“Lo primero es hacer sentir a
niñas y niños que son escuchados
y tomados en cuenta...
con el propósito de que [...] aprendan con alegría”.
Maestra Chela
La maestra Chela falleció este 30 de abril, día del niño, a los 95 años. Pocas vidas han sido tan fructíferas y han cambiado la existencia de tantos.
Muchos de sus miles de alumnos manifestaron tristeza y agradecimiento. “Hoy falleció mi maestra Chela”, escribió la presidenta Sheinbaum en una nota manuscrita que reflejaba el carácter personal de la pérdida. “Mujer y docente excepcional. Formó decenas de generaciones. Nos hizo descubrir el mundo de las matemáticas, la historia, la lengua, con profundo amor por el conocimiento. Nos enseñó a preguntar, a cuestionar, a aprender de una forma distinta. Pero sobre todo nos hizo sentir amados y felices, capaces de construir un mundo mejor”.
Aurelio Nuño, el exsecretario de educación, también expresó su agradecimiento: “Hoy murió la maestra Chela. Me enseñó a leer, a escribir y a entender matemáticas con su cálculo vivo; pero, sobre todo, me enseñó a ser libre. Junto con el maestro Pepe de Tapia, educó con amor y pasión”.
Quizá sorprenda que personajes públicos tan distintos expresen su amor y respeto por una misma docente, pero es inevitable con la maestra Chela. Yo no fui su alumno, pero tuve la oportunidad de conocerla y conversar con ella gracias a la maestra Claudia Álvarez Cuesta de la Manuel Bartolomé Cossío.
La Bartolo es una escuela pequeña, excepcional, de solo preescolar y primaria, en el sur de la Ciudad de México. La fundaron en 1964 José de Tapia, el maestro Pepe, refugiado de la guerra civil española; su esposa Graciela González Mendoza, la maestra Chela; y Teresa Vidal, la maestra Tere. El propósito era aplicar el método Freinet, inspirado en el trabajo del educador francés Celestin Freinet, que rechazaba la memorización y la disciplina excesiva para promover un modelo de participación de los alumnos (la “escuela activa”) y aprendizaje por experiencias prácticas, como talleres de impresión. El nombre Manuel Bartolomé Cossío viene del discípulo y sucesor de Francisco Giner de los Ríos en la Institución Libre de Enseñanza de España que buscaba liberar a la educación de los dogmas políticos, religiosos y morales.
La maestra Chela sostenía que había que “dar la palabra a los niños”, como se titula su libro de 1985. Los niños pueden tomar decisiones sobre su educación. Pensaba que la educación no tiene que ser desagradable. “Mi gran preocupación es ver a los niños contentos en la escuela. inculcar. una sabiduría para la vida”, le dijo en entrevista a Andrea Bárcena.
Francisco Javier Mier y Terán, autor de Un maestro singular, una biografía del maestro Tapia, publicó en 2025 una anécdota memorable de la maestra Chela: “Pregunté a los chamacos: ¿qué quieren que hagamos hoy?’. Inmediatamente tomó la palabra un chico muy inquieto, de esos que suelen clasificarse como problemáticos. De sopetón, con desparpajo, soltó: ‘Nada’”. En lugar de molestarse, Chela preguntó a los demás que querían hacer; algunos también dijeron “Nada”, otros optaron por posibilidades diversas. Chela anotó en el pizarrón la palabra “Nada” y allí empezó su clase: “¿Qué es nada?... ¿Hay alguna diferencia entre hacer nada y no hacer nada?”. Se abrió una animada discusión. Al día siguiente un niño llevó el libro Nada y así sea de Oriana Fallacci y Chela explicó que para Octavio Paz las “malas palabras. no dicen nada y dicen todo”. En los días siguientes circuló entre los alumnos “textos libres alusivos al nada”.
Así enseña una docente que da la palabra a los niños. Por eso hoy hay tantos que recuerdan con cariño a la maestra Chela.
Sembrando
No es S&P la que se equivoca. Con la actual política económica México no generará inversión productiva para dejar atrás el estancamiento o la creciente deuda pública. Al bajar la perspectiva del país a negativa, la calificadora solo reconoce lo que está sembrando el gobierno.
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