Después de algunos retrasos, el pasado 1 de abril fue lanzada rumbo a la Luna la misión Artemis II. Con este lanzamiento se reiniciaron las misiones tripuladas a la Luna, interrumpidas hace más de cincuenta años después de la misión Apolo 17 en diciembre de 1972. La misión Artemis II, con cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orión no aterrizará en la superficie de la Luna y solamente la sobrevolará. Seguirá una trayectoria que la llevará a rodear la superficie Lunar por su cara oscura, la más alejada de nuestro planeta, después de lo cual dará una media vuelta para dirigirse de regreso a la Tierra. Si bien no pisarán la superficie Lunar, cuando se encuentren detrás de la Luna, los astronautas de la misión Artemis II se habrán convertido en los humanos que más se han alejado de nuestro planeta. Los alunizajes tripulados del proyecto Artemis están programados para realizarse el próximo año.
Siendo después del Sol el objeto celeste más visible desde la Tierra, la Luna ha sido motivo de interés por miles de años y el destino de numerosos viajes espaciales, que por necesidad eran imaginarios. Esto último cambió en diciembre de 1968, cuando los astronautas de la misión Apolo 8 se convirtieron en los primeros humanos en viajar hasta las proximidades de la Luna.
Por lo demás, la fascinación que ejercen los relatos de viajes a la Luna y al espacio en general ha sido independiente de su factibilidad. Al mismo tiempo que dicha factibilidad se ha hecho más grande en tanto los avances científicos han permeado a los escritores.
Con relación a esto último, resulta interesante el cuento: “La incomparable aventura de un tal Han Pfaall” del escritor norteamericano Edgar Allan Poe, publicada en 1835. En su relato, Poe describe el viaje en globo del protagonista Han Pfaall hasta la superficie de la Luna. Pfaall, un remendón de fuelles, enfrentó una crisis de empleo por caída en el mercado de trabajo para sus habilidades. En esa situación, y en lugar de suicidarse, decidió viajar a la superficie de la Luna por medio de un globo aerostático y de esta manera librarse de sus acreedores. Para este propósito, Pfaall infló su globo con un nuevo gas ultra-ligero que el mismo fabricó. Así mismo, consciente de que en la medida en que ascendiera sobre la superficie de la Tierra el aire se enrarecería, Pfaall desarrolló un concentrador de oxígeno que haría uso del poco aire que aún quedara, habida cuenta de que pensaba que siempre quedaría un poco de aire remanente, sin importar la altura.
En su relato, Poe discute las ideas de Pfaall empleando un lenguaje científico, pero sin un sustento real a la luz de lo que hoy sabemos acerca del espacio, la superficie de la Luna y los gases disponibles para volar globos aerostáticos. Por otro lado, el cuento de Poe, que está escrito con un tono satírico, no tenía pretensiones de ser científicamente correcto y solo pretendía jugar con el tema y con los lectores. Aun así, el genio literario de Poe logró un relato que, de alguna manera, marca una transición entre los relatos de viajes a la Luna con elementos “mágicos”, a relatos de viajes a la Luna con un mayor sustento científico.
En sus novelas “De la Tierra a la Luna” y su continuación “Alrededor de la Luna”, el escritor del siglo XIX Julio Verne relata el viaje de tres astronautas lanzados en una cápsula de aluminio hacia la superficie de la Luna. Si bien Verne es conocido por incorporar elementos científicos en sus novelas, esto no siempre fue el caso. Por ejemplo, la cápsula hacia la Luna se lanzó por medio de un gigantesco cañón de 300 metros de largo. Lo que no es realista, pues la cápsula tendría que emerger de la boca del cañón con una velocidad superior a los 40,000 kilómetros por hora, lo que destrozaría a los viajeros. Para evitar este problema, los astronautas hoy en día se impulsan hacia la Luna por medio de un cohete de varias etapas, de modo que la velocidad necesaria se alcance de manera gradual.
Verne, no obstante, acertó de varias maneras. Así, puso en relieve la necesidad de hacer uso de las leyes de la mecánica para calcular la trayectoria de las naves especiales. También, escogió a la península de la Florida para lanzar su cápsula a la Luna, que es desde donde fue lanzada la misión Artemis II. Igualmente, la trayectoria que seguirá la cápsula Orión alrededor de la Luna es similar a la que siguió la cápsula de Verne. Finalmente, la misión Artemis II completará su viaje a la Luna en unos diez días, después de lo cual amarizará en la costa de California, mismo lugar en donde amarizó la cápsula de Verne.
A nuestra época le tocó en suerte ser testigos de una era espacial que ha hecho posibles los viajes a la Luna que tanto interesaron a nuestros antecesores, a pesar de que estuvieron muy lejos de poder llevarlos a cabo. Estamos así en la posibilidad de disfrutar novelas sobre viajes a la Luna, ya no puramente imaginarias, sino realistas y sustentadas en conocimientos científicos y tecnológicos. Y también, posiblemente, de disfrutar de nuevas vías de ficción.
De un modo u otro, y por lo pronto, la realidad superó a la ficción.