La presente colaboración se la dedico a mis alumnas y alumnos de la Facultad de Contaduría y Administración, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quienes me dieron una mirada distinta del primer debate presidencial: el desencanto de las juventudes con las candidatas y el candidato por su desempeño.
Los jóvenes no se sienten representados, están hartos de escuchar ataques, quieren propuestas y reprueban a los contendientes por su comportamiento.
Desde los discursos adultocentristas, indican que a las juventudes nos les interesa la política, es un grave error en el diagnóstico de los baby boomers, los centennials son una generación politizada.
Definitivamente, no les interesa la política partidista por los negativos de los partidos y los procesos antidemocráticos al interior, no quieren ser utilizados. Las juventudes ponen atención al medio ambiente, la vivienda, el empleo, la agenda progresista, la inseguridad y la estabilidad laboral, por citar algunas de sus preocupaciones.
Los centennials no se identifican con la generación de la transición democrática, los argumentos y regaños de intelectuales como Enrique Krauze (véase Cómo alentar el joven, en Reforma) no conectan con sus deseos y necesidades.
Una de las alumnas reprobó la utilización de las víctimas, no les gustó que lucraran con las desgracias; otra alumna señaló que no respondieron las preguntas de la ciudadanía; estaban sorprendidos que se pusieran a leer hasta el mensaje final; todas y todos condenaron las agresiones.
En su mayoría indicaron que Claudia Sheinbaum se presentó disciplinada y preparada, pero no respondió ningún cuestionamiento; destacaron el desempeño de Jorge Máynez, el candidato que más universidades ha visitado; subrayaron que Xóchitl Gálvez se mostró nerviosa y errante.
Ciertamente, las juventudes observaron el debate con excesiva atención, el ejercicio de las aspirantes los desencantó. Diagnostican que la pocas propuestas son financieramente irresponsables, no hay factibilidad presupuestal sin una reforma fiscal.
Es clara la distancia entre las elites políticas (baby boomers) y el voto joven (centennials), quienes asistirán a las urnas resignados, es un fracaso de los partidos. Las candidatas y el candidato le fallaron a las juventudes al no incluirlas en sus propuestas.
Si el voto joven es el gran ausente en 2024 es culpa de los partidos políticos y sus principales representantes, los cuestionados dirigentes que ya aseguraron su pluri.
Las juventudes participan en política todos los días, principalmente, en las redes sociales. Escúchenlos, tienen mucho que aportar al debate público. Su principal demanda es que abandonen las embestidas personales y realicen propuestas.
Profesor de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí