La ética del propósito

El ser humano tiene en el pensamiento, la herramienta más importante de transformación de su realidad, es maravilloso y además un privilegio habitar un tiempo, donde mucho de aquello que imaginaron nuestros ancestros, hoy es posible. 

Por supuesto que es innegable que la bandera del progreso ha traído consigo también funestas consecuencias, las cuales no deben ser atribuibles a la ciencia ni a la tecnología que, en si mismas son amorales, sino al egoísmo propio del ser humano, quien a través del abuso de todo y luego del otro, ha desvirtuado los fines y propósitos de los avances logrados por la humanidad luego de la revolución industrial. 

Así como para Einstein, el propósito de su conocimiento no era la creación de armas nucleares, ni que para Zuckerberg  su red social fuera instrumento para destruir la reputación de las personas llevándolas al suicidio. 

Estos ejemplos nos conducen a una muy sencilla reflexión, la piedra que yace en el suelo de cualquier calle o camino, puede contribuir a edificar hogares o ser el arma que golpee la cabeza y termine con la vida de una persona. 

Ocurre lo mismo con el poder político, coincido en parte con el viejo Platón quien luego de Siracusa, sostuvo que las leyes debían contener los apetitos de los hombres en el gobierno, aunque la formula platónica no es garantía de nada, cuando aquellos que tienen el mandato de hacer la ley, legislan sí, pero lo hacen cual traje a la medida solicitada por quien debe ser atemperado. 

De modo que, estas formas tan sencillas de explicar los propósitos humanos, nos demuestra que en cualquier caso caeremos siempre, una y otra vez hasta el infinito, en el ejemplo de la piedra, esa que puede hacer del ser humano constructor o asesino, porque la piedra es amoral, pero de quien la toma entre sus manos la humanidad esperaría un comportamiento ético. 

Sócrates en su finita sabiduría, propuso una trilogía de tres cuestionamientos que, si bien es cierto los aplicaba cuando uno de sus pupilos estaba a punto de expresarse mal de otro, o simplemente de transmitirle información a modo de “chisme”,  iniciaba preguntando: ¿estoy seguro de que lo que voy a decir es cierto?, luego: ¿lo que voy a decir es bueno? y finalmente: ¿es necesario decirlo?. 

Este tamiz, resulta aplicable en todo aquello que es humano, no sólo en el decir sino también en el hacer, aplica para las relaciones familiares, laborales, en las decisiones políticas y en ocasiones hasta para derrotar  o cuando menos reducir a su mínima expresión al Ego, quien cual enemigo de nosotros mismos siempre está al acecho para nublar el albedrío. 

Están próximos, ya muy cercanos los tiempos en que comenzará el bombardeo mediático que acompaña a todo proceso electoral, como el que se realizará en 2024 y, desde la ética del propósito, en observancia a este método socrático propuesto hace siglos, bien valdría rescatar estas tres preguntas para todo aquel que aspire a un cargo de elección popular, triple filtro para el decir y el hacer, interrogantes que no se agotan al rendir protesta sino que, por su prevalencia intemporal se convierten en la mejor herramienta de rendición de cuentas para el elector. 

Le dejo este quiz de frases históricas, a ver si Usted recuerda a aquellos quienes, entre su decir y hacer, mínimo hubieran sido reprendidos por el gran Sócrates. “Resolveré Chiapas en 15 minutos” ¿fue cierto?. “Estoy orgulloso del año de 1968, porque me permitió salvar al país” ¿fue bueno decirlo? “Me voy a poner un tapaboca ¿saben cuándo?” ¿era necesario decirlo?. 

Excelente inicio de semana. 

jorgeandres7826@hotmail.com.