ONDAS En memoria de doña Rosita, espléndido ser humano.

El origen está en la Ciudad de México, en tanto que sede de los poderes federales y de las dirigencias nacionales partidistas, pero las ondas concéntricas se expanden y llegan con fuerza hasta estas tierras. A partir del lunes pasado se comenzó a impulsar una narrativa dura y poderosa: los partidos Verde y del Trabajo se transfiguraron de supuestos aliados en secuestradores y chantajistas. Si no modifican su postura frente al proyecto presidencial de reformas electorales, su alianza con Morena se hará pedazos, lo que impactará principalmente en las elecciones del año próximo, comenzando por la de gobernador(a) aquí.

Todavía no se sabe en qué terminarán los desencuentros al interior de la 4T, pues apenas la versión final de la iniciativa de modificaciones constitucionales estará llegando al Congreso. Sin embargo, los posicionamientos son claros. La presidenta Sheinbaum no está dispuesta a ceder en lo que PVEM y PT pretenden precisamente que ceda: que las diputaciones y senadurías plurinominales se entreguen como hasta ahora y que no se reduzcan los recursos económicos que se entregan a los partidos.

A propósito de la narrativa mencionada, vale la pena leer las colaboraciones de esta semana, en los periódicos Milenio y El País, de las analistas Viridiana Ríos y Vanessa Romero, así como la de Jorge Zepeda Patterson. Los tres tienen acceso a las alturas de la 4T, con cuyo proyecto simpatizan sin ditirambos.

En esencia, lo que plantean es que vista la negativa verde y petista a respaldar su proyecto reformista, la presidenta Sheinbaum decidió aparentemente doblar la apuesta. ¿Cómo? Enviando de todas maneras la iniciativa, aun si es inevitable su derrota por la defección de los supuestos aliados, para con ello cumplir su compromiso de campaña y demostrar en los hechos que prefiere una derrota legislativa a arreglos vergonzantes.

Lo de aparentemente se explica porque según esa misma narrativa no hay tal interés en únicamente exhibir a los aliados tóxicos en sus miserias políticas y partidistas. La verdad sería una maniobra con mucho más fondo y peso: aprovechar el motivo de la reforma electoral para romper definitivamente cualquier alianza con verdes y petistas, que en realidad han crecido del 2021 a la fecha por su asociación con Morena. Y si eso le hacen ahorita al partido guinda cuando es el más fuerte ¿qué no le harán si en el 2027 aumentan su número de diputados y senadores?

Más adelante reproduciré algunos párrafos autoría de Ríos, Romero y Zepeda Patterson, junto con los de otros analistas, que me parece ilustran muy bien lo que parece ser un proyecto político de gran calado. Por ahora, quisiera poner el foco en las ondas concéntricas que nos alcanzan.

En la Cámara de Diputados, Morena cuenta con 253 miembros. La mayoría calificada (dos terceras partes de 500) se alcanza con 334 votos. En, consecuencia, al partido de la Presidenta le hacen falta 81 diputados. El Verde cuenta con 62 y el PT con 49. Son 111 entre ambos, con lo que les alcanza y sobra. Pero, ojo, si se quiere que la iniciativa prospere, la tienen que respaldar los dos aliados incómodos. Es decir, bastaría con que uno se negara para que no se logren los 334.

No definirán nada, salvo que hubiera divisiones internas en el partido del tucán, pero conviene recordar que el gallardismo potosino cuenta con seis diputados federales que lo representan (tres de mayoría relativa: Chiquis Fernández, Oscar El Cochiloco Bautista y Juan Carlos Valladares Eichelmann, y tres plurinominales: Ricardo Gallardo Juárez, María Leonor Noyola y Graciela Gaitán Díaz). Reitero: salvo que por desencuentros intrapartidistas esos seis votos se volvieran definitorios, no tienen peso.

Pero la pregunta inevitable es qué va a hacer Ricardo Gallardo Cardona con esos seis votos, que todo mundo sabe obedecen sus directrices políticas. Si institucionalmente el PVEM decide apoyar la iniciativa presidencial como viene, no hay mayor problema, pero si la línea del Niño Verde y El Güero Velasco es votar en contra ¿se va a ir por ahí Gallardo? ¿A exacerbar la animosidad en su contra?

Pero el verdadero punto crítico estará en el Senado. Toda reforma constitucional debe ser aprobada por diputados y senadores. En la llamada Cámara alta, la mayoría calificada requiere de 86 votos. La 4T cuenta con 87, exactamente: 67 de Morena, 14 del Verde y 6 del PT. Si pierde dos, la iniciativa no pasa. Esos son precisamente los senadores que RGC carga en la bolsa: su esposa y su escudero Hernández Villafuerte. Si una modificación constitucional no se aprueba en las dos cámaras, no pasa. 

A la hora de la verdad, ¿qué va a hacer con sus diputados y senadores? Por supuesto que mucho dependerá si hay acuerdos entre las cúpulas partidistas, pero ¿y si no? Ojalá sepa jugar ajedrez.

Finalmente, no quiero dejar de subrayar las declaraciones hechas el jueves pasado por la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde: en definitiva Morena ni postulará ni acompañará candidaturas de familiares, es decir, nepóticas. Incluso dijo algo así como que "si no vamos a postular familiares de nuestros militantes, menos los de otros". Seguramente aquí quedó muy bien entendido. Si insisten en transitar el camino del nepotismo, irán solos.

DICEN OTROS

Dice Viridiana Ríos (entre otras muchas cosas), que la reforma electoral no va a pasar y que Sheinbaum la presentó sabiéndolo. "...la Presidenta enfrentó una disyuntiva: presentar una reforma descafeinada que pretendiera cambiarlo todo para dejar todo igual, o presentar una reforma que reflejara la verdadera visión de la Presidenta, pero que fuera rechazada por el Verde y el PT. Escogió la segunda".

Agrega: "La Presidenta presentó la reforma electoral como señal de que la alianza Morena-Verde-PT ha terminado. No se trata de que los votantes ´se darán cuenta´ de que el Verde y el PT no valen la pena, sino de que Morena, estratégicamente, dejará de movilizar a sus simpatizantes para apoyarlos. Ambos tendrán que adquirir votos por cuenta propia y probar, si es verdad, que tienen la fuerza que creen. Ensoberbecidos, el Verde y el PT no han tomado nota, pero esta decisión presidencial es un balde de agua fría para ambos". 

Sostiene que tanto el Verde como el PT "han crecido, en gran medida, gracias a la triangulación de votos de Morena hacia ellos". Concluye que "Así, para Sheinbaum, la batalla por la reforma electoral, más que una lucha por cambiar cómo se eligen candidatos, es una pelea por cerrarle la puerta de acceso al poder a los políticos corruptos".

Por su lado, Zepeda Patterson considera que en la discusión política de estos días "...llama la atención el as bajo la manga que ha extraído Sheinbaum a partir de este entuerto. Su empeño en pasar la iniciativa de ley, a pesar de que, todo indica, será derrotada, parecería buscar un consuelo honorífico. Hacer que PVEM y PT ´muestren el cobre´ frente a la opinión pública, al rechazar los cambios y mantener así sus privilegios y prácticas viciadas. Pero en realidad va mucho más allá de eso. Al hacerles pagar una factura política frente al votante, Sheinbaum dobla su apuesta para disminuir el peso de estos partidos".

Continua: "Uno de los objetivos de la reforma era justamente ese. Reducir la fuerza que adquirieron PVEM y PT gracias a su alianza con Morena y la dependencia crónica que eso ha generado. El acuerdo había sido necesario para López Obrador con tal de conseguir reformas constitucionales claves para la 4T durante el primer sexenio. Pero se pagó un alto precio: los dos partidos negociaron posiciones en el Congreso y aumentaron su presencia, lo cual a su vez incrementó la dependencia del gobierno para conseguir los votos necesarios para sucesivas reformas. En algún momento había que romper un círculo vicioso que se acentuaba con el tiempo...".

Vanessa Romero escribe en El País que la alianza electoral del PT y con el Verde, "situó a dos partidos menores en la habitación correcta. La del poder...".

"Gracias a ese atajo, dos partidos camaleónicos -de identidad incierta, convicciones elásticas, pragmáticos y herméticos- pudieron presentarse como parte de la renovación política de Andrés Manuel López Obrador...", dice también. 

Continúa: "Después de verse en un espejo, a los títeres les pareció ser otros. No vieron el reflejo de la marioneta de siempre -partidos satélites de representación minoritaria- sino a aliados indispensables para reformar la Constitución. Así de cuántico fue su saltito". 

Concluye: "... No es sorpresa que la identificación del electorado con las marionetas haya crecido apenas unas décimas desde el 2018, según Enkoll. La chispa de vida no es propia, es prestada...".

Ernesto Núñez, periodista de la redacción de El País en la Ciudad de México, publicó ayer un amplio reportaje sobre la temática que nos ocupa, cuyos encabezados bastarían para ubicar el tratamiento del asunto: "De aliados a escollo: la rebelión del PT y PVEM en contra de la Reforma Electoral. Los aliados de Morena cargan con un historial de escándalos, opacidad y liderazgos verticales".

Hace dos o tres semanas, escribimos en este mismo espacio que nuestro país estaba inmerso en un problema político inédito durante los últimos 90 años. Desde hace casi un siglo no se ponía en duda que el único que mandaba, bien, mal o peor, era el Presidente de la República. Este pernicioso fenómeno de duda se extiende cada vez más en la conversación pública nacional.

Se alimenta de acontecimientos como los que enlistó hace una semana, en un programa televisivo de opinión, el politólogo Carlos Bravo Regidor. Enumeró: Adán Augusto dejó la coordinación en el Senado, pero se quedó con el escaño, el fuero y tareas partidistas; Gertz Manero repeló para abandonar la FGR y aceptó hasta que le dieron una de las embajadas más pomadosas que tiene México. El alcalde de Tequila cayó a la cárcel por delincuente, pero lo sustituyó la regidora que era su brazo derecho; el inefable Francisco Garduño aceptó abandonar el Instituto Nacional de Migración, hasta que le dieron una dirección general en la Secretaría de Educación Pública. Marx Arriaga se salió de su oficina en la SEP hasta que quiso, pero no sin que antes la propia Presidenta lo defendiera en una mañanera y después también de rechazar una embajada. 

Y no se dijo nada del huachicol fiscal o de que Salinas Pliego pagó sus deudas fiscales, pero con un descuento del 40 por ciento, un abono como de la tercera parte y 18 pagos chiquitos.

Sería demoledor prolongar la lista con un "el Verde y el PT hicieron fracasar su reforma electoral, pero la doctora Sheinbaum le volvió a besar la mano al Güero y le aumentó el subsidio a los planteles educativos que maneja la familia del líder del PT".

             Hasta el próximo jueves.