Jaula de hierro

Parafraseando al Federico Engels del clásico “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, el gobierno estadounidense sería una clara muestra del “terrorista colectivo ideal”, toda vez que la Oficina de Inspección General del Departamento de Seguridad Nacional del vecino país del norte, difundió un informe en el que se hace un grave señalamiento de violación sistemática de derechos humanos en perjuicio de migrantes detenidos entre julio del 2025 y enero del 2026, esto es, en un lapso de seis meses, en un Centro de Detención conocido como  “El Alcatraz de Cocodrilos”, ubicado en el estado de Florida, mediante “el confinamiento de 79 personas en recintos individuales de 1.67 metros cuadrados, rodeados de malla metálica con alambres de púas” (en “La Jornada”, 15 de septiembre de 2026). Es decir, en viles jaulas metálicas denominadas “áreas de tranquilización” tenían encerrados a los migrantes, dizque para “proporcionar un lugar seguro y protegido para que los detenidos pudieran reflexionar sobre sus decisiones de conducta, gestionar sus emociones y reducir el estrés, practicando una conducta dirigida a sí mismos” (Ibid.).   

¿Debemos llamarnos a sorpresa por actos aberrantes como esos? No hace mucho comentamos en este espacio, a propósito de lo que siguió después del 11 de septiembre de 2001 en la política imperialista del gobierno estadounidense y que, dos años después, en 2003, se enfiló a librar una guerra por la dizque “justicia infinita” en Medio Oriente y que se tradujo, entre otras cosas, en la detención y confinamiento de soldados iraquíes en los centros de detención de Abu Graib y de Guantánamo, lugares donde se cometieron vergonzantes actos de abuso, tortura y degradación de la dignidad de los prisioneros. No es, pues, algo nuevo; antes bien, se confirma que se trata de los rasgos propios de lo que se conoce como una suerte de “guerra del terror” que impulsa el imperialismo estadounidense en los países en los que interviene como presunto guardián de la democracia y el orden. Es como un terror de Estado que, siguiendo a Miguel Bonasso, es conservador porque va contra intereses populares, y es vergonzante porque, más temprano que tarde, salta la verdad que confirma que se incurre en los mismos excesos y abusos que se niegan en el discurso pretendidamente moralizante.

Con lo hasta aquí comentado, y que no es más que un botón de muestra de lo que sistemáticamente se ha observado como rasgo característico del imperialismo norteamericano en diversas partes del mundo, donde siempre se anda metiendo manos y pies para dejar un desbarajuste bien organizado… ¿se puede entender la estridencia con la que personeros de la derecha opositora en nuestro país piden, a gritos y sombrerazos, la intervención exterior para dizque rescatarnos de los riesgos del siempre mentado, y nunca bien ponderado, “comunismo”? En el fondo de la forma, eso es la expresión de la debilidad de una oposición doméstica que no atina a construir una alternativa viable porque sigue empeñada en agarrarse de lo que haya dentro o fuera del país, como los conservadores del siglo XIX que buscaron en ultramar a su príncipe azul, o como esos conservadores de la clase política de hoy, que se van a Europa a exhibir las miserias de una moral considerada como un árbol que da moras. En suma, volviendo al inicio, ese terror de un Estado que sirve a las élites políticas y económicas de adentro y fuera del país, presentado en jaulas metálicas, es de alguna manera la proyección extrema de la jaula de hierro que Weber señalara como pérdida de la libertad y humanidad en la sociedad capitalista.