La perspectiva del Padre

El domingo fue un día muy especial para muchos que tenemos la dicha por partida doble, la oportunidad de ser padre y la posibilidad de poder abrazar a quien nos dio la vida en contubernio con nuestra progenitora. 

Ser padre, tiene un enorme significado desde varias aristas, la primera es la que construimos en la niñez desde la mirada del hijo, cuando creces y te das cuenta de lo pequeño que eres en proporción a tu padre, al que comienzas a admirarle y casi de forma imperceptible adquieres sus gustos, aunque también heredas sus filias y fobias. 

Conforme el tiempo avanza la infalibilidad del padre comienza a mermar, la niñez pasajera se vuelve alocada juventud, el mundo a esa edad parece tan corto que las ideas del viejo suenan antiguas, los consejos no se escuchan, mucho menos los regaños , es el tiempo de tropezar y caer por si mismo, el padre lo sabe, pero dejará que ocurra, pues sabe que las cicatrices en la vida, son dolorosas pero necesarias. 

La juventud transcurre y se avizora la vida adulta, mas no la madurez, -pues sostengo que esa llega, solo en el instante previo a la muerte-; en ese segmento de la vida llamada adultez llegan los hijos, -los propios- y la paternidad comienza a cobrar aun mayor sentido, las palabras del viejo se vuelven de oro, cual hoja de ruta, el padre encanecido se vuelve abuelo y la vida ahora se asemeja más al de un viaje sin regreso. 

En ese punto de la existencia, pareciera se cierra un circulo, el padre ahora es el mejor de los amigos, se vuelve afable y cariñoso con los nietos, sabedor consciente de que el ocaso se acerca. Así, la perspectiva del padre desde ambas aristas se torna reflexiva, por un lado la del varón preso de un sistema construido con antelación, que vive inmerso en el mundo del trabajo, de las responsabilidades, del hacer; por el otro, el mundo del sentimiento en el que tantas veces se vive y se llora en soledad, donde en esa rígida construcción social, el padre debe mostrar siempre entereza frente a la adversidad, aunque nunca deje de ser humano. 

De modo que, la decisión de ser padre es también la mas grande y emocionante aventura de la vida, trasciende cualquier parámetro y lógica establecida, pues implica sorprenderse cada día frente al milagro de la existencia misma encarnada en tus hij@s, pero también sentir y reconocer el mayor temor de un padre: la vida presente y futura de sus vástagos. 

Por eso, estimado y fiel lector de la columna, si Usted es padre abrace fuerte a sus hijos, pero déjelos ser y pensar con libertad; si tiene la bendición de tener a su padre escúchelo, pero en su honor ayude todos los días a construir un mundo mejor, mucho mejor que ese mundo que le fue heredado por su viejo, ese será el mejor homenaje a su vida, como el que Usted en el futuro esperaría de sus hijos; si su padre ya ha partido, recuérdele siempre y conviértase en el ser humano en que él habría querido verle; pero si es abuelo, bisabuelo o incluso tatarabuelo, sólo mire al infinito, respire y agradezca, porque ha sido testigo de cómo su hijo envejeció y ha observado a sus pequeños retoños tomar en sus manos el futuro de la humanidad, ese mismo que a Usted le parecía tan lejano. 

Bendito ciclo de la vida que fluye siempre hacia el rumbo de la eternidad, lo extraordinario sin lugar a dudas, es vivirlo. Felicidades y un fuerte abrazo a todos los padres potosinos. 

Hasta el próximo lunes. 

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