La clave del éxito en las elecciones del 2027 serán las alianzas partidistas. Habrá otros factores con peso, pero la experiencia y los números de este momento apuntan en una dirección: las candidaturas más vulnerables, las más fáciles de derrotar, serán aquellas que vayan en solitario.
Esto lo saben bien políticos experimentados como Alejandro Alito Moreno y Ricardo Gallardo Cardona, lo cual explicaría el reciente guiño de aquel a éste para sentarse a platicar y buscar un entendimiento aliancista. Mención aparte merece el hecho de que tal posibilidad no fue rechazada por el gobernante potosino, en su calidad de jefe real del Verde estatal, sino por la dirigencia nacional de ese partido, que lo hizo en cuestión de horas. Bien a bien no se sabe si el tajante rechazo fue consultado o no con RGC.
La importancia de las alianzas para el año próximo, particularmente en lo que hace a la elección de gobernador(a), se ha ido consolidando a raíz del intransigente empeño gallardista de transitar el camino del nepotismo y postular a su esposa. Podrá conseguirlo, pero en ausencia de alianzas será la derrota la que corone su empecinamiento.
Toda la clase informada sabe que hasta principios de este año la posible alianza cuatroteísta MORENA-PVEM-PT lucía invencible. En sus peores momentos acumulaba poco más del 50 por ciento de intención de voto, y en los mejores rebasaba fácil el 60 por ciento. Con la ventaja adicional de que el sufragio opositor no era un bloque unificado sino que estaba dividido.
Esa expectativa de la aplanadora MORENA-PVEM-PT la desbarató Gallardo con su obcecación nepotista. Y ahí sigue hasta este momento.
Con la configuración derivada de esa ruptura, según encuestas recientes que me fueron mostradas pero que no puedo reproducir ni citar en detalle, Morena va adelante, pero con el Verde-Gallardismo siguiéndolo de cerca. Hablamos de diferencias de un dígito. Sin embargo, ante las sólidas posibilidades de que el partido guinda recupere su sociedad con el PT, una vez que éste salga de su coyuntural apoyo a Sánchez Zumaya, la diferencia con el Verde se ampliará hasta unos 15 o 16 puntos porcentuales, que ya pesan mucho.
Y si además, como todo indica, el Partido Nueva Alianza, que perdió su registro a nivel nacional pero mantiene el estatal, también se alía con Morena, su contribución de dos o tres puntos porcentuales vendría a ser el último clavo en el ataúd del gallardismo nepótico.
Para el Verde gallardista una eventual alianza con el PRI resultaba muy apetitosa, pues éste podría aportarle entre 6 y 8 puntos porcentuales, que representan un valor doble, ya que los suma a su bolsa y los sustrae de alguna otra. Igual sucedería con los del PANAL que definitivamente no irá solo.
Por lo que hace a los restantes jugadores en las elecciones del 2027, la alianza que está en el aire, pero todavía es factible, es la del PAN y el PRI, con todo y los devaneos de Alito con Gallardo. Justo poco antes de la visita del dirigente priista, el liderazgo nacional panista aflojó en su estrategia de no hacer alianza de ningún tipo ni en ningún lado con el tricolor. Ante la insistencia perruna de varias dirigencias locales, de estados donde la unión de esas dos fuerzas políticas hace alcanzables diversos triunfos electorales, flexibilizó su postura. Pasará de la doctrina Brezhnev: "soberanía limitada", a la doctrina Frank Sinatra: "Cada quien a su manera".
En el terreno de lo deseado más que de lo factible, estaría la triple alianza PAN-PRI-MC, que juntos podrían desafiar al resto de los contendientes. El MC no ha definido postura, y lo mismo puede repetir su experimento del 2024 (que no le resultó tan mal) y jugar en solitario, o hacer algunas alianzas estratégicas y selectivas.
Hay algunas cifras oficiales que respaldan lo aquí dicho respecto de la importancia que pueden llegar a tener las alianzas electorales entre diversos partidos, aún y cuando parezcan estar en los extremos del espectro ideológico (como Morena y PVEM, por ejemplo).
En 2021 Ricardo Gallardo Cardona ganó la gubernatura potosina con 458 mil votos (números redondeados), frente a los 400 mil que obtuvo Octavio Pedroza. Es decir, Gallardo superó con 58 mil sufragios a su más cercano competidor.
Sucede, ojo, que Gallardo fue postulado por la alianza PVEM-PT. A la hora de separar las contabilidades de cada partido resultó que el Verde le aportó 382 mil votos (suma con la que habría perdido ante Octavio), pero el PT vino a su rescate consiguiéndole otros 76 mil. Es decir, si RGC hubiera sido candidato únicamente del partido Verde, habría perdido.
En términos porcentuales, Gallardo acumuló el 37.70 por ciento de la votación global, mientras que Octavio Pedroza alcanzó el 32.93. Es decir, el hoy mandatario potosino se alzó con el triunfo gracias a una diferencia del 4.78 por ciento. Menos de cinco puntos porcentuales.
Como simples puntos de referencia: en el 2003 Marcelo de los Santos ganó con el 5.20 por ciento; en el 2009 Toranzo lo hizo con el 3.42 por ciento, y Carreras superó a Sonia Mendoza con el 2.70 por ciento. Como se verá, son márgenes que casi cualquier partido de la chiquillada puede conseguir. Ir en solitario es extremadamente arriesgado.
Me viene a la mente una reveladora frase de la paleoantropóloga española María Martinón Torres, que mutatis mutandis se puede aplicar a lo que políticamente vivimos en estos lares y en estos días. Dice la también doctora en medicina que en la especie humana los más vulnerables no son los débiles ni los enfermos sino los que se quedan solos.
En cuanto al hecho de que el rechazo categórico a cualquier arreglo con el PRI haya surgido de las oficinas nacionales y no de las locales del Verde, la explicación me parece que es simple: En medio de delicadas y complejas negociaciones con Morena que tienen que ver con 17 gubernaturas y 500 diputaciones federales, lo último que necesitaban los del Tucán era sentarse a platicar con el crítico más duro y derogatorio de la 4T en general y de la presidenta Sheinbaum en particular. (Alito es de los principales promotores de los conceptos narcoestado, narcogobierno y narcopresidenta).
POR POQUITO QUE SEA
Varias veces a lo largo del tiempo he escuchado el argumento de que nuestro querido estado tiene poco peso en el mapa político nacional, ya que los potosinos apenas representamos algo más del 2 por ciento del padrón electoral y prácticamente lo mismo de la población del país. Últimamente lo he escuchado con más frecuencia como parte de los argumentos que tratan de explicar por qué el gobierno federal muestra tanta indiferencia ante la problemática de la vida pública potosina, llámese desorden administrativo, endeudamiento desmedido, obras mal hechas, negocios sin límites y empeño titánico en constituir un cacicazgo del más rancio estilo.
"No pintamos en el escenario nacional, por eso ni nos pelan", escucho decir cada vez más seguido y con tonos de depresión y tristeza más marcados.
No comparto esa visión. Me parece miope y escapista. En términos de población (igual que de padrón) somo el estado número 19, con 2 millones 979 mil 775 mil habitantes al finalizar 2025, según las proyecciones del Consejo Nacional de Población basadas en el censo nacional del INEGI.
Lo anterior quiere decir que después de nosotros hay trece entidades más pequeñas por lo que hace a población y padrón electoral. Desdeñar nuestro 2.2 por ciento en ambos rubros implicaría menospreciar todavía más a esos estados que nos siguen. Desde luego que sería una soberana estupidez: estas catorce entidades federativas, incluidos nosotros, representan un listado de votantes superior a los 19 millones, equivalentes al 18.5 por ciento del total nacional.
Con esa miopía, ¿qué les depara el destino a Nayarit, Campeche, Baja California Sur y Colima, con menos del uno por ciento del padrón? Esto, cuantitativamente. Pero igual se puede adoptar un enfoque cualitativo: Sinaloa con sus 3 millones 187 mil 466 pobladores, es apenas un 7 por ciento más grande que San Luis, pero está convertido en el principal dolor de cabeza de la federación, tanto políticamente como en materia de seguridad pública y violencia desbordada.
Tampoco conviene olvidar que en 1961, cuando éramos igual un estado abajo de media tabla, con similares porcentajes, tuvo que venir el primer batallón blindado de Puebla para asegurar la toma de posesión de un gobernador. Los tanques estuvieron en lo que en aquel entonces se llamaba Primer Cuadro de la Ciudad, y se montaron ametralladoras en cada esquina de la plaza de armas.
(Ya dijimos que las cifras demográficas provienen del Consejo Nacional de Población, que basa sus proyecciones en los censos oficiales que realiza el INEGI. Por lo que se refiere a los números relativos al padrón electoral, corresponden a la actualización del pasado 20 de agosto, publicada por el INE en su página oficial).
COMPRIMIDOS
La presidenta Sheinbaum estará con nosotros en estos días. Viene a impulsar la difusión de su segundo informe de gobierno y a mantener su cercanía con la gente. Les voy a decir a qué no viene: no viene a negociar candidaturas con Ricardo Gallardo; no viene a hacer sentir su pleno, total e incondicional apoyo a todo lo que hace el gobernador; no viene a felicitarlo por la feria marca diablo que organizó, ni viene a decirle que está bien, que sea Ruth. Nada de eso.
Por lo que se ve, Xavier Nava Palacios, desde su posición de dirigente del nuevo partido Somos (el INE le quitó el Mx) piensa cumplir a cabalidad su propósito de ser un dolor en salva sea la parte para el gobierno gallardista y su excrecencia el PVEM potosino. Su último lance, demandar por actos anticipados de campaña al secretario de Cultura Juan Carlos Torres Cedillo, a la senadora Ruth y al propio Verde, tiene solidez, información incontestable y sustento jurídico. El Ceepac y el Tribunal Estatal Electoral podrán honrar su condición de sumisos abyectos, pero el asunto irá a instancias federales y allá si quién sabe cómo vean el asunto.
El sometimiento de las autoridades electorales locales al gobierno gallardista comienza a ser muy peligroso. Si en estos escarceos previos a la jornada electoral, consistentes sobre todo en actos anticipados y cosas por el estilo, continúan exhibiendo su vasallaje y agachonería ante el Ejecutivo estatal, llegaran al primer domingo de junio próximo entre el descrédito institucional y el desprecio popular. Organismos electorales tan infamados no servirán para nada a sus patrones y pueden provocar más problemas que soluciones.
Hasta el próximo jueves.