Justicia Sí, Venganza No

Durante la última semana fuimos testigos a través de las redes sociales de la viralización de un video grabado al interior del transporte público en el Estado de México, la escena de la “combi” ya le ha dado la vuelta al mundo generando un sinfín de comentarios en los que, con incredulidad, la mirada extranjera pregunta si eso en realidad ocurrió o es producto de un documental, lamentablemente no es una película, es el México real, según cifras oficiales de 2015 a 2018 el robo en el transporte público se incrementó 700% en los municipios de Nezahualcóyotl, 234% en La Paz y 219% en Chimalhuacán, todo esto en el Estado de México, de acuerdo con las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

Es decir, que una persona trabajadora que durante su semana laboral emplea ese medio de transporte, tiene muy altas posibilidades de que entre el lunes y el viernes pueda ser víctima de este delito cuando menos una vez. 

De ahí que la expresión “ya se la saben” del vapuleado ladrón de la combi no esté alejada de la realidad, por supuesto que miles de habitantes de la zona metropolitana que han sido víctimas en más de una ocasión están conscientes del alto riesgo que implica subir al transporte público, lo que ha tenido por consecuencia que algunos ciudadanos decidan viajar armados, con los desenlaces ya también conocidos. 

En este contexto vale reflexionar sobre la cadena que generan este tipo de robos que se cuentan por miles; de haber logrado su cometido, ¿qué les habría robado el fallido ladrón a estos pasajeros?, seguramente teléfonos celulares, dinero en efectivo, reloj, quizá alguna alhaja. 

Después él y su socio se habrían repartido el efectivo y posteriormente acudirían con algun tercero a vender o empeñar a precio ínfimo los objetos sustraidos, para en cuestión de horas estarse ofertando en la informalidad o hasta en negocios establecidos. 

El hilo conductor es simple, la cultura de la ilegalidad en el comercio permite la oferta de estos productos y el problema se advierte con claridad, si la oferta existe es porque también hay demanda, es entonces un círculo vicioso que permite mantener a la alza el robo y el producto obtenido de este delito se oferta libremente y se adquiere en el mercado, ante la mirada pasiva de la autoridad. 

Pero amable lector le tengo tres preguntas: ¿qué habría pasado si los mal llamados “héroes de la combi”, una vez sometido el atracador, lo hubiesen puesto a disposición de la autoridad competente?, ¿qué pasaría si de una correcta investigación de la Policía Científica no sólo se logra sentencia condenatoria al responsable, sino además se desarticulara la cadena comercial que generan los productos robados?, pero lo más importante, ¿qué sería del vendedor de productos robados, si no tuviera clientes?. 

Sin duda, las respuestas en el marco del deber ser, nos conducen a un escenario de legalidad donde el Estado de Derecho prevalece, pero un video ha evidenciado absolutamente todo lo que muchos ya no queremos para nuestro país. 

Los pasajeros de la combi no son héroes, son personas desesperadas que ante la impunidad que genera la indolencia de la autoridad pasaron de víctimas a victimarios, que estuvieron a nada de convertirse en homicidas y dejar en el desamparo a sus familias, su rabia es entendible, la violencia injustificable. 

En este contexto el policontundido ladrón, representa al integrante de la sociedad que ha optado por el gandallismo y cual mitológico uróboro es devorado por si mismo. 

Esta tragedia social, porque lo es; necesariamente debe conducirnos a plantear si algún día tendremos como ya sucede en Suiza por ejemplo, una oficina municipal de objetos perdidos (Fundbüro), donde la honestidad es costumbre y las personas entregan objetos extraviados, adivinó Usted querido lector, hasta aquellos que se olvidan en el transporte público. 

Twitter @Jorge_Andrés78. 

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