“Las mentiras ofenden
a los inteligentes,
a los ignorantes, les
da esperanza”
Anónimo.
La mentira, o el uso de la verdad en la política es una herramienta bien conocida y usada por la clase política, pero en nuestro país llega a un abuso tal que llega a niveles tan aberrantes y surrealistas que, como ciudadanos, nos lleva a dudar en los políticos que nos representan y, eventualmente, del Estado mismo.
Esto es, en parte, a que ya nos hemos acostumbrado a que el Estado nos mienta de manera bastante regular, no quedando al ciudadano más alternativa a creerle, o simular que le creemos. Lo anterior gracias a la debilidad institucional, pero más que nada, a quienes están al frente de las instituciones que representan y toman decisiones, muchas veces más en beneficio de grupos de interés o de élites, que del Estado o la ciudadanía.
Una desafortunada combinación de lo anterior nos lleva al abuso de poder y del ejercicio de la autoridad, intentando manipular la realidad en la que nos encontramos y convencernos en apoyarles para tomar decisiones que eventualmente afectarán de manera directa o indirecta nuestras vidas.
¿Mienten los políticos? La falta de interés y el desprecio de la ciudadanía hacia la clase política se ha forjado en parte en la creencia de que mienten, y además, con impunidad.
Cuentan con muchos recursos para mentir o, presentar una realidad distinta a como es percibida por la mayoría. ¿Es eso una mentira? Lo dejo a su criterio. La distracción también es una técnica muy usada por los políticos para que el ciudadano desvíe la atención de lo importante y se fije en un punto de interés alternativo. Si sale bien, los suyos le aplauden. El resto, lo critica.
Pero no todos los políticos mienten, o no del todo. Los que más mienten son los corruptos para intentar tapar sus actos. En términos generales, los políticos en México se distinguen tanto por el intento de excluir a otros actores de la esfera de la legitimidad, como por mentir.
Todos sabemos muy en el fondo cuando nos están mintiendo. Hay actores políticos, de cualquier nivel en el ámbito nacional y local que mienten de forma clara y reiterada, aunque una parte de la población lo acepte, y otros tantos piensen que, por el nivel de exigencia del cargo, esta actitud debería ser inaceptable.
Los efectos de la mentira en política eventualmente tienen consecuencias en la vida de los ciudadanos y es un factor que influye, que tiene una dimensión pública, por ejemplo, en el ámbito electoral. Sin embargo, está en cuestión si se mide con el mismo rasero cuando se mide en el ámbito público que en el privado.
Está demostrado que los políticos mienten para eludir responsabilidades o para apuntarse algún tanto que no les corresponde. También para facilitar negociaciones y conseguir apoyo social. Es bien conocido que la política va de ganar y acceder al poder para mantenerlo. Ya lo dijo Maquiavelo. Así funciona.
El problema con la mentira de los políticos es que en el fondo nos molesta que nos tomen por tontos, o se aprovechen de la ignorancia política de una parte de la población para disfrazar sus opiniones, especialmente, en temas sensibles para ocultar su verdadera opinión o intención sobre determinados temas que eventualmente nos afectarán a todos.
Para que la causa de un político surta el efecto deseado entra en juego mecanismos de control de que dispone la esfera pública.
El más conocido es la prensa, un instrumento básico de la democracia para que los ciudadanos accedan a la información y no dependan solo de lo que les cuentan los políticos. Es una de las principales fuentes que la gente tiene para formarse una opinión y pueda contrastar. El problema es el uso que se hace de ella por los actores políticos, y el grado que esta se deje manipular o corromper.
El mal uso de esta herramienta puede llevar a la polarización de la política -que conocemos bien en nuestro país-, que los políticos trasladan a la población, y se atribuye la verdad en función de la ideología. El uso de las redes sociales ha venido a tener un efecto multiplicador en la difusión de opiniones, muchas veces sin un efecto crítico real, basado en sentimientos y emociones personales. Creemos al que grita más y se nota más, y tiene más repercusión.
En mi opinión siento que hemos perdido la capacidad de tolerancia y de escucharnos los unos a los otros, lo que nos coloca en un drama de la sociedad actual.
Y la política está a veces detrás de algunas ideas manifiestamente falsas o polarizantes que se acaban instalando en la opinión pública.
Es importante que como ciudadanos, exijamos a nuestros representantes políticos que el debate público se base en el respeto, escuchar al otro y aceptar su legitimidad, para que nosotros como ciudadanos tengamos mejores elementos para decidir a partir de diferencias verdaderas entre unos y otros y no inventadas o manipuladas.
Ejemplos en nuestro país y nuestro estado, hay muchos. Elija el que usted quiera.
jmanuelrm@msn.com