No es ahora que Trump quería sacar a sus tropas de Siria. Lo dijo como candidato, y lo ha repetido varias veces como presidente. Lo de esta semana no fue ya una opinión, sino una decisión. Las dos mil tropas estadounidenses se van de Siria pues ISIS, la “única razón” para que estuviesen ahí, “ha sido derrotado”. Algunos aliados se muestran decepcionados, algunos rivales lo celebran, otros actores entran en cuenta regresiva para tomar acción. Pero ¿qué tanta diferencia realmente hace la presencia de tan solo dos mil tropas estadounidenses en el terreno sirio?
Primero, Trump y su “America First”. En la visión de este presidente, las únicas alianzas y acciones válidas son aquellas que ofrecen ganancias tangibles al país que comanda. Desde su óptica, EU no tiene nada que hacer defendiendo a “otros pueblos”, luchando conflictos ajenos o derrocando líderes autoritarios, si Washington no “gana nada” por hacerlo. Siria es, para él, uno de estos casos. Lo único que justificaba la presencia estadounidense en aquél territorio era el combate a ISIS. Pero como ya “se le derrotó”, las tropas ya se pueden retirar.
Por tanto, otro factor es precisamente el combate a ISIS. Efectivamente, a ISIS le fue arrebatado ya prácticamente todo el territorio que llegó a controlar. Sin embargo, ISIS mantiene de 15 a 30 mil combatientes en la zona, que podrían reagruparse, sin mencionar que esa organización conserva operaciones en unos 26 países más.
Como vemos entonces, la presencia estadounidense en Siria no tiene tanto un significado material como psicológico, político y simbólico. Las dos mil tropas representan los intereses de Washington y sus socios, funcionan como un factor disuasivo en contra de quienes quieren atacar a las milicias que la Casa Blanca empleó para combatir a ISIS, contienen a Rusia y a Irán, y funcionan como un elemento de relativa confianza ante los peores temores de Israel. Su ausencia es percibida por aliados como abandono, provoca un vacío que intensificará el potencial conflictivo entre varios de los actores que competirán por prevalecer y otorga al Kremlin esa superioridad geopolítica en la región que Putin ha buscado defender. No es, por tanto, de extrañarse, que muchas personas en Washington lamentan la visión aislacionista de su presidente.
Mauricio Meschoulam