A solo semanas de que el mundo vuelva sus ojos al Estadio Azteca (Banorte) para la inauguración del Mundial de Fútbol 2026 —evento que México comparte con Estados Unidos y Canadá—, la Ciudad de México presenta un panorama de improvisación y descuido que contrasta con la magnitud del desafío. Lo que debería ser una vitrina global se convirtió en un espejo de las deficiencias: calles congestionadas sin soluciones viales reales, servicios públicos al límite, una limpieza insuficiente y un Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) sumido en el caos, con meras “acciones cosméticas” que no abordan sus problemas estructurales. Esta no es una sorpresa: hace ocho años, en junio de 2018, la FIFA confirmó a México como sede. ¿Qué se hizo en ese tiempo? Muy poco.
El gobierno federal y el de la Ciudad de México tuvieron un lustro entero para planear. En lugar de ello, optaron por la inacción presupuestal y la ausencia de políticas integrales. Según reportes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), los fondos asignados a infraestructura para grandes eventos deportivos han sido insuficientes y mal ejecutados en los últimos años. En la capital, el Programa de Gobierno de la CDMX prometía mejoras en movilidad, pero el avance en el Metro, Metrobús y tren ligero es mínimo, y las avenidas clave como Insurgentes o Reforma siguen colapsadas, mientras que Tlalpan (avenidas clave que conecta el centro de la ciudad con el Estadio) se convirtió en un monumento a la improvisación, hoy colapsado. La vialidad es un desastre previsible: sin ampliación de carriles ni sistemas inteligentes de tráfico, los millones de habitantes más los miles de visitantes esperados generarán un embotellamiento histórico y vergonzoso.
Peor aún, el AICM —el principal punto de entrada para selecciones y aficionados internacionales— languidece en condiciones deplorables. Sobrepasado con 50 millones de pasajeros anuales (cifra de 2025, según datos de la Secretaría de Infraestructura), sus terminales muestran filtraciones, pasillos saturados y demoras crónicas. Las recientes “mejoras” —pintura fresca y señalética nueva— son parches superficiales, los lejanos aeropuertos de Toluca y el AIFA no alivian la presión. Esta negligencia no es casual: en 2018, el entonces presidente López Obrador prometió resolver la saturación aérea, pero ocho años después, el aeropuerto sigue como símbolo de la improvisación.
La falta de políticas públicas de calidad es el núcleo del problema. No hubo una estrategia integral de planeación urbana, con visión a largo plazo, como la que impulsó Brasil en 2014 o Qatar en 2022, pese a sus controversias. México ignoró lecciones de Mundiales pasados: en 1970 y 1986 fuimos anfitriones exitosos gracias a inversiones audaces en infraestructura. Hoy, la ausencia de un plan maestro desperdició una oportunidad única para elevar el atractivo turístico, económico y comercial del país.
Imaginemos lo que pudo ser: un boom turístico con 5 millones de visitantes adicionales (estimación FIFA), inyectando hasta 2.5 mil millones de dólares a la economía mexicana, según el Banco Mundial. En la CDMX, hubs comerciales revitalizados, hoteles modernizados y un legado de parques urbanos podrían haber perdurado décadas, como el legado de Barcelona 1992. En cambio, los efectos positivos —mejores servicios públicos, empleo calificado y proyección internacional— se diluyen en parches de última hora. Otras sedes como Guadalajara y Monterrey, con estadios en mejor estado, al menos mitigan el daño, pero la capital, epicentro simbólico, decepciona.
Este Mundial 2026 no será un fracaso total —el Azteca brilla por su historia—, pero sí un recordatorio doloroso de lo que México pudo lograr con liderazgo visionario. La lección es clara: sin políticas de calidad y planeación anticipada, las grandes oportunidades se convierten en grandes vergüenzas. Ojalá sirva para el futuro, porque el mundo no espera.
La caminera
¡Vaya, qué generosos! La Secretaría de Hacienda nos regala un rango de crecimiento del 1.9% al 2.9% para 2027, justo en la línea de nuestro “milagro” económico de los últimos 20 años (promedio 2.0%, con 2025 en 0.8%). Y encima, asumen un barril de crudo un 40% más caro que en 2026, como si Pemex fuera a transformar esa windfall en crecimiento real y no en más deuda o proyectos faraónicos. Realista hasta la náusea: más de lo mismo, con un toque de optimismo fiscal que ni el Azteca en el Mundial 2026 pudo preparar.
Fanfarrias
Hoy mi madre cumple 81 años. Felicidades hasta donde me lees.
X. @marcoivanvargas