Definir la verdad, con un contenido plenamente satisfactorio para todos, es una empresa casi imposible, pues siempre aparecerá ese relativismo que informa la percepción y asunción humana de conceptos y pensamientos.
Recurriendo al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, la verdad es definida como la conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente o de lo que se dice con lo que se siente o se piensa; también se define como la propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna o bien un juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
El concepto “verdad” se liga indisolublemente, entonces, con el de “realidad”, el cual es concebido como existencia real y efectiva de algo, lo que ocurre o tiene una existencia objetiva.
Hoy, la verdad es un bien o valor escaso, pues nuestra actualidad ha acuñado un término que marca y es signo de nuestros tiempos, la posverdad, la cual es determinada en su significado por el mismo diccionario, como distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.
Es tanta la cantidad de información que circula en internet, que, incluso, no podemos fiarnos de aquello que se dice, se afirma, se difunde. Antes, la certeza la daba el papel, pues los libros, respaldados por el aval de la editorial respectiva, daban, de alguna manera, cierta seguridad en cuanto al conocimiento. Hoy, al estar todo tipo de información en un universo digital y ser la red la fuente de consulta ordinaria y cotidiana, vivimos siempre en la zozobra de la certeza, de la verdad de aquello que leemos. Por eso, lo que ha sido y es una de las mejores ideas para el avance del conocimiento, Wikipedia, la enciclopedia colaborativa, cayó y se encuentra en el descrédito, puesto que, precisamente, al poder integrar aportaciones para todo mundo, la verificación de la información se convierte en una tarea titánica y que no alcanza la velocidad necesaria. Wikipedia tiene mecanismos de vigilancia y corrección, pero es no evita los efectos de una posverdad.
Vaya un ejemplo: ¿ha oído hablar de la isla de Porchesia? Tal vez, pues aparecía como una entrada en Wikipedia a alrededor de 2005, describiéndola como ubicada entre Chipre y Líbano, dando cuenta de su bandera, de su moneda, etcétera, vamos, de todo aquello que aparece cuando buscamos un país en concreto. Sin embargo, era ficticia, creada como un mero pasatiempo. Cuando fue suprimida la publicación por uno de los moderadores que llevan a cabo el control de certeza y veracidad, se desencadenó una reacción internacional, esencialmente en redes sociales, dando cuenta de lo que se conoce como el “Holocausto de Porchesia”, descrito por un tal Pirtros de Valc en la Crónicas de Porchesia, así: “…... y al final del día, hubo guerras y batallas de edición masiva y grandes trolls que caminaban y sacudían a todos hasta el momento de total desgracia la isla de Porchesia desapareció en las profundidades del mar. Nunca antes y nunca una nación entera ha barrido la tierra con un solo clic del ratón ...”. De no haberse corregido, hoy en día millones darían por verdadera la existencia de Porchesia…y aún hay quien lo hace.
Volviendo a nuestro tema, el Diccionario de la Lengua española da, como ejemplo de uso del vocablo posverdad, la siguiente frase: “Los demagogos son maestros de la posverdad”; la cual, por cierto, es una gran verdad.
Un demagogo es quien practica la demagogia; también la cabeza o caudillo de una facción popular e, incluso, un orador revolucionario que intenta ganar influencia mediante discursos que agiten a la plebe. Por su parte, la demagogia es la práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular; es una degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder (todo según el diccionario que hemos ya citado).
Hoy en día, la mejor y más acabada forma de posverdad, que se da día con día, la tenemos en las redes sociales, esencialmente Twitter y Facebook, ya sea como lo que se ha popularizado designar como “fake news”, es decir, noticias falsas, o bien con la amplia difusión de discursos, mañaneros o no, que se basan en datos, informes, conceptos, ideas o suposiciones falsas pero que se construyen como verdades y se presentan como tales, bajo la bandera del “tenemos otros datos” o navegando en el barco de la autoproclamación de autoridad moral.
Por eso, ¿el triunfo diplomático de Ebrard y sus cacahuateros acompañantes será como López lo quiere hacer creer, o solo un ejemplo de posverdad? ¿Cuál es la verdad del acuerdo con Estados Unidos, en materia de migración y aranceles?
Tijuana, demagogia pura. Verdadera posverdad.
@jchessal