La otra cara de “los Girasoles”

Hace tiempo que me cuestiono la justificación de marchas y protestas en las que los participantes, aun cuando declaren que es una marcha pacífica, llegan a cometer actos vandálicos que al mediatizarse y matizarse nos muestran -paradójicamente- quién es el villano y quiénes son las víctimas. Y así -como hilo de media- nos vamos “siguiendo” el sesgo que la noticia nos muestra sin que pongamos sobre la mesa el otro lado de la supuesta verdad.

Pasa con las marchas feministas recientes en México en las que hemos visto el ataque contra las históricas puertas de palacio de gobierno -en donde habita el nuevo emperador y su consorte-, monumentos históricos o bien oxxos, boutiques y cualquier establecimiento. Me da por creer cuando la marcha es legítima que sus participantes no han recibido respuestas a sus llamados pacíficos mediante, cartas o desplegados, reuniones y acuerdos en donde se promete encontrar culpables de muertes y desapariciones, daños al ecosistema, violencia o falta de medicamentos; violaciones a derechos humanos o víctimas colaterales de la guerra contra los carteles que ahora tienen otro nombre bajo este nuevo régimen.

La semana pasada sucedió en Gran Bretaña, en la National Gallery of London: dos activistas -Ann y Phoebe- entraron al museo y frente al cuadro “Los Girasoles” de Vincent van Gogh” pintado en 1888, se desprendieron de sus chaquetas y violaron el cordón de seguridad que separa la obra de los visitantes y frente al asombro de estos cada una arrojó sopa de tomate contra el emblemático cuadro valuado en $84.2 millones de euros. Exigiendo con ello que el gobierno británico detenga todos los nuevos proyectos de petróleo y gas.

De acuerdo con el sitio oficial de la organización a la que pertenecen https://juststopoil.org/, “La acción de hoy se produce tras dos semanas de resistencia civil continuada por parte de los partidarios de Just Stop Oil como respuesta a la inacción del gobierno tanto en la crisis del coste de la vida como en la crisis climática.”.

“¿Vale el arte más que la vida? ¿Más que la comida? ¿Más que la justicia?” Son las preguntas que forman parte de los documentos y notas revelando la filosofía de este grupo de activistas.

“La crisis del coste de la vida está impulsada por los combustibles fósiles: la vida cotidiana se ha vuelto inasequible para millones de familias que pasan hambre y frío, que no pueden permitirse ni siquiera calentar una lata de sopa. Mientras tanto, las cosechas se pierden y la gente muere en los monzones, los incendios forestales masivos y las interminables sequías causadas por el colapso del clima. No podemos permitirnos nuevo petróleo y gas, nos va a costar todo. Miraremos atrás y lloraremos todo lo que hemos perdido si no actuamos inmediatamente”. 

Estas fueron las palabras de Phoebe Plummer, de 21 años en los momentos en los que además plasmaba su huella sobre la pared de la que colgaba la famosa imagen.

Anna Holland, de 20 años, de Newcastle quien acompañaba a Phoebe en este performance activista justifica su acción de esta manera:”Las familias británicas se verán obligadas a elegir entre calentarse o comer este invierno, ya que las empresas de combustibles fósiles obtienen beneficios récord. Pero el coste del petróleo y el gas no se limita a nuestras facturas. Somalia se enfrenta ahora a una hambruna apocalíptica, causada por la sequía y alimentada por la crisis climática. Millones de personas se ven obligadas a desplazarse y decenas de miles se enfrentan a la inanición. Este es el futuro que elegimos para nosotros mismos si presionamos para obtener nuevo petróleo y gas”.

Podremos o no estar de acuerdo y cada uno tendrá una opinión emitida desde la comodidad de un sillón como quien mira al mundo como un espectador, o como quien experimenta día a día la carestía de la vida, la imposibilidad de traer suficiente alimento a casa o bien desde la silla de alguno de los nuevos emperadores de las potencias mundiales o de los países de tercer o quinto mundo; lo mismo da pero la diferencia es evidente.

Sin embargo, lo que es aún más claro es que los caminos del diálogo se han perdido, los intereses han separado a las sociedades y a los individuos y las minorías o los marginados buscan formas de ser escuchados, de impactar y volverse virales en un mundo holográfico que separa la realidad de la ficción, o que la confunde hasta diluirla y adormecerla. Así -Just Stop Oil- ha decidido virar hacia la ruta del mercado artístico para llamar la atención sobre sus demandas. Y a la pregunta que nos hacemos, por qué contra el arte y por qué ahora han respondido: 

“Sí, el arte es precioso. Compartimos ese amor profundamente. Lo que queremos hacer es salvar un futuro en el que la creatividad humana siga siendo posible. Estamos terriblemente cerca de perderla, así que tenemos que romper las reglas. Y eso significa pulsar los botones culturales para provocar, desafiar y conmocionar. No hay otra manera. Esta acción hace que la gente se enfrente a lo que es una respuesta justificada a las amenazas a las que nos enfrentamos ahora, lo que es sagrado y lo que debemos hacer para protegerlo. Permite una conversación: ustedes están indignados por esto, ¿dónde está su indignación por los 33 millones de personas en Pakistán que han perdido su sustento, los 1000 millones de cangrejos que han desaparecido de nuestros océanos, el servicio de bomberos llevado al límite por el calor de 40 grados? ¿Qué debemos proteger, las condiciones que permiten a la humanidad hacer arte, ser creativa, o las obras maestras que no tendrán a nadie que las contemple?

Quizá la polémica deba centrarse más en esas preguntas que en señalar al grupo por sus acciones. Quizá los que amamos el arte no podemos concebir tal atrevimiento. 

Pero quizá podamos ponernos en los zapatos de los protagonistas que experimentan ese caos en sus vidas.

Quizá podamos también que los movimientos artísticos se caracterizan por ser disruptivos y poner distancia o denunciar las formas tradicionales o los discursos artísticos en diferentes épocas y de ahí las famosas “rupturas” y los “ismos”.

Quizá habrá que tener en cuenta que la moneda siempre tiene dos caras y que no hay verdad absoluta. Por fortuna “Los Girasoles” estaban protegido por un vidrio y el daño sobre el marco podrá ser reparado sin mayor contratiempo para el Museo.

Queda pensar si esto en realidad ha movido a la gente o simplemente se suma a una cadena de ataques al arte, entre los muchos que se sufren a diario en diferentes partes del mundo.