Mis amigos son unos atorrantes
Se exhiben sin pudor, beben a morro
Se pasan las consignas por el forro Y se mofan de cuestiones importantes
J.M. Serrat (1981)
Juan Manuel Serrat escribía hacia la década de los 80´s la canción “Las malas compañías” para describir las amistades que, mal portadas y todo, eran nobles y leales (“mis amigos son gente cumplidora”, dice la canción).
Serrat, para quienes de él saben poco o nada, es un cantautor español cuya expresión artística se encuadra en las luchas por la libertad y la justicia social de las décadas de los sesentas y setentas.
La referencia en el presente artículo a la canción de - las malas compañías – no tiene el sentido al que originalmente aludía Serrat sino, por el contrario, pretende destacar el sentido atorrante de quienes detentando el poder y/o de quienes a él aspiran, pretenden burlarse del sentido común con expresiones leguleyas para desestimar conductas inapropiadas (en el mejor de los casos) y/o ilegales, (en lo peor de los casos).
Atorrante es un término de uso común en América del Sur, particularmente en Argentina y Uruguay, con el cual denominan a las personas vagabundas, perezosas y/o desvergonzadas.
Es en este último sentido en el que tomamos la acepción: personas desvergonzadas que detentan el poder y/o luchan por él, exhibiéndose sin pudor, cruzando las normas, leyes y cuestiones importantes sin ningún reparo. Con total deslealtad a su palabra empeñada públicamente.
Es decir, nos referimos a quienes han perdido amistad con su palabra o, de quienes nunca han conocido la lealtad a lo que expresan.
Si bien la noción de “verdad” transita en nuestros días entre lo que puede ser creído, lo que se publica en las redes y lo que enuncia el poder; subyace a ello un sentido común que, por citar un ejemplo, le llama ratero a quien toma lo que no le pertenece o, a quien de pronto ya no puede ocultar lo que no tenía y lo explica con una lógica fantástica; que va de herencias, a regalos o sorprendentes negocios inéditos.
Dice la canción: Mis amigos son unos malhechores / Convictos de atrapar sueños al vuelo…
Serrat, interpreto yo, describe a quienes, como él, desafiaban el orden establecido en una sociedad que transitaba el cambio del control del Estado sobre la sociedad a una sociedad con mayores libertades e inclusión social.
La desvergüenza de la que habla Serrat, se refiere a quienes resistían al poder que excluía. Se refiere a una actitud que negaba la reproducción del orden social prevaleciente que lucharon por cambiar.
Hoy, la atorrancia que se cuela en las redes y/o en los medios, no es aquella que desafío al poder para transformarlo en uno más justo sino, una atorrancia desde el poder mismo y por el poder; para hacer del poder un modo de vida. Para ser chingones.
“Mi santa madre / Me lo decía / “cuídate mucho, juanito / De las malas compañías”
Frente a la atorrancia, el sentido común juzga, aunque no denuncie en tribunales.
El sentido común se imbrica y deviene en la negación de aquello que lo niega.
joseramonuhm@hotmail.com