“Ayúdame a ayudarte”
Frase popular que responde
la petición de facilitar un trámite burocrático
Me ocuparé y cerraré este polémico tema abordado en octubre pasado, de la opacidad y corrupción que nos rodea, usando la lente del séptimo arte.
Durante su campaña para ser electo presidente de México en 1976, José López Portillo utilizó como eslogan: “La solución somos todos”. En poco tiempo la creatividad e ingenio popular cambió esta frase por “La corrupción somos todos”. Y es que el gobierno de López Portillo (1976-1982) fue uno de los que acumularon más denuncias de irregularidades en la historia reciente del país. Aún no conocíamos lo que nos depararía la administración de Enrique Peña Nieto (2012-2018).
Esta historia, con frase incluida, la traigo a colación porque me viene el recuerdo de la aprobación hace apenas cinco años del Sistema Nacional Anticorrupción, por el Congreso Federal, con el que se dice pretender combatir este grave problema entre funcionarios, empresas y personas que tienen alguna relación con el gobierno.
El cine tiene la ventaja de ser una manifestación del arte que deja constancia de la historia en el mundo, tiene un gran alcance entre las personas, y da voz a los sucesos de la época en sus diferentes formas desde la percepción del director. El fenómeno de la corrupción y sus secuelas, no escapa a esta premisa.
El séptimo arte tiene excelentes películas que abordan hechos propios del escenario político, donde sus argumentos harán reír o llorar porque “cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia”. Inicia con esta frase una de las cintas que comentaré a continuación.
Comparto una trilogía de películas que retrata bajo el género de la sátira, y desde mi opinión personal, magistralmente, el fenómeno de la corrupción que hemos vivido, padecido, y algunos, disfrutado, en nuestro país durante los últimos 70 años, más o menos.
Iniciemos con “La Ley de Herodes”, una cinta situada en los años 40, época del sexenio de Miguel Alemán Valdés. Esta sátira inicia cuando eligen a Juan Vargas, un inofensivo miembro del partido en el poder, como presidente municipal de San Pedro de los Saguaros, después de que sus habitantes mataran al anterior Acalde… por corrupto.
La película aborda la corrupción política existente en México durante los mejores años del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y cómo este personaje se transforma en un tirano para quedarse en el poder a costa de lo que sea.
El segundo filme se hizo llamar “Un mundo maravilloso” y retrata un México que vive el supuesto fin de la pobreza y el hambre, presumidos obviamente por el gobierno, pero todo cambia cuando un mendigo pone en jaque al sistema al ser confundido con un suicida, y un periódico llamado “El Mercurio” lo utiliza para exponer las mentiras del poder.
Se estrenó en 2006 y está llena de referencias, a manera de homenaje, a personalidades del cine nacional e internacional como Charles Chaplin, Tin Tan, Luis Buñuel o Stanley Kubrick.
Esta serie la cierra “El Infierno”. Su historia está centrada en Benjamín García, conocido como “El Benny”, cuando regresa a México después de 20 años de vivir en Estados Unidos, y encuentra su pueblo sumergido en la pobreza y la violencia.
El personaje principal buscará salvar a su familia de la miseria de la cual huyó, pero que tristemente reencontró cuando regresó a su pueblo, aunque para ello tenga que involucrarse en el narcotráfico de la mano de su amigo de la infancia Eufemio “El Cochiloco” Mata. La película de 2010 es una clara crítica a la llamada “guerra contra las drogas” iniciada en el sexenio del presidente Felipe Calderón (2006-2012).
Es una condición humana generalizada, evadir la realidad a través de la risa, la comedia, o la sátira. Y en México somos nos “pintamos solos” para esto.
A través de la sátira, las tres películas que mencioné abordan este delicado tema, pretenden generar conciencia y sensibilizar sobre la opacidad, la corrupción y la violencia que afecta nuestra vida cotidiana, manifestada en pequeñas acciones o personas que, desafortunadamente a través de sus actos, han contribuido a “normalizar” estas conductas de tanto verlas, vivirlas, padecerlas y, por qué no, gozarlas.
Termino con la misma reflexión de mi artículo anterior: Como ciudadanos repensemos y transformemos valores y conductas, respetando las reglas de civismo y convivencia. Por el lado del gobierno y la administración pública, en la potestad del ejercicio de su autoridad, que cumpla y haga cumplir las normas que regulan una convivencia social honesta, armónica, sana, y en paz, ¡ah, y promoviendo la transparencia con políticas públicas efectivas, incluyentes, rechazando la corrupción de manera frontal, con convicción y sin simulación!
Erradiquemos para siempre el clásico “ayúdame a ayudarte”.
jmanuelrmoreno@yahoo.es