La Feria

¿Usted sabe cuáles son los orígenes de la Feria Nacional Potosina? Yo sí, y me parecen muy interesantes, así que le voy a contar, lectora, lector querido: para entender a la Feria Nacional Potosina como algo más que un simple evento de entretenimiento, debemos de remontarnos al año 1942. En esa época el país se encontraba sumergido en un escenario incierto provocado por la Segunda Guerra Mundial. Es importante recordar que, al inicio del conflicto, en septiembre de 1939, México se pronunció como país neutral. Esta postura fue sostenida a pesar de presiones por parte de los Aliados y atendiendo la política internacional de aquél entonces.  Sin embargo, cuando ocurrió el ataque a Pearl Harbor, el entonces presidente, Manuel Ávila Camacho, se vio forzado a abandonar la postura imparcial y, aunque el país no declaró la guerra, se tomaron ciertas medidas precautorias que incluyeron otorgarle privilegios temporales a la marina estadounidense y se iniciaron trabajos de defensa conjunta. En abril de ese año, por instrucciones presidenciales, se incautaron los navíos de nacionalidad japonesa, alemana o italiana que se encontraran en puertos nacionales. 

El 13 de mayo de 1942, México finalmente tomó postura obligado por el ataque de un submarino nazi que sumergió al buque nacional Potrero de Llano; siete días después, el Eje hundió a otro navío nacional, el Faja de Oro.  Desde el Poder Ejecutivo Federal, se estableció  que el país no estaba en condiciones de preparar acciones extracontinentales, por lo que su papel sería preparar defensas y recursos para los Aliados. Ávila Camacho nombró a Lázaro Cárdenas Secretario de Defensa y se creó el Servicio Militar Nacional. A los buques incautados se les unieron todas las propiedades que tuvieran los ciudadanos del Eje en territorio nacional.

Aquí en la patria chica, las cosas andaban color de hormiga. En 1942 fue notoria en la prensa de San Luis Potosí una gran preocupación causada por las noticias relacionadas con la guerra, que cada vez parecía acercarse más a estas tierras. Los temores tenían ciertos fundamentos, pues en agosto de ese año, se había desmantelado en el estado una red de espionaje que pretendía extraer información de utilidad para los países enemigo. Se supo también que detuvieron a un grupo de mujeres que mantenían relaciones sentimentales con los marinos de un navío del Eje previamente confiscado por el Gobierno mexicano y de los que se sospechaba que proveían información al enemigo. De igual forma, se planteaba que, ante un eventual ataque al puerto de Tampico, la Huasteca potosina debería estar lista para recibir al Ejército mexicano y a la población desplazada.

En ese entonces, San Luis Potosí era  gobernado por Ramón Jiménez Delgado, quien era consciente de la inquietud que la guerra generaba entre la población. Era urgente enviar una señal de estabilidad.   

En este contexto, una de las medidas tomadas por el gobierno estatal, fue organizar la Primera Gran Feria Potosina. Existían previamente en el estado pequeños eventos que fomentaban el comercio, específicamente ganadero y agrícola, así como eventos culturales y sociales con alcance local; sin embargo, no existía como tal un evento que reuniera todas las actividades.  

A través de un patronato liderado por el ejecutivo estatal, se convocó a comerciantes, empresarios, ganaderos, agricultores y autoridades estatales y municipales. Los preparativos previos fueron extensos y minuciosos. Se entendió que no podría organizarse un evento de magnitud nacional sin que el estado estuviera listo para recibir visitantes. Por eso, se comenzó con el arreglo de las vías de la capital y posteriormente, al darse cuenta que la capital no contaba con hoteles o casas de huéspedes suficientes para albergar a los visitantes, el comité, a través de avisos publicados en los diarios, solicitó al público en general que quien constase con habitaciones extra, se pusiera en contacto con ellos, especificando domicilio, precios a cobrar y aclarando además, que dicho servicio no generaría ningún tipo de impuesto, ni se les considerarían casas de huéspedes en fechas posteriores a la feria. 

La feria duró del 23 de agosto al 6 de septiembre de 1942. El programa incluyó una muestra ganadera, conciertos, exposiciones de arte sacro y recitales de poesía.  Con el paso de los días, se reseñó que se tuvieron que improvisar dormitorios en los pasillos y comedores de los hoteles de la capital, además de que la ocupación en viviendas particulares fue total. Se habló también de la derrama económica que la feria trajo al estado y de lo positivo que resultó haber tenido visitantes foráneos que conocieran las posibilidades de desarrollo en San Luis.

Sin embargo, lo que menos importaba era si hubo o no exposición ganadera o concursos de poesía: la feria fue una señal gubernamental, parte de una estrategia.  Se quería dejar en claro que había estabilidad. Se pretendía también comunicar a la gente de otros estados que San Luis Potosí era un lugar estable y seguro para invertir o divertirse y esto se logró a través de un evento liderado por el gobierno, pero soportado todos los sectores de la sociedad potosina. De esta manera, el mensaje enviado generaba credibilidad haciendo ver que no sólo eran intenciones por parte del gobernador Jiménez Delgado, sino que había respaldo social.

Así que quien piense que la Feria es nada más un jolgorio, ahora sabe que no. Ha sido y para quien gobierne siempre será, parte de una estrategia de comunicación de quien en ese momento tenga al poder. Ni se espanten, ni se sorprendan. Se llama política y esa sí que es toda una feria.