La otra herencia

En alguno de sus libros en los que abordó el ritualismo político de la década de los sesenta,  Luis Spota refiere al trabajo, disciplina y discreción con la que un secretario de Gobernación federal se condujo a lo largo de su encomienda. Estas cualidades, valoradas de forma amplia por el presidente de la República en turno, fueron las que finalmente inclinaron la balanza a su favor y le permitieron ser el sucesor. 

“Un oficio con sus reglas… un oficio que nadie puede enseñarte; que tiene que aprender tú solo, y únicamente cuando estás arriba… sus libertades son muchas, también lo son sus limitaciones… si eres verdaderamente fuerte puedes ir más allá de esas limitaciones…”, decía Aurelio Gómez-Anda, el presidente saliente; éste desde luego personifica a Gustavo Díaz-Ordaz Bolaños, en tanto que el sucesor y ex secretario no es otro que Luis Echeverría Álvarez. Ritualismo político de la vieja guardia, que sólo los pocos sobrevivientes conocen. 

Han transcurrido cinco meses del gobierno de Ricardo Gallardo, ni prematuro siquiera, antes bien, absurdo, resultaría en este momento pensar en un sucesor, pero ateniéndonos a las características retratadas por Spota, es perceptible que José Guadalupe Torres, su secretario de gobierno, encaja perfectamente en esa descripción. Es efectivamente quien llega antes que el jefe y se retira después, pero además es quien le proporciona toda la seguridad ante sus dichos y hechos; no es de extrañar, entonces, que sea quien lo acompaña en todos los eventos y aunque aparece en las fotos, no atrae los reflectores. 

Tan prudente y tan discreto, que ni siquiera se ha atrevido a sugerir a su jefe, que ya ponga un alto a las puntadas que un día sí, y al otro también, propone para ganar aceptación y evidenciar que nada se hizo en el pasado.   

Destaca entre sus capacidades la de acuerdos con la oposición, tan es así que ésta pareciera extinta. Sus malos pasos como legislador han quedado en el pasado y quizá a punto del olvido; para qué si no, se llega a esos niveles. Pero, también cada vez son más evidentes sus incapacidades en la revisión de textos que comprometen, por el nivel de sus errores de ortografía, redacción y contenido; dislates mayores que rayan en lo ridículo. 

Y no porque él lo tenga que revisar directamente, pero permiten percibir la incapacidad de sus asesores en un entorno en que sus principales característica son la improvisación de las ocurrencias y el profundo desprecio por el formalismo legal e institucional. Al final del día, él es el responsable.

Pero, para su fortuna, nadie se fija en eso; nadie que esté por encima de él. Acaso un gobernador que aunque titulado en Derecho, desprecia profundamente la expresión verbal y escrita, en tanto éstas no le reditúen un cierto capital político, que desde luego no hallará frente a quienes tenga que expresarse con propiedad, haciendo alarde de una retórica culta. No es lo de él, no es lo de ellos.

Al igual que a su jefe, la seguridad parece ser que tampoco es materia de su interés, con todo y que él sea el responsable de la del estado. Inauguran en Ciudad Valles un C4, y se prefiere hablar de la necesidad de construir una entrada más digna al municipio; la seguridad pasa al último nivel, si ésta puede ser suplida por obras de embellecimiento que permitan que el visitante e incluso el de casa, perciban su fuerte tendencia hacia el brutalismo arquitectónico; elementos masivos que hagan percibir la inspiración artística del gobernador. Y cómo no, si lo bello atenúa lo violento, aunque esto se siga padeciendo, o supondrá que sus estructuras son una frontera contra la barbarie del crimen y la delincuencia.  

Algo bien, sin embargo, estará haciendo Gallardo (y ojalá alguien nos pudiera explicar qué es) ya que una recientes encuestas lo posicionan con una aprobación cercana al 43%, baja por demás, pero alta si se considera que debería ser menor. En el mismo sentido, es evidente que por el hecho de ser un gobernador aliado del presidente de la República, goza de las gracias que eso le confiere. Si no es idea tan descabellada el andar firmando desplegados de apoyo en conjunto con los otros gobernadores cuaternarios.

La mañana de ayer fue evidente el espaldarazo que López  Obrador dio a Gallardo, luego de ser cuestionado por un periodista sobre el adeudo de $12´300,000.00 pesos que éste tiene con el Sistema de Administración Tributaria. “El que nada debe, nada teme. Ya no hay condonaciones. Todos los mexicanos estamos obligados a contribuir y pagar impuestos”, acotó el presidente y no fue más allá.  

No hubo juicio ni condena al gobernador amigo, antes bien aprovechó para declarar la inviabilidad del proyecto mediante el cual el gobernador fosforecente de Nuevo León buscaba llevar agua a su estado, tomándola del caudal del río Moctezuma, en territorio potosino. Más claro ni el agua; justicia y gracia para los amigos.

Alguna amistad curiosa, también, debe haber establecido con funcionarios de la anterior administración, porque aunque cada día se comprueban mayores malversaciones de recursos y éstas se anuncian de forma estrepitosa, no se actúa y parece que jamás se actuará contra quienes las propiciaron. Ya no sólo son Salud, Obras Públicas, Comunicaciones y Transportes, Desarrollo Social y Educación; están también, como nuevo ejemplo, los 500 millones de pesos desaparecidos del área de Pensiones. Los acuerdos de impunidad también son herencia, en lo estatal y en lo municipal.

Gracias por la lectura; consuman mucha capirotada.