¿Está descontenta(o) por el desempeño de los políticos y servidores públicos que han sido popularmente electos? La democracia no es culpable.
En México (y en el mundo) la democracia enfrenta un problema de percepción y otro de concepto. Desde hace varios años, las distintas encuestas de cultura política han demostrado un evidente deterioro en el valor que los ciudadanos tienen por su democracia.
Algunos le llaman a este fenómeno la decepción o insatisfacción por la democracia. Según los datos publicados en el Informe 2017 de Latinobarómetro (id y googlead por favor), los hallazgos demuestran un declive en los múltiples indicadores que describen este fenómeno.
En la región de América Latina este valor no mejora: la mayor pérdida se observa en México con 10 puntos porcentuales menos que en 2016 llegando a 38% en 2017 (el máximo registrado en la medición fue de 59% en el año 2005).
Es relevante hacer una acotación sobre este punto. Durante el proceso electoral 2018 en México, se registró un porcentaje de votación superior al 63% del padrón electoral, si bien se trata de un dato relevante sobre el valor que los ciudadanos encuentran en el voto como un dispositivo de participación en la vida pública, no puede (o debe) emplearse este dato como un indicador de valoración general por la democracia. Las razones que explican este porcentaje de votación serán abordadas en otra entrega.
Regresemos a nuestro problema. Los factores que explican el deterioro en el apoyo a la democracia son variados: confianza en las instituciones, corrupción, violencia, problemas en las economías, desempeño gubernamental, entre otros. En las últimas horas me llamó poderosamente la atención un enorme descontento que manifestaron varias personas a través de redes sociales con motivo del comportamiento de algunos legisladores en el Congreso de la Unión.
El espectro de reprobación presentó muchas escalas, pero destaco aquella en la que los electores mostraron una decepción pocas semanas después de haber votado por su representante (y por un partido político). Algo similar está ocurriendo con representantes electos del poder ejecutivo en el ámbito federal o local. Todavía no cobran su primer quincena y ya se pide su defenestración.
He aquí el problema conceptual: la crisis de representación se presenta, principalmente, cuando las acciones de un representante popular se alejan de las expectativas (o necesidades) de los representados. Luego se piensa que es culpa de la democracia (como sistema) el que una mayoría haya decidido que tal o cual persona sea designada como gobernante, cuando su comportamiento no parece estar a la altura de su investidura.
Una forma de resolver este problema es extender el concepto de rendición de cuentas desde una perspectiva democrática. De esta forma, nuestra democracia no solo sirve para designar autoridades, sino también para ajustar el comportamiento de los gobernantes y así corresponder a la confianza otorgada por quienes lo eligieron como su representante.
Por rendición de cuentas, McLean es claro: es “la obligación de todos los servidores públicos de dar cuentas, explicar y justificar sus actos al público, quien es el último depositario de la soberanía en una democracia”.
Enseñar números no es rendir cuentas, construir apologías (a posteriori) de las acciones u omisiones tampoco es rendir cuentas: quizás nuestro problema es que entendemos a la rendición de cuentas más como una obligación normativa, que como un código democrático de conducta política: ¿por qué se debe rendir cuentas? ¿ante quién? ¿en qué momento? ¿qué sanción se obtiene por el mal desempeño?. ¿No sería más útil contar con mecanismos que garanticen que los servidores públicos justifiquen sus acciones antes de emprenderlas (eso también es rendir cuentas)? ¿no sería más noble que no necesitáramos de esos mecanismos legales obligatorios para lograr que los servidores públicos hagan esto?.
Un concepto democrático de la rendición de cuentas puede ser una solución ante la crisis de representación y la insatisfacción pública por la democracia. Como he dicho, ésta no solo debe servirnos para designar autoridades, sino además para garantizar que los representantes populares justifiquen todo lo que deciden y hacen en nombre de la población.
@marcoivanvargas
Marco Iván Vargas Cuéllar