¿La plaza tiene dueño?

En el amor no basta atacar, 

hay que tomar la “Plaza”.

Publio Ovidio.

Se desordenan y se calientan las “Plazas”. Son siete meses los que faltan para saber quién será el nuevo presidente de la república. El próximo proceso electoral será reconocido como el más grande que ha tenido México. Se celebrarán elecciones federales y la concurrencia de las treinta y dos entidades federativas. Pero, también se elegirán más de 20 mil cargos de elección, entre ellos 128 senadores y 500 diputados federales, se renuevan gubernaturas y 31 congresos locales. 

Usted dirá y ¿A mí qué con el proceso electoral?, pues, es que histórica y desgraciadamente la criminalidad y la violencia se desbordará en los próximos siete meses y un buen periodo del mes de julio a los primeros días de diciembre.

El mapa de la delincuencia se mueve y juega electoralmente hablando, violencia política y electoral se subsumen con la delincuencia del día al día, junto con pegado a la busca del botín. ¿Cuál botín? Control gubernamental y territorial, “santuarios” protegidos con instituciones del estado para beneficio del crimen.  

Los grupos delincuenciales se empiezan a “indisciplinar” en algunos estados y municipios, emprenden acciones violentas para financiarse (cobro de piso, levantones y extorsiones) para inyectar dinero a precandidatos a modo y campañas políticas. A asesinar a policías municipales, estatales, y uno que otro ministerio público, a “cazar” a contras que han sido favorecidos por los gobiernos próximos a salir, y lo transcendental, sembrar terror en aquellos hombres y mujeres que participarán en la vida política, sin saber que existen otros grupos facticos criminales más allá de sus partidos políticos, con poder de decisión (selección de candidatos).

Por ejemplo: De acuerdo con el VII informe de Violencia Política en México de Etellekt, la violencia política en el proceso electoral (2020-21) se manifestó en los 32 estados del país y está creciendo; en (2017-18) afectó a 440 municipios y en (2020-21) a 570.

Por su parte la Doctora Sandra Ley y el Profesor Guillermo Trejo en su libro: “Votos, drogas y violencia”, sostienen la teoría sobre la violencia criminal, que enfatiza su influencia en la política. Es una hipótesis que, a partir de estadísticas y estudios pretende demostrar que los procesos de transición democrática y fragmentación del poder en el país son las principales causas de la intensificación de los actos de violencia de los grupos del crimen organizado y su afectación a la política local y la sociedad civil.

TAPANCO: Se “calentarán las plazas”, municipios geoestratégicos y fronterizos serán un botín apetitoso y uno que otro diputado local que les haga “olas” desde la tribuna. El gobierno estatal no sabrá que hacer más que gestionar los riesgos y eso, quien sabe. 

¿Se empoderarán las autoridades (todas), o dejarán la “Plaza” Al garete…?

A todo esto, ¿Qué es una “Plaza”? Carlos Resa Nestares la define: “La Plaza sería un ámbito territorial sobre el que algún individuo o un grupo de personas mantienen el monopolio de la actividad de producción y comercio de drogas en estrecha colaboración con las autoridades policiales en la zona, que son las que le otorgan esa licencia temporal a cambio de una cantidad fija o variable de dinero y otros activos inmateriales. La sucesión como arrendatario de una plaza sería un periodo de extremada violencia ya que diferentes empresas de drogas se enfrentarían hasta que una de ellas alcanza la preeminencia monopolista”.

@franciscosoni