Las principales agencias calificadoras como Fitch Ratings, S&P Global Ratings y HR Ratings mantienen la nota soberana de México en grado de inversión (BBB- o similar) con perspectiva estable al mes de abril de 2026; situación que indica confianza en el entorno macroeconómico, finanzas públicas sólidas y una política monetaria prudente por parte del Banco de México. Por su parte, la agencia calificadora Moody’s Ratings mantiene una calificación de Baa2 con perspectiva negativa y grado de inversión, refleja la solidez crediticia, pero advierte sobre riesgos por un menor crecimiento económico, alto déficit fiscal y presiones financieras de PEMEX.
La calificación soberana es una evaluación independiente por parte de agencias calificadoras sobre la solvencia y capacidad de un país para pagar sus deudas. Es un indicador del riesgo de inversión y se divide generalmente en grado de inversión (bajo riesgo) y grado especulativo (alto riesgo). Es decir, una nota alta sugiere un riesgo bajo o menor costo de la deuda, mientras que una nota baja refleja un mayor riesgo. Entre los aspectos que se evalúan al otorgar una calificación soberana se encuentran la estabilidad económica (crecimiento, inflación, tasa de desempleo, déficit fiscal), ingresos fiscales, deuda externa, reservas internacionales y factores de riesgo político. Esta calificación impacta el costo del endeudamiento del país en mercados internacionales y la confianza de los inversionistas extranjeros.
Las fortalezas que han mantenido una calificación soberana de grado de inversión en México se centran en una política monetaria y fiscal prudente, destacando la credibilidad y autonomía del Banco de México, que ha impulsado una política proactiva para controlar la inflación y evitar intervenciones cambiarias. México refleja finanzas externas sólidas, al contar con una línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de los EE.UU., lo que le garantiza un colchón de liquidez. Otro aspecto para destacar es la relación comercial y su integración con América del Norte, mientras que la relocalización de cadenas productivas se consideran ventajas estructurales para el crecimiento a largo plazo.
Entre los factores de riesgo que pudieran ejercer una presión sobre la calificación soberana de nuestro país se encuentran el limitado crecimiento económico, lo que refleja debilidades en infraestructura y productividad, los riesgos fiscales por una creciente presión sobre las finanzas públicas debido al alto costo de las pensiones, subsidios y carga financiera de PEMEX, la incertidumbre política e institucional, particularmente por el deterioro en el clima de negocios tras las reformas al Poder Judicial, la inseguridad, el incremento en la deuda pública y la posibilidad de un incremento en el proteccionismo estadounidense o la renegociación del T-MEC que podría impactar en las exportaciones.
Para que México mantenga o mejore su calificación soberana y brinde mayor confianza a los mercados, podría enfocarse en las siguientes líneas de acción: 1) reducir el déficit público para garantizar que el gasto sea sostenible a largo plazo; 2) incrementar la base de recaudación tributaria y disminuir la informalidad laboral; 3) lograr la independencia financiera de PEMEX y reenfocar la estrategia en exploración y producción, en lugar de refinación; 4) garantizar la certidumbre jurídica para la inversión privada; 5) impulsar la inversión en energía y agua; 5) aprovechar el nearshoring creando incentivos para la integración de pequeñas y medianas empresas locales en las cadenas de suministro globales.
Si México logra equilibrar estas variables, no solo asegurará su grado de inversión, sino que podrá alcanzar una mejor calificación. De lo contrario, el riesgo de una perspectiva negativa o una reducción en la calificación soberana continuará latente, encareciendo el costo del dinero para el gobierno y el sector empresarial.
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