¿Cómo podemos hacer para saber que nuestro país goza de salud política? ¿cómo se manifiestan las alteraciones en el orden político y en las instituciones del estado mexicano? ¿de qué manera afectan estas alteraciones a nuestra ciudadanía? ¿quiénes son los actores responsables de mantener la salud política de la República?.
Desde el nivel más elemental de las cosas, puede decirse que la salud política de nuestra República existe cuando las instituciones funcionan. Lisa y llanamente. Las leyes, las organizaciones gubernamentales, las políticas públicas, el orden constitucional, todas estas cosas adquieren sentido en la medida en la que cumplen una función para dar vida y equilibrio al estado mexicano. En democracia existe la expectativa de que las instituciones políticas, las acciones que realizan, las leyes que promulgan y ejecutan, las acciones que se dirigen a la sociedad, todas ellas provienen de un mandato popular otorgado a través del voto. En otro momento hemos insistido que el sufragio no es el único mecanismo que vincula a las personas con los asuntos públicos, pero se espera que en una democracia representativa las personas que han sido depositarias de la confianza del electorado, cumplan su función de forma aceptable y respetando en todo momento a las leyes y a las libertades públicas.
De forma reciente hemos presenciado un debate sobre las diferencias y los roces que existen entre las distintas instituciones del estado. Hay quienes afirman que estos roces son manifestaciones de una crisis política que se estaría viviendo en nuestro país. Tradicionalmente en México la crisis política solía verse desde dos vertientes: por una parte la crisis de legitimidad y por otra la crisis de eficacia de las instituciones gubernamentales; la primera solía relacionarse con el déficit democrático por el que algunas personas lograban ocupar puestos de elección popular y también el notorio distanciamiento entre las decisiones que toman y las expectativas de la ciudadanía. Por otra parte, la crisis de eficacia se manifiesta desde la incapacidad de las instituciones del estado para cumplir con los objetivos por los cuales existen, o para resolver los problemas que aqueja a la sociedad. Hay quienes afirman que hoy se vive una crisis distinta, la de los poderes del estado en conflicto, las de los ataques a los organismos constitucionales autónomos, la del federalismo en decadencia.
Quisiera distanciarme de una visión alarmista sobre la situación política. Soy de la idea de que lo que estamos viviendo el día de hoy en realidad constituye a una manifestación de la propia evolución de las instituciones y de los procesos políticos en nuestro país. Hoy que se habla de disputas políticas entre la Presidencia de la República, el Poder Legislativo, y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es posible presenciar el funcionamiento práctico del equilibrio de poderes del que tanto se habló y se escribió en las etapas fundacionales de nuestra República.
Esto no era posible hace algunas décadas cuando no podía hablarse de pluralidad política y de equilibrio de poderes. Puedo entender que las fuerzas políticas tengan una expectativa sobre cómo debería de darse la relación entre los poderes del estado o entre las instituciones públicas. Seguramente hay quienes consideran que la eficacia política justificaría la prevalencia de un poder sobre los otros, cuando en realidad, ha sido la pluralidad política la que ha permitido contar con la distribución de fuerzas como la tenemos el día de hoy.
Esa es una de las virtudes del diseño de nuestra constitución: la posibilidad de contar con instituciones que justifican su pertinencia en la medida en la que cumplen en forma y fondo con su función. La dinámica por la que actualmente interactúan los poderes del estado o la relación entre los organismos constitucionales autónomos y los poderes públicos deben conducirnos a una etapa de maduración política en donde todas las personas tenemos algo que aprender. En la parte del electorado entender que el voto también tiene efectos en la distribución del poder público entre instituciones; y en la parte de los actores políticos, entender y asumir con madurez que la eficacia política se basa más en la construcción de acuerdos políticos que en la imposición de decisiones mayoritarias. Un Poder Legislativo que cumpla su función basada en la pluralidad de las fuerzas políticas que se encuentran representando a la ciudadanía; un Poder Judicial cuyo máximo Tribunal representa un poder político encargado de interpretar la Constitución, situado a la misma altura de los otros dos poderes. Organismos autónomos que cumplen su función con imparcialidad y profesionalismo. Un Poder Ejecutivo acotado y responsable en su ámbito de actuación.
El extremo es la inmovilidad, pero lo que hoy podemos observar es una interacción que producirá ajustes y acomodos propios de un sistema vivo, vibrante y en constante evolución en la medida en la que los actores entiendan, con estatura política, la importancia de sus decisiones. Sobre eso va la salud política de nuestra República.
Twitter. @marcoivanvargas