ¿Ya ves que me casé con Margo, de la facu?, pues nos divorciamos (Para mis adentros me dije que no tenía idea de quién era Margo), todo bien, pero hay que cumplirle puntual porque si no se me pone como pantera. Recuerdo las medicina que quedé de comprarle a mi mamá, los trajes que tengo en la tintorería, si le toca servicio al carro…”  

Sentí una profunda solidaridad con ese hombre que en algún tiempo compartió salón de clases conmigo. Entendí su sufrimiento. Para mí el insomnio inicia con una especie de botón que suelta cualquier cantidad de tarugadas guardadas en  la mente, generalmente inservibles y sin propósito. Si, a veces me mantiene despierta alguna preocupación, otras, escribo columnas completas en la mente. Pero nunca me paro de la cama. No prendo la tele, no leo, no cocino pollos al horno. Me quedo ahí, tratando de no moverme mucho para no despertar a Marcos y abrazo al insomnio porque cada que he tratado de combatirlo, me acaba ganando. Lo único que le contesté a mi ex compañero, es que lo entendía perfectamente. 

“-Luego, me resigno, me paro, contesto la demanda, me hago café (yo sospecho que más bien se toma algo ligeramente más cargadito), veo Netflix ¿ya viste How to get away with murder? Está bien buena. Y me voy de corrido. Hago listas, pongo ropa en la lavadora, compro cosas inútiles de telemarketing (esto último le dio mucha risa) y mira, ahora tengo estos lentes de sol protección mil ochomil de rayos UV. Luego me pongo a ver videos en Facebook. Me encantan los del Doctor Simil bailando. “ Yo lo escuché pensando que al hombre le sobraba cafeína en sistema y le faltaba mucha paz. Le pregunté desde cuándo sufría insomnio. “-Desde Margo. Extraño el bulto a lado. No a ella, pero me malacostumbraron tantos años sintiéndola respirar en la otra almohada. Ya no funcionaban las cosas, y lo mejor que pudimos hacer, fue divorciarnos. Pero extraño la presencia de alguien a lado. Alguien permanente.” Hablaba con los ojos sumidos en el vaso de café con dos sobres de azúcar y un botecito de crema saborizada. Con un revolvedor de madera, veía el torbellino formado en el líquido café, como si estuviera domando su propio torbellino. 

“Pero bueno, no te entretengo más, que ya seguro vas a trabajar, ¿verdad? Y este café corre por mi cuenta. Me dio gusto verte.” Le contesté que igualmente. 

Ahora tengo frente a mí el termo con café dudosamente veracruzano que venden en el Oxxo, y una historia insomnes en el teclado.