La dignidad del Ayuntamiento

Hay momentos en los que por dignidad personal se debe guardar silencio frente a diversas situaciones que evidencian no sólo una falta de autoridad y capacidad sino una completa ausencia de ambas, máxime cuando se encuentra de por medio alguna institución pública como lo es un Ayuntamiento. De ahí que no se alcanza a comprender por qué el alcalde Enrique Galindo o su director de Comercio se la han pasado gimoteando como plañideras porque nadie les pidió los permisos respectivos para realizar un concierto musical en el estadio Plan de San Luis a inicios de esta semana.

Eso y un padre de familia que cuenta frente a sus amigos lastimeramente que el hijo depende de él económicamente y que además vive en su casa, no lo respeta, son exactamente lo mismo; y, estoy casi seguro que en la mayoría de los casos todos quienes enfrenta una situación de este tipo prefieren guardar un prudente silencio antes que escuchar un consejo o experimentar la penosa compasión. 

Al margen del artista, trayectoria y hasta repertorio musical, la alcaldía debió demostrar una actitud inflexible ante los organizadores de un evento que seguramente no observaron ninguna de las especificaciones mínimamente requeridas para un espectáculo multitudinario; sin embargo no lo hizo por la sencilla razón que su principal promotor fue el gobernador del estado. No quisieron echarse malas aún y cuando estuviera de por medio no sólo la institución municipal y su titular, sino la seguridad de una muy nutrida cantidad de concurrentes. 

Lo que es peor, por si hubiera llegado a ocurrir una tragedia y buscando eludir cualquier tipo de responsabilidad los responsables respectivos salieron a decir que nunca se les hizo llegar la documentación respectiva que antecede a los permisos; poco les faltó para decir que ni siquiera estaban enterados. Es decir, la instancia que debe ser la responsable de todo lo que ocurre en la ciudad, principalmente seguridad y vialidad, prefirió voltearse para otro lado y hacer como que no escuchaba ni veía. 

Se recordará que hace apenas un mes, la alcaldía de la capital en coordinación con sus fuerzas policiacas proscribió e incluso suspendió varios eventos y bailes sonideros derivados de la celebración del día de muertos en su vinculación con la llamada santa muerte; pero como todos esos bailongos masivos son organizados por ciudadanos de a pie y sin cédula cuarta es obvio que no tienen miedo a actuar y demostrar que la (y el) poliSÍa nos cuidan.

Quedaron atrás los tiempos en que para cualquier evento, tuviera el organizador que tuviera y fuera en el espacio que fuera, incluidos los que recaían en la administración estatal, se necesitaban el aval y sellos del Ayuntamiento (sin distinción de partido) para poderse realizar; queda también en el recuerdo cuando hace años el hoy alcalde, entonces jefe de la policía municipal,  disfrazó de policía con quepí y hasta cordones de mando a un envalentonado Octavio Pedroza y ambos se lanzaron (como Clavellina y Juan de amor) al mando de un piquete de uniformados a desalojar una feria de ropita chafa que se realizaba en un hotel del oriente de la ciudad (creo que el María Dolores) y que no contaba con permisos municipales. Pero eran otros tiempos. 

El hubiera no existe, pero de haber actuado nadie le habría reprochado el hacer cumplir la ley y reglamentos municipales; el empresario-promotor-gobernador habría hecho sus acostumbrados berrinches y lo hubiera ofendido (como dice el salmo) “desde que sale el sol hasta el ocaso”, pero no es nada a lo que no esté ya acostumbrado; frente al resto de la ciudadanía se habría percibido como un verdadero alcalde de oposición y fortalecido electoralmente.

Quizá piense que ese fortalecimiento electoral no lo necesita dado que considera tener “un buen diálogo con la presidenta de mi partido, Sara Rocha…” (con todo y la pisoteada que le dio hace unos meses) y la presidente estatal de Acción Nacional (que no cuenta porque su jefe Xavier Azuara prefiere que el candidato a la alcaldía sea un panista como su hermano), pero no podrá quitarse la imagen de pusilánime y zacatón en tiempos que no deberían de ser de tibieces ni tolerancia frente a un cacique gandalla.            

Enrique Galindo o su dirección de Comercio podrán decir que se sancionará económicamente a la empresa responsable, pero ¿a cuánto ascenderá el importe de la multa? Ponga la cantidad que guste como respuesta, eso es lo que valen el Ayuntamiento y su dignidad.