Inteligencia de altura

El pasado 3 de febrero se cumplieron sesenta años del alunizaje de la sonda soviética Luna 9. En su edición del 4 de febrero de 1966, el periódico New York Times informaba en su primera plana: “La Unión Soviética logró un aterrizaje suave en la Luna; los británicos dijeron que la nave estaba enviando imágenes de televisión; Moscú estaba jubiloso”.

Si bien la situación cambió hacia el final de la década de los años setenta, hasta el momento en que alunizó el Luna 9, la Unión Soviética adelantaba con mucho a los Estados Unidos en la carrera espacial. Entre otras primicias, la Unión Soviética había sido el primer país en poner en órbita terrestre un satélite artificial, el Sputnik I en octubre de 1957, y el primero en enviar un humano en al espacio, Yuri Gagarin, quién realizó un giro orbital completo a la Tierra en abril de 1961. 

Todo lo anterior, además del ya mencionado alunizaje suave de la sonda Luna 9, el cual, sesenta años después, es nuevamente noticia. Esto, por la posible localización de dicha sonda en la superficie lunar. Con relación a este punto, habría que notar que, contrario a otras sondas y naves que han arribado a la superficie de nuestro satélite, el Luna 9 no ha sido localizado con certeza después de su alunizaje. El Luna 9 tiene la forma de una esfera de unos 60 centímetros de diámetro, con cuatro pétalos triangulares que se abren hacia los lados. En total, el tamaño del Luna 9 es de unos 150 centímetros.

El posible avistamiento del Luna 9 en la superficie lunar es reportado en un artículo aparecido el pasado 21 de enero en la revista “npj Space Exploration”, publicado por un grupo de investigadores encabezado por Lewis Pinault, University College London”, Reino Unido. En su artículo, Pinault y colaboradores emplean imágenes de la superficie lunar tomadas por la cámara del satélite “Lunar Reconnaissance Orbiter” de la NASA, que se encuentra en órbita alrededor de la Luna y ha fotografiado su superficie de manera continua desde 2009. La cámara de dicho satélite puede detectar objetos con tamaños de 25 centímetros. Es decir, cada pixel de la cámara tiene una resolución de 25 centímetros, de modo que dos objetos, uno al lado de otro, con dimensiones menores a 25 centímetros, aparecerán como un solo objeto en la imagen.

Dada esta resolución, y dadas las dimensiones de la sonda Luna 9, obtener una imagen de la misma, no es una tarea sencilla. Con respecto a esto último, escriben Pinault y colaboradores: “Identificar objetos artificiales dentro del vasto conjunto de datos resultante sigue siendo un desafío debido a la variabilidad de la iluminación, los fondos complejos y la pequeña huella en píxeles de muchos objetivos”. 

En estas condiciones, Pinault y colaboradores recurrieron a la inteligencia artificial para analizar las imágenes satelitales de la superficie de la Luna. Para este propósito, hicieron uso de  un algoritmo de inteligencia artificial que originalmente fue diseñado para identificar meteoritos de tamaño milimétrico y micrométrico en fotografías, el cual fue extendido para identificar objetos de tamaño macroscópico; de manera específica partes de naves espaciales. 

Para el análisis de las fotografías de la superficie lunar, Pinault y colaboradores entrenaron al algoritmo de inteligencia artificial con imágenes de los sitios de alunizaje del programa Apolo de la NASA. Como resultado, el algoritmo detectó un sitio en el que se encontrarían los restos del Luna 9, así como otras partes de la sonda que se deprendieron durante el alunizaje, y cuya distribución en las imágenes es consistente con lo que se sabe ocurrió durante el alunizaje. 

De acuerdo con los autores del artículo: “La distribución espacial de estas características coincide en gran medida con las expectativas de la secuencia de aterrizaje del Luna 9. Los registros históricos indican que la nave principal desprendió sus módulos laterales e infló una cápsula con un globo a unos cinco metros sobre la superficie. Los pétalos estabilizadores y las antenas del módulo de aterrizaje se desplegaron pocos minutos después del aterrizaje, y la etapa de vuelo separada probablemente impactó a 100-200 metros de distancia una vez que sus motores dejaron de funcionar. Las múltiples detecciones de algoritmo de inteligencia artificial dentro de este rango de distancia podrían corresponder plausiblemente al módulo de aterrizaje y su cápsula eyectada”. No obstante, Pinault y colaboradores son cautos con sus resultados y concluyen que son necesarias más observaciones para determinar con certeza el sitio en el que se encuentra el Luna 9. 

Señalan, por otro lado, que “La identificación de los posibles restos del Luna 9 subraya el valor de combinar métodos automatizados con el análisis de humanos expertos. Este enfoque colaborativo, ya fundamental para la teledetección terrestre, se adapta perfectamente a la creciente complejidad de los archivos de datos extraterrestres”.