Parece que será la última y el corazón se agita y se asienta.
Ya no tiene que adaptar sus latidos a los espacios nuevos ni cambiar los colores de los muros o las cortinas.
El jardín se planta para siempre y le roba la propiedad a los macetones temporales que le den vida a la vivienda mientras en otro entonces, se esperaba el camión y los macheteros. Ahora el verde delárbol o el arbusto, promete quedarse, sentir el otoño y el invierno y revivir al llegar la primavera.
Será así mientras allá vida de los que lo riegan y lo abonan.
La piel acompaña a las mudanzas. Le planta gestos que se vuelven marcas faciales que denotan placer o inconformidad de vida. También equilibrio las más.
Las lecturas se aplazan en esos lapsos en los que el cambio está en su cenit y el lecho se añora como si no se hubiera dormido en cien años.
La ultima mudanza da arraigo y cobijo. Se siente la llegada a casa como si antes hubiera sido solo una fantasía. El jardín ríe y los perros respiran y suspiran.
Llegan los demás y cuelgan cuadros mientras beben y bromean; se preguntan discretamente si será la última.
Quién puede saberlo.