La calidez humana ¿se enseña o se hereda?

La calidez no es estrategia… es cultura 

(y empieza por los jefes)

Hoy tuve la oportunidad de estar presente en la Universidad Autónoma de Manizales (UAM) en Colombia, compartí con alumnos una clase de Investigación de Mercados, a través de una conferencia les compartí sobre el modelo IKIGAIDEX y cerré la visita con una reunión entre personas claves de la UAM, compartiendo temas de gran interés y profundidad tales como internacionalización, movilidad académica, investigación entre otros. La experiencia fue extraordinaria. Recibí una atención impecable, apertura intelectual, interés genuino y una hospitalidad que no se fuerza… se siente.

Cabe señalar que dentro de la conferencia recibí varias preguntas enfocadas a como incrementar la motivación de los colaboradores, lo que inmediatamente me llamó la atención y llego a la conclusión de que todas las empresas sin importar el lugar en que se encuentren van a tener problemas en diferentes ámbitos. 

Ese contraste merece una reflexión detallada.

¿Cómo puede coexistir una cultura social cálida con micro culturas organizacionales autoritarias?

La respuesta es incómoda: porque la calidez social no garantiza liderazgo consciente.

El mito del jefe duro

En muchos entornos empresariales latinoamericanos todavía sobrevive una narrativa antigua:

• “Si no aprietas, no te respetan.”

• “El miedo motiva.”

• “Aquí se viene a trabajar, no a ser amigos.”

• “Que te soben la espalda en tú casa,tu tienes que cumplir con tus actividades y metas”

• Etc.

Lo que la evidencia moderna demuestra es lo contrario, no solo porque debes de tratar mejor a las personas sino porque las nuevas generaciones son poco tolerantes a recibir tratos de este tipo y prefieren renunciar antes de pasarla mal en un trabajo.

El miedo no genera compromiso. Genera obediencia mínima. Y la obediencia mínima no construye culturas sostenibles.

Liderar no es dominar

Un jefe duro, grosero y hasta prepotente puede imponer resultados a corto plazo. Un líder consciente construye resultados a largo plazo. Gran parte del problema es que en la mayor parte de las ocasiones los jefes no se dan cuenta de que su comportamiento provoca estas situaciones y cuando se dan cuenta, lo justifican diciendo que era necesario y que ya vendrá alguien que se adapte a su estilo.

La diferencia está en algo sencillo pero poderoso: dignidad. La dignidad no es un lujo corporativo. Es una condición humana básica.

Cuando un colaborador es tratado con respeto:

• Se activa su creatividad.

• Se reduce su resistencia.

• Aumenta su compromiso.

• Mejora la experiencia del cliente.

• Mejora su productividad.

Lo que aprendí hoy

En Manizales confirmé algo que también aplica para México:

• La calidez no es debilidad. La cortesía no resta autoridad. La empatía no reduce exigencia.

• Se puede ser firme sin ser ofensivo. Se puede exigir sin humillar. Se puede liderar sin gritar.

• Y esto conecta directamente con IKIGAIDEX: cuando las personas pierden sentido en su trabajo, no es por exceso de tareas; muchas veces es por ausencia de respeto.

La pregunta incómoda

Si una empresa quiere crecer, innovar y vender más, debe empezar por una revisión interna:

¿Nuestros líderes construyen dignidad… o generan miedo?

Sin embargo, en muchas ocasiones los líderes son quienes optan por no hacer ese tipo de mediciones principalmente por miedo a que sean evidenciados o justificando que no son muy realistas en la forma de calificar a sus jefes y que exageran en su exigencia, por lo que terminan calificándolos mal y desacreditan este tipo de herramientas.

El mercado puede perdonar errores operativos. Pero el talento no perdona ambientes tóxicos.

He encontrado una enorme calidez en Colombia estos días. Ojalá esa calidez no se quede en la vida social y pueda permear también en las organizaciones. Estoy seguro de que si tuviéramos esa calidez que les sale de manera natural, bien enfocada podría ofrecerse un servicio de calidad excepcional.

El verdadero desarrollo empresarial no está solo en la estrategia. Está en la forma en que tratamos a las personas. Y eso empieza por quien dirige.

Aprovecho a agradecer a todas las personas (especialmente a la maestra Marcela Carvajal) que me ayudaron y me atendieron excelente y sobre todo me inspiraron para el artículo de esta semana.