El vino siempre ha estado ligado a una fiesta. Sea por celebrarlo a él, en los ciclos de la vendimia, o celebrar con él, en las ocasiones especiales, ha sido desde el principio de la civilización motivo o medio de festejo y de rito. La semana pasada se efectuó el que ya es el noveno Festival del Vino de San Luis Potosí. Un éxito rotundo.
Enmarcado por la asombrosa arquitectura del Centro de las Artes, el Festival recibió en dos tardes a más de cinco mil visitantes para probar más de cuatrocientos vinos de un centenar de bodegas nacionales e internacionales, junto a productores de quesos y embutidos, cervezas artesanales y hasta mezcales. Además, se ofrecieron catas dirigidas, degustaciones gastronómicas, zona de alimentos muy amplia y espectáculos en un verdadero ambiente de fiesta.
Lo primero que hay que agradecer es la excelente organización del evento. Para los expositores, el numeroso equipo de coordinadores, ayudantes, meseros, elementos de seguridad, vendedores, taquilleros, etc., tuvieron dispuesto todo el tiempo lo necesario para ofrecer a los asistentes una experiencia de cata con toda propiedad, siempre con una atención muy amable y profesional; antes, durante y después del suceso.
Para el público, las instalaciones, espacios, puntualidad, seriedad, recursos, entretenimiento, tampoco fallaron. Por ejemplo, al ingresar, el aficionado recibía una modesta copita, pero podía adquirir una más amplia, conmemorativa, o incluso elegir para comprar entre una gama de copas austriacas para hacer el recorrido por el área de “Wine Tasting”, en donde se brindaban porciones de cata de cientos de botellas. Como líder de este extraordinario grupo, es justo destacar el trabajo de Alejandro Espinosa Abaroa, cuyo amor por el vino lo ha llevado a fundar, pero más importante, a mantener y desarrollar esta preciosa feria que ya se posiciona como una de las más importantes en el país.
En esta ocasión deseo agradecer su invitación a ser parte del jurado en el Concurso de Vinos del Festival Internacional. Es una gran responsabilidad fungir como juez de un concurso, por más importante o humilde que sea. Esa copa que se pone frente a ti es el resultado de años de trabajo, dedicación, ilusión, amor, pasión. Mis respetos para todos los viticultores y enólogos, sin embargo, uno intenta ser lo más profesional y objetivo que puede y unos vinos resultan más logrados que otros. La enhorabuena para todas las vinícolas que participaron en este concurso: en general, las botellas tenían una calidad de media a alta, y hubo algunas sorpresas magníficas.
Una de estas grandes noticias fue que el vino potosino Pozo de Luna Viognier ganó medalla de plata en el apartado de vinos blancos del concurso. Sí, caro lector, un vino potosino superó en un certamen con toda la barba, seriedad y transparencia a vinos de Baja California, Coahuila, Zacatecas, Guanajuato, Querétaro... y resultó mejor apreciado por mis compañeros de un muy serio y competente jurado que muchos otros de diversos países y afamadas regiones. La cata fue a ciegas también, así es que no dependían de nada más que de la calidad sus calificaciones. Ha de saber que este maravilloso blanco es el resultado de la primera vinificación que hizo de esta variedad la bodega Pozo de Luna, que tiene viñedos y bodega propios muy cerca de esta capital, así es que ojo con éste y otros vinos ligados a San Luis que también recibieron reconocimientos en el concurso, Laberinto y Guanamé. Un abrazo para los dueños y los equipos de estas casas: estos premios son una muestra de que lo potosino en particular y lo mexicano en general pueden estar a la altura de cualquiera en el mundo si las cosas se hacen con seriedad, autenticidad, creatividad y con mucho amor. ¡Felicidades!
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