Las grandes aguas

Nada es fortuito, mucho de lo ocurrido en los últimos días no parte ni de la casualidad ni de la alineación de astros, sino como resultado de estrategias voraces sin justificación ni una planeación adecuada. La voracidad de empresarios y autoridades cómplices y  permisivas, que también es una herencia maldita de la que no se habla (quizá porque alguien espera blanquearla para beneficiarse de ella), comienza a evidenciarse una vez que se eslabonan los elementos naturales con las necesidades de la ciudad de San Luis Potosí. 

El fallido concierto del rapero colombiano José Balvin, que tendría lugar el pasado martes en la Fegapo (Feria Gallardista Potosina), permitió observar desde diversas ópticas, distintos aspectos vinculados con el hecho. Primeramente es innegable que Gallardo (o quien lo asesoró en este sentido) tuvo un gran acierto al elegir al artista y lograr con ello superar con creces cualquier cantidad de asistentes congregados hasta este momento no sólo en el Teatro del Pueblo sino en todas las instalaciones de la Feria; su popularidad va en incremento. Un conteo no oficial calculaba 150 mil asistentes en el teatro y 50 mil en el resto de los espacios.  

No fueron las varias horas de espera ni la fuerte lluvia la que disminuyó la asistencia, por el contrario, pareciera que en soportarla les iba la existencia, fue la decisión del gobernador la que obligó a suspender y posponer el concierto. En sus redes sociales un mal redactado mensaje (acorde a su estilo) señalaba: “Estuvimos en la FENAPO con J Balvin, revisando cómo la tormenta no dejó que se llevara a cabo el concierto. Primero está la integridad de las familias potosinas y para evitar un accidente relacionado con corrientes eléctricas se quedará la fecha pendiente para el estado…” [sic]. 

El problema de fondo para nada son las lluvias, es perceptible (y no se necesita ser especialista en el tema) que en todo ese espacio –al igual que en toda la ciudad– no hay la infraestructura necesaria para enfrentar las bajadas de agua; no se nos debe olvidar que las instalaciones de la Feria están construidas en las faldas de la Sierra, y en torno a ella no fueron construidos canales de captación, protección y redistribución.  La cuestión no es cambiar la fecha, como aparentemente desea el gobernador (y no debe dudarse que en breve se decidirá otra fecha) sino dotarla de una infraestructura óptima que permita proteger el espacio de las aguas.  

Por otro lado, en el momento en que el enorme espacio frontal a la Feria, y que se encuentra del otro lado del anillo periférico, llegue a cubrirse de concreto, las bajadas de agua y el riesgo de inundaciones concretamente en ese espacio, serán mayores. Esto quizá podría ser controlable y remediable, pero sabemos que el Ayuntamiento está para complicar la vida a los ciudadanos que quieren modificar su casita de interés social, en tanto que la facilita a los grandes constructores en la medida que nada les exige. Y el gobierno del estado, por su parte, quizá dirija sus esfuerzos en hacer de ésta la alberca ferial más grande de todo el mundo.       

Lo que dicen que resultó sorpresa era muy previsible. El periodista Jaime Hernández López menciona que en un Atlas estatal de riesgo, los puntos vulnerables estaban perfectamente identificados y señalados. Recuerdo, incluso, que hace algunos años la cantidad de agua puso en riesgo la cortina de una pequeña represa que por allá se localiza. Lo que sí resulta sorprendente y hasta inexplicable es como habiendo prometido que se renovarían las instalaciones a totalidad (y desde luego en la variedad artística) para hacer de ésta la más grande y más mejor y más bonita y más importante y más todo, no se ofreció también como la más inundable.

Es decir, las lluvias eran previsibles, tanto que el mismo gobernador señala que no se explica por qué no se ha cambiado la fecha si siempre llueve. Por cierto, seguro el gobernador no recuerda por ser tan polluelo que hace ya algunos años la feria se cambió de fecha y las con ella las lluvias también migraron.

Derivado también de las lluvias, uno de los nuevos puentes del ahora llamado Circuito Potosí, evidenció detalles que hacen suponer una mala construcción. Debieron ser las prisas, pero no es nada nuevo, algo parecido y de mayores magnitudes ocurrió en un puente vehicular construido por una de las empresas del criminal ambiental Stevens; claro que el gobernador Carreras lo solapó porque era su titular de Seduvop.

Dicho sea de paso, este puente que presenta desperfectos fue construido por Coedessa una de las empresas defraudadoras en el asunto de la Red Metro. ¿Esta también es una herencia maldita de la que es imposible librarse, pero de la que conviene beneficiarse? 

Gracias por la lectura.