La burocracia y la “4ta. transformación”

¿Cuál es el rol o el papel que juega la burocracia pública en el proyecto de nación que se ha planteado la nueva administración federal?

Hace algunos días, en una oficina estatal ubicada en un municipio del estado, me tocó presenciar el “mal-trato” con el cual un empleado de gobierno atendía a una señora de edad avanzada en una oficina recaudadora de impuestos. Y, como efecto de ello, también escuché el comentario de otra persona que, siendo testigo y a manera de queja y de desahogo a su frustración dijo: “¿esto es la cuarta transformación?...”- buscando la mirada de entre quienes ahí hacíamos fila.

Desde luego, esta experiencia particular, en una reflexión lógica correcta, no nos permite ir a una generalización y afirmar, en consecuencia, que ‘esto ocurre en todos los servicios de gobierno’. No obstante, esta experiencia puede coincidir con tu experiencia o la que te ha contado tu familiar o tu amistad, y, por lo cual, nos permite enfocar una parte de la realidad de la administración pública.

¿Quién sabe, por ejemplo, cuál es el grado de satisfacción de usuarios de los servicios públicos? ¿Cuál es la relación de la burocracia con las políticas públicas? ¿Hay alguna diferencia entre burócratas y políticos?

En este contexto, parece importante asomarnos a un tema del que no proliferan estudios sistemáticos y que, posiblemente, sí es necesario analizar; particularmente, en el contexto que se forma a partir del slogan que motivó la expectativa de cambio gubernamental que se identifica como ‘la cuarta transformación’ y ‘el posible o imposible cambio en las instancias de gobierno’ constituido por una compleja realidad llamada burocracia.

La cuestión es plantear que, entre los políticos que buscan los votos y logran llegar al poder político constituido en gobierno y, el público usuario de las instancias del gobierno, existe una estructura conocida como burocracia, cuya operación no es, necesariamente, igual; pues la lógica a la que responden las acciones de unos y otros son diferentes.

Este no es el espacio para abordar el tema en forma amplia y profunda pero sí, en cambio, para motivar la reflexión sobre el mismo, ya que, con frecuencia, identificamos a la burocracia pública sólo con los empleados de gobierno que atienden directamente al público desde una ventanilla o escritorio. Al hacernos esta representación perdemos la mirada sobre la compleja red de empleados de gobierno que constituyen la burocracia y sus diferentes niveles de gobierno: federal, estatal y municipal.

Una característica de la organización burocrática en cualquiera de sus tres niveles es su estructura jerárquica donde, quienes atienden al público, suelen ser los de menor rango y, por lo tanto, obedecen más las órdenes de su inmediato superior que a la posible normativa de atención al público (si es que existe tal normativa y/o, en el caso de que exista, si está disponible su acceso al público sin restricciones tramposas).

Los burócratas que atienden directamente al público y que brindan un mal servicio, pueden hacerlo porque existe impunidad a tal modo de trabajar; entendiendo ‘trabajo’ como ofrecer una actividad a cambio de un salario e ‘impunidad’ a la falta de sanción a lo que se considera una falta.

Esto es, el mal servicio de la burocracia pública que atiende al público se da en relación directa al grado de permisibilidad de sus autoridades (quienes también forman parte de la burocracia en otro nivel). En tal sentido, la lógica de la conducta del burócrata está dirigida, en primer lugar, a no entrar en conflicto con sus superiores para conservar su trabajo, luego, a congraciarse con la jerarquía para mejorar su posición en la estructura burocrática y, en consecuencia sus ingresos; sin priorizar la demanda del público.

Mientras que, en el caso de los políticos, la lógica de su acción es convencer a los electores de que sus propuestas de gobierno serán favorables a sus intereses y que, de obtener su apoyo y convertirse en gobierno, transformarán las propuestas de campaña en políticas de gobierno.

Algunos políticos que logran el poder político y se transforman en gobernantes cumplen en transformar sus propuestas de campaña en políticas de su gobierno. Algunos no.

Enfoquemos nuestra atención en los políticos convertidos en gobierno que sí cumplen y transforman sus promesas en políticas y planes de gobierno; digamos que han cumplido a sus electores pero, esto no significa que el ciudadano vea satisfechas sus necesidades y/o sus expectativas pues, su relación con el político es como elector y la relación con el gobierno es como usuario (solicitante) o contribuyente (obligado); pero, no como mandante.

La política de gobierno plantea objetivos, metas y normas de operación (dicho en forma simple pero políticamente correcta: ‘teorías’; dicho de forma popular: ‘puro rollo’), mientras que, la administración de gobierno requiere recursos (humanos, materiales y financieros) para la ejecución de dichos proyectos convertidos en políticas.

Es posible que, quienes encabezan ‘la cuarta transformación’ cumplan con transformar las promesas en políticas y planes de gobierno y que, con el objetivo de lograrlo provean de recursos materiales y financieros necesarios siguiendo como estrategia el ataque frontal al robo de los recursos materiales y financieros del gobierno; sin embargo, el factor humano necesario para lograr la satisfacción de los ciudadanos, descansa en una estructura burocrática que no tiene la misma lógica de quienes encabezan el propósito transformador.

La burocracia pública es una estructura de poder dentro del poder del Estado, cuya lógica de acción no es necesariamente la lógica de la clase política que, convertida en gobierno, conforma otro elemento de la misma estructura estatal.

Esto es, los gobiernos del Estado-nación (en sus tres niveles: federal-estatal-municipal) está formado por una estructura común de la que podemos identificar, por lo menos, dos partes: la clase política que busca el poder de gobierno por medio del voto y la clase burocrática que detenta el poder a través de un mecanismo de selección en la que la ciudadanía poco o nada tiene que ver y, sin embargo, son eslabón entre las políticas y las necesidades concretas de usted, de nosotros: de la ciudadanía en general. Quizá por ello sería pertinente conocer un poco más sobre esa compleja realidad de una clase muy poco analizada sistemáticamente.

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